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jueves, 17 de marzo de 2016

De quemar santos nada

DE QUEMAR SANTOS NADA.

No nos negaremos que la confusión reina hoy como nunca en la calle. Y que “ a río revuelto ganancia de pescadores”.
No nos neguemos que hoy como nunca necesitamos de una moral verdaderamente humana, laica, porque si la confesión puede ser acto que nos conduzca hacia el bien general, es cierto que también el perdón de todo y la compra de ese perdón –práctica demasiado frecuente- echan al traste con esa bondad.

El Obispo de Ipona, nos deja aún hoy perplejos cuando escribe anteponiendo precisamente este título ("Confesiones"), a muchas verdades realmente edificantes, pero está claro que hoy abundan muchísimo más, para desgracia del género humano los confesos impresentables, de valores harto dudosos. Y no se trata de arremeter contra las personas, de invocar a la sangre, de ser violentos, sino de lo contrario. La práctica de la hoguera, la “cruzada”, la doble moral está frecuentemente más vinculada al fundamentalismo, y somos muchos los que ya abominamos de éste.

No queremos que los recursos públicos, de todos los ciudadanos, se destinen a mero carnaval; preferimos que se destinen a salvar a los hombres y mujeres que pueblan este planeta, en España y en cualquier otro lugar.

Destinemos tanto caudal racional que hemos logrado amontonar con los siglos, tantas experiencias, a luchar por un planeta justo, por la igualdad, por el trabajo y por el bien común.

Un artículo periodístico no tiene por qué ser necesariamente un relato de hechos, relato que por otra parte nunca es puramente inocente, admitamos que en un artículo periodístico deben también aparecer sentencias sobre el quehacer, y sea ese un quehacer que nos dignifique en todo lo posible.

Quienes así pensamos no abogamos por quemar (dicho inequívocamente y sin más metáfora que la mínima que permita entendernos, presente incluso hasta cuando pedimos un vaso de agua) nada, y si volvemos a la metáfora, sea el egoísmo, la cerrazón mental, el burdo individualismo los que sean borrados del mapa.

Obviamente que nadie está en disposición de construir con una varita mágica “un mundo maravilloso", como que este mundo tampoco lo es a pesar de Leibnitz, y por supuesto tampoco es el peor a pesar de “Cándido”, el librito de Voltaire. Pero sí que casi genéticamente estamos llamados a hacerlo más habitable para todos.

Igualmente admitamos que si nuestras condiciones de vida mejoran, no alcanzarán tal condición por arte de birlibirloque, y más bien ha de suceder, parafraseando a la propia Biblia –ese libro de tantas culturas que podrían ser perfectamente hermanas- “con el sudor de tu/nuestra frente”.

Admitamos que lo que llamamos “Semana Santa” es un conjunto de siete días destinados a recordar, a ser posible en el rincón más profundo del corazón de cualquier creyente, a Jesús de Nazareth, y que nadie está autorizado a atacarla; admitamos que muchas veces la degradan los mismos que se llaman creyentes.

Admitamos que el pueblo tiene derecho a hacer pública su fe y revestirla de gestos externos que lo ensalcen. Pero admitamos igualmente que con frecuencia esas exteriorizaciones están huecas. Y obviamente admitamos la libertad del pueblo, y no le pongamos unas veces alas, y otras, "ley mordaza", a conveniencia de unos pocos.

En tal sentido es bien loable que un conjunto de ciudadanos, de los buenos, en entendiendo ahora (y porqué no siempre) por tales, aquellos que defienden la redención de todos y no sólo de los privilegiados, se unan en torno a una idea sencilla: la de reclamar, pacíficamente, educadamente, pero con el tesón de los convencidos en que proceden correcta e incluso sabiamente, la laicidad de las instituciones que conforman el Estado español.

Esta petición de ideas por otra parte está sostenida los 365 días del año –o 366 para el caso del que transitamos-.

Igualmente esta bendita pretensión no desentona con todas aquellas sostenidas con tanta insistencia por doquier, respecto a la manutención de los servicios que hacen posible una vida justa, sea en primer término la manutención pública de la salud, la educación a la altura de lo que la humanidad del XXI se merece y la igualdad social y económica. Por supuesto, según criterios distributivos si se quiere, pero cuidado que estos criterios no autorizan en absoluto a que un 1 por ciento de la humanidad tenga todos los recursos principales y el resto, más o menos escalonadamente deba prescindir de ellos, hasta llegar a una base de la pirámide en que tantos muerden polvo.

No consienta nadie tal cosa, aunque sólo sea en aras del buen gusto, y menos los
religiosos, de la confesionalidad que se quiera, que en sus mentes esto suceda en esta semana que ya no es de siete días y me temo que tampoco muy santa.

La humanidad, más que nunca debe, modestamente me parece a mí, rehacer la santidad de esta semana, que también nos toca transitar juntos.

¡Todos, pero todos, nos merecemos una buena semana santa!

Pedro Egio

domingo, 7 de febrero de 2016

Me digo: “¡escribe en el periódico, Pedro!”:





   Me digo: “¡escribe en el periódico, Pedro!”: sí, “¡haz algo de provecho!”, mientras se suceden campañas y más campañas electorales desde hace casi un año. No, ese no es el mejor de los momentos para escribir, porque otros pueden hacerlo mejor que uno y de manera más provechosa al conjunto. Pero ahora como que algo me impulsa a clamar: ¡basta de impotencia y de ccinismo!, es preciso, me parece a mí preciso al menos, indicar con Marina Garcés que “Nuestros enemigos son el cinismo y la impotencia”.

Los curas nos enseñaban de pequeños, cuando algunos intentábamos creer en sus palabras mientras otros zanganeaban y luego treparon a los puestos de lresponsabilidad en nuestra sufrida sociedad a lo peor alardeando de creyentes no siendo más que fariseos- que mundo, demonio y carne eran los enemigos; ¿enemigos de qué?, ¿de esta nada que somos mientras otros destruyen esa sociedad y su planeta; más nihilismo quizá que el nihilismo en que hoy andamos; este es el problema: el Nihilismo criticado por NIETZSCHE, no promovido o querido por él: qué mal se le sigue entendiendo, o cuanto se le desatiende; a veces es mejor, porque al antenderle se le atiende mal y esto es más grave.

   Pues yo me atrevo a escribir acá que ahora nuestros enemigos son la impotencia y el cinismo; no digo directamente que nuestros amigos tengan necesariamente que ser trocados por determinada formación política y por la filosofía misma; hay muchas actitudes políticas que pasan por fuera de Podemos e incluso van más allá de ella,  que a mí particularmente me parecen interesantes, más allá de que algunos se meen aquí o allí o quieran arrebatarnos nuestra segunda vivienda, cosa que está por ver si está en su programa, o que incluso feacientemente no está en él, sólo que aquellos que iban a Misa y se dan la paz con las manos manchadas (como rezaba y reza una célebre canción de Agua Viva, un interesante grupo Folk de los 70),) están gustosos de calumniar y difamar, con tal de continuar con sus prevendas, a fuer de dejarnos a los demás sin tuétano.

  Sí, Marina,. Estoy de acuerdo contigo, compañera filósofa, aunque yo sea esta ruindad de filósofo que soy, en que impotencia y cinismo son enemigos del hombre que quiera emanciparse de tanta mierda; y cuando esto pienso pienso en un sinfín de cosas: como por ejemplo, cuán interesante seguirá siendo por tiempo incalculable MARX a pesar de que esté así de estigmatizado, por aquellos fariseos e incluso estos jovenzuelos de ahora, que “piensan” que se las saben todas; qué de gran valor hay en HEIDEGGER, SARTRE, FREUD, WITTGENSTEIN, O KANT y qué pocas ganas tiene tanto cínico de que nuestros hijos los lean aunque sea en un breve comentario de texto: ¿porqué será?
   
   ¡Ah, jajá!, porque ellos, instalados en el poder como están no andan dispuestos a que los descabalguemos y prefieren dar fuelle a los bancos, a la economía de mercado, esa lavadora que no deja tejido sano; porque para ellos pensar es incluso malo: es un defecto del hombre, como escribía BRETCHE en aquel elocuente y querido poema: “Catón de guerra”. Así pues, cuanta menos filosofía en nuestros centros de enseñanza mejor; y mientras siguen vomitando su bilis y sacando pecho, diciendo que son los salvadores de la patria y que todo lo hacen para el pueblo: ¡ mienten dhaciendo política de espaldas al pueblo como déspotas ilustrados y aun contra el pueblo, como verdaderos belcebúes, o sea: el mismo primer enemigo del alma según predicaban aquellos nuestros casi entrañables –algunos- curas que nos sermoneaban en los ejercicios espirituales de pequeños, mientras el propio demonio ya se arrellanaba en su sillón pensando cómo podía dar más por ... saco a la humanidad casi por completo, a la carne y al mundo entero, enemigo que descuida e incluso escupe a los otros enemigos.

   Ser “potentes”, pero en el sentido de cambiar precisamente el sentido de las cosas, instaurar y pensar un orden mejor: esa es una tarea que compete a todos pero en la que la filosofía puede y debe usar su candil aunque sea para sumirnos en el laberinto por momentos: preferible es el laberinto a la celda: a esta celda gigante en que tantos están sin trabajo, los jóvenes se han de marchar de España, aquél anda preocupado con que no se vayan –no sé a dónde- los catalanes, o caen los servicios esenciales para esa mayoría que es sostén de la sociedad.

   Y mientras algunos ciudadanos traicionando a Murcia, y fariséicamente, entregando nuestros centros de enseñanza a la iglesia más farisea que hoy nos toca soportar; menos mal que parece haber otra iglesia y un papa que poco tiene que ver con el zafio, y negado a toda reflexión de su precedente.

   Sí, Marina, si lectores: superemos la impotencia en la medida de lo posible y “sapérete aude”, que decía el otro.

   Y por favor: quien entienda y pueda consulte http://www.lamarea.com/2016/01/04/80285/ (Artículo al que hago acá cumplimiento).
  
(Artículo que se publicó en el Espacio del Foro ciudadano de la Opinión de Murcia ayer día 6).

Pedro Egio




jueves, 7 de enero de 2016

Actualizada mi página web



Hoy, 7 de Enero, se cumplen 29 desde que nació mi hija;siendo yo en aquel entonces profesor de Filosofía en el Instituto María Cegarra Salcedo de La Unión. Es para mí una satisfacción que en este entrañable aniversario poder decir que mi modesta página web ha sido actualizada, reflajando algo más y mejor de mí. Quiero dedicarle la misma a María José Egio Rubio, y la misma vida entera que excede de la suya. Quizá exagero un poco, pero es que además, sin algo de exageración nunca puede haber arte ni siquiera puede amarse mucho el saber.
   
   Sea bienvenida pues esa exageración “de la buena”, aquella que crea, que impone un orden sutil por encima de lo desmembrado e insoportable de “lo real” en el sentido en que Jacques Lacan emplea este término, ciertamente eurístioc y novedoso en su momento: lo real como desmembración, como la opacidad no codificada, que se entrelaza como en aquellos tresillos (anillos encadenados entre sí) con lo imaginario y lo símbólico: todo ello es reflexión de esta verdadera lumbrera del psicoanálisis y el Estructuralismo de fines del S.XX.

   Aún hoy día nos queda el arte, la palabra, el gestor creador y reivindicador, de otros órdenes, más cómodos, más ponderados, aunque los mercachifles, esos que Jesús expulsó del templo 3 días antes de ser prendido en el monte de los olivos por el poder
Imperial (Juan 2, 13-25).

   Hacer arte no ha de ser sinónimo de quietud, contemplación, pasividad estética, sino el moverse incluso en varios órdens para decir, aquí estamos, y en muchas ocasiones precisamente instalados frente a la mezquindad, al interés excesivamente privado.

   En todo caso ofrezco en esta página una entrada a mis disquisiciones más o menos airosas en este blog, a propósito de temas de interés general y de la Polis, y otras demandas sectoriales, relacionadas por ejemplo con la accesibilidad para los discapacitados a bienes generales; en el etiquetado se observará las diversas tendencias de mi discurrir más o menos lucido y lúcido desde mi posición privilegiada y a la vez dramática de que hizo su profesión principal la de enseñar a amar el saber. Igualmente mi faceta de intérprete y creador, a la altura en que puedo estarlo, que no es tanta como para estrellarme si me caigo, si bien debo procurar no caerme y seguir estando. 
 
   Si quieres comprobar todo esto y de vez en cuando darte una vuelta por ahí visita http://www.pedroegio.com”>Página oficial de Pedro Egio

   En fin, espero no estar ni chocheando ni haciendo perder el tiempo y todo lo hago por si sirve de algo, y por supuesto ese algo en mi caso no es la faltriquera, sino al terreno de la
Mostración de que en efecto hacer algo para que las cosas mejoren un poco siempre es posible.

    Pedro Egio.   

domingo, 13 de diciembre de 2015

Texto aportado al Día de los derechos humanos, 10 dic 2015

El siguiente texto me fue pedido por el Foro Social de Murcia:
http://www.nodo50.org/forosocialregionmurciana/


                        Hoy es el día de los Derechos humanos.
   Cierto es que el día de los derechos humanos para las personas con discapacidad se celebra por su parte el 3 de Diciembre, pero dado que los discapacitados somos personas pues viene bien asomar por acá también la cabeza para incidir en nuestros derechos, como personas y personas con esta afección en mayor o menor grado: la discapacidad, de tan diversa índole: física o psíquica y hasta de ambas en algunos casos.
  
   “En todo el mundo, casi una de cada 10 personas vive con una discapacidad y, según estudios recientes, las personas con discapacidad constituyen hasta un
20% de la población pobre de los países en desarrollo. Muchas personas con discapacidad siguen encontrando obstáculos para participar en sus comunidades,
y a menudo se ven forzadas a vivir al margen de la sociedad. Con frecuencia están estigmatizadas y discriminadas, y suelen verse privadas de derechos básicos
como el derecho a la alimentación, la educación, el empleo y el acceso a servicios sanitarios y de salud reproductiva. Muchas personas con discapacidad
también son internadas en instituciones contra su voluntad, lo que constituye una vulneración directa del derecho a circular libremente y el derecho a”.
vivir en la comunidad propia.”

     Así reza el texto justificativo de la Convención para los derechos de los discapacitado de las naciones unidas.   

hete aquí que constatamos que el ser humano, este que escribe sobre sus derechos, es de lávil memoria: con facilidad olvida dónde ha dejado tal cosa o tal otra, e incluso también sus derechos y deberes in indisolublemente unidos. Hay pues que escribirlos, celebrarlos, para intentar evitar ese lapsus que es el olvido o esa falta de potasio, que muchas veces suele acaecer por descuidos, o, a lo peor, por intereses inconfesables.

   Sí: el día 3 de Diciembre fue el día de los derechos de las personas con discapacidad y hoy el 10 de diciembre, es el día de los derechos de todas las personas: escrribámoslo así pues, personas escribientes, lectoras, para que nosotros mismo los recordemos y tendamos a ponerlos en práctica: y queden los intereses inconfesables para aquellos que lejos de mirar al bien común miran a su propia faltriquera: cosa que por desgracia comprobamos que sucede con harta frecuencia.

   Pero escribámosles a esas personas, digámosle, que no olviden, que respeten: al planeta y a cada un de sus habitantes: aunque estas personas por lo general también son terriblemente discapacitadas: son sordos a las palabras y ciegos para leer y recordar ciertas cosas. Y a pesar de que escribir a veces también pueda tender  a hacernos olvidar como indicaba Platón en su mito de Thamus y Theut sobre la escritura.

   Muchas gracias.

  Pedro Egio.

martes, 27 de octubre de 2015

Stote perfecti sicut voster pater celestialis perfectus est




   A veces me digo, cómo proceder en muchos asuntos vitales: soy lcdo en filosofía pura, con calificación máxima y fui catedrático de filosofía en enseñanza media: sé de ética, moral, de Platón y de todos aquellos que consagraron su vida a querer saber con autenticidad y rigor; y sin embargo, en el marasmo de códigos morales es cierto que recuerdo esta frase evangélica, este mandato casi maravilloso, aun siendo como soy desde hace tiempo nada creyente sin más, vaya, desde que inicié el estudio de la filosofía con rigor de facultad universitaria en la de Murcia, a la sazón de un nivel más que aceptable por aquellas fechas y aun ahora aunque ande yo más despistado de su funcionamiento actual, si bien no del todo.
   Este mandato b´blico (Mt. 5, 48) golpea en su formulación latina, donde perfecto ha de entenderse tal cual e incluso en su sentido de “acabado” (perficio), si bien choca a nuestra manera de ver las cosas actual esto de ser acabado, inmóvil moral y vitalmente, en este mundo de la prisa, el cambio, el juego, la máscara, etc. Etc.
   Y sin embargo, a mí, quasi ateo confeso, y digo bien el quasi, me golpea la sentencia: y a veces, cuando no sé bien como ser, pues me brota en el centro de mi alma, cabeza, también corazón: todas palabras analogías como la mayoría de las palabras; es como cuando Platón o Aristóteles y todos los demás pensadores hasta la fecha hablan del tema y nos proponen tender hacia el bien, la felicidad y todo esto similar, sin poder decir luego a renglón seguido mucho acerca de qué sea eso: recuérdese por ejemplo La república en sus libros VI y VII, las preguntas de Glauco y las respuestas de Sócrates, incluído el simil de la línea y el mito de la caverna.
   En fin: con todo puede que funcione alguna intuición ahí que parece decirnos: si tenemos padre este es perfecto y ese debe ser nuestro camino; esta es una sentencia cristiana aunque cierto es que reviste diversos tintes como diversos son los tintes de las diversas sectas por así decir del cristianismo, resumibles en catolicismo y protestantismo.
   Esto entronca también sobre cómo vemos los amantes del saber la figura del Maestro Jesús; bueno, mi visión del maestro coindic con la visión del mismo de Kant, Marx, Nietzshche o, Satre o Freud: mis filósofos de cabecera.
   Y en fin: sto fecti, seamos perfectos, como cabe decir a alguien que está no en lugar del maestro, si de los hermanos, por si da resultado y mejoramos incluso nuestras condiciones de vida en común.

Pedro Egio

sábado, 18 de abril de 2015

La crisis, TOLSTÓI, MARX Y otros amigos.




   Recientemente he tenido oportunidad de volver a releer “Guerra y paz”, después de más de treinta años, y en esta ocasión ha vuelto a llamarme poderosamente la atención su largo Epílogo, por encontrarse en él explícitamente toda una teoría de la Historia, del sentido, si lo hay, de los acontecimientos humanos. El gran escritor ruso, ortodoxo confeso y practicante hasta su muerte, intenta acá conciliar libertad de la acción humana, necesidad de los hechos históricos y un tercer elemento: un Dios que de alguna manera debe participar en la historia. Y es que difícilmente un creyente podrá concebirlo como espectador imparcial.

   La solución de TOLSTÓI no está exenta, obviamente, de inteligencia: la moderna metodología histórica –dice- debe estudiar lo que ocurra (sea la guerra entre Napoleón y Alejandro y la paz posterior, etc., etc.) desde el prisma kantiano de la dualidad entre la teoría o la ciencia y la libertad en la práctica del quehacer humano, individual o colectivo, pero reservando a Dios la libertad absoluta, del máximo general ordenador, que en nada se contamina con la materia, pero que, misteriosamente para nuestra razón, atrae hacia sí todo lo que existe.
  
   Y ahora permitidme que intente reflexionar desde la situación que actualmente vivimos, de dramática crisis, primero económica, pero a la par social y de valores del sistema capitalista. Entresaca un servidor al menos una enseñanza que me parece mucho más interesante desde el punto de vista humano: la de KARL MARX. Y atención que no busco levantar tópicos, marear la perdiz sin más. Creo que hay tantas virtualidades en este pensador, tan demonizado cuando se critican ensayos políticos inspirados en él, que traigo ahora una de ellas que me parece totalmente pertinente: sus constantes afirmaciones en el sentido de que el hombre, y sólo él, es autor de su historia. En efecto: no hay automatismos, sobre todo para el primer MARX: la historia no se desenvuelve con total determinación como defendía su maestro HEGEL: es el quehacer más o menos libre del hombre el que la hace caminar en un sentido u otro, con  uno u otro tempo, perpetuando la esclavitud o posibilitando la liberación: en su mano está arribar a este o aquel lugar. El hombre, si se falsea, si se aliena, puede despistarse largo trecho hasta conseguir la justicia social, la anhelada mayor o menor igualdad.       
  
   Obvio que hay otras visiones de la historia, que pueden ir desde la exaltación del progreso humano tantas veces manida por el Capitalismo, hasta visiones en sentido contrario hoy también frecuentes, por ejemplo desde el lado del pensamiento ecologista, que avisa del retroceso en las condiciones ambientales y el peligro letal que comporta esto. O esa otra visión muy interesante del lado de NIETZSCHE o M. FOUCAULT, señalando la circularidad de la historia, fijándonos en los componentes siempre en juego: inconsciente y brutal poder, idénticas fuerzas “ciegas” siempre operando en todo discurrir teórico o práctico. Igualmente a considerar la afirmación wittgensteiniana de que de estas cosas de la Metahistoria no puede hablarse con exactitud, simplificando, porque no forman parte de los hechos mismos reales o posibles, del mundo: es una tarea ociosa;  y si además tediosa, pues sea obviada sin problema.

   Pero hete aquí que llama poderosamente la atención cómo el ser humano es capaz, o peor, incapaz, de afrontar sus propias crisis, incluso hoy día que tan listos nos creemos, fabricando gabletss, aviones, móviles, o sosteniendo una “nube” que virtualmente nos hace funcionar aunque realmente no valga todo ello para vivir mucho mejor o más justamente, como lícito es desear. Hete aquí que en pleno siglo XXI parece que MARX es un analista de las cosas mucho más usable –expresión hoy de moda-, señalándonos que si nadie hace algo toda la imaginería de Don Francisco Salzillo, Benlliure  o el Berruguete que camine por nuestras calles, los coros de ángeles ni el mismo Dios van a hacer mucho por nosotros; apuntando que sólo el hombre, por desgracia quizá, es protagonista de lo que acá se cuece: de lo bueno en tanto bueno, de la explotación y la crueldad humanas en tanto que crueldad y explotación.

   El cómo hacer, la cuestión del fin y de los medios, no es ahora fundamental aunque huelga decir que la inmensa mayoría de personas de mi edad no creo vaya ahora a defender una revolución sangrienta, pero ello no invalida todo lo anterior y el principio evidente de que si algo no funciona para la inmensa mayoría debe ser revisado, o incluso cambiado en profundidad, y que tal no es tarea sino de nosotros mismos, y ante todo de los afectados: una inmensa mayoría, sostén por cierto, para mayor contradicción, de esta misma sociedad enferma.

   Qué sería de esta sociedad si todas las fuerzas alienadas hoy, extrañadas en pasear imágenes, encontrarlas, sudarlas, remirarlas, llorarlas, hablarlas -o incluso toda la estampida festiva primaveral-  se dedicaran con idéntico ahínco en levantar la protesta, hacerse conscientes de lo que hay, manifestarse y al menos votar organizadamente, teniendo en cuenta que no hay mundo celestial que nos salve ni tampoco lo harán los que promulgan que todo está bien y que basta con unos cuantos retoques o  recortes más.
Puede que la historia adquiriera tintes más humanos, y más aún si esas fuerzas aprenden decididamente a bogar en  una misma dirección: la de la reconquista de la igualdad social.

Pedro Egio.

martes, 30 de septiembre de 2014

Hablaré por mí,


No soy el único al que encanta aquel tango tan célebre que por 1983 revivía el inigualable Serrat, Cambalache, de Santos Disépolo, letra y música,
en el 34. Pero es su letra la que aquí me insta a escribir, aun con pocas esperanzas de conmover a nadie, que tantos estamos tan al tuntún, apenas atentos,
distraídos, atontados; y decirle al bueno de Enrique Santos aunque ya no nos oye: si el XX lo definiste certeramente como ´cambalache´, el XXI es un prostíbulo,
una plantación sureña de esclavos, un erial fruto de esquilmación constante, corral sin valores, escenario donde se premian la mentira, el mangoneo, el
pisoteo con saña del semejante exhibiendo la sonrisa más distendida, seducidos, narcotizados mientras no nos tocan directamente nuestros lereles, que entonces
sí ponemos el grito en el cielo. Así de incautos somos.

Acarreemos sumandos aunque los párpados se resistan: casi todos los políticos se llenan o han llenado los bolsillos a expuertas con el dinero de todos;
los banqueros aprietan hasta la extenuación impiamente; se rebaja constante y obstensiblemente la calidad de los servicios más esenciales; nos prosternamos
ante Europa y todas sus demandas de satisfacer una sospechosa deuda que sólo Europa y los chorizos al uso han urdido; se miente con absoluto descaro ante
elecciones o en cada comparecencia; se amedranta a la ciudadanía so pretexto de mantener un orden aún no en entredicho, cuando debería estarlo ya hace
años porque sólo es un orden para unos cuantos guapos, que machacan y machacan sin cortarse un pelo; se legisla a la católica más derechona vendiéndonos
que se hace por interés de todos; se impone el rodillo en las leyes sobre la producción de energía, sobre qué enseñar, sobre las condiciones laborales
haciéndolas absolutamente leoninas; se pretende manosear aún más en las leyes de la representación electoral; se decreta pertinazmente contra el futuro
de nuestros hijos... Dejo mil tropelías más.

Pero, ¿algo que decir a lo que sigue? Práctica ruhín de tanto empresario impresentable, forjado en connivencia con este Gobierno: se despide a trabajdores
discapacitados mentales para entregarlos a una nueva empresa con pinta de ONG, pero con la real intención de beneficiarse de las prerrogativas que la Administración
otorga a empleadores de estas personas, engañándoles y haciendo que pierdan todos sus derechos de antigüedad adquiridos. Tal parece haber sucedido en algún
centro comercial de la región. Absolutamente inaceptable como tantas barbaridades que se están cometiendo con la aquiescencia de un Gobierno que se limita
a decir «vamos saliendo de la crisis», mientras quién no barrunta que se trata de una trola más al uso, porque la inmensa mayoría de familias sabe cómo
se las gasta ya tanto patrón asistido por la maravillosa legislación de esta panda de salvadores del orden.

¿Es esto sólo cambalache? No: hemos dado un paso más. Porque esto era cambalache mientras las condiciones del capitalismo eran posibles, pero hete que ya
el capitalismo es un problema; este ruidoso mercado de trapicheros está tocando techo, topándose con sus propios límites, agujero negro que todo lo engulle,
incluso su mano de obra, que no ha de levantarse en la dirección en que tanto incalificable quiere vendernos, camine a Santiago solo o con mala leche,
de arriba a abajo, de abajo a arriba, con corbata, sin corbata, serio, sonriente; el tal y todos los suyos han caído en descrédito. Barruntemos ya que
el individualismo descarnado no reportará bienestar a todos y sí conducirnos a la constatación hobbesiana del hombre devorador del hombre.

Si espiritualmente somos casi solitarios, como moradores de este planeta requerimos de la actuación colectiva, y la satisfacción de necesidades básicas
y no tan básicas; de condiciones de vida similares, sin hacer de los demás nuestros medios sino fines.

Esto no convence a muchos que con todo se dicen religiosos: una contradicción más de quienes se arriman a los evangelios sólo para su tranquilidad particular
y desechan su mensaje más humano. La solución, que aún es posible, está en tomar de nuevo todos las riendas de nuestro destino, descreyendo a los sinvergüenzas
y egoístas que constantemente nos pisotean, no por la violencia abierta, pero sí con decisión, militando en opciones políticas que defiendan valores morales;
superar la mentalidad yanki de que la vida está ahí para atraparla, del basta con decidirnos y dar todos los codazos precisos para conseguir todo lo que
queramos; desechar el carpe diem, porque no se trata de disfrutar todo instante sino, en este ahora, caminar codo a codo para restituír el orden verdaderamente
humano, sin pisotones, sin exclusiones; construyendo decididos un mundo para todos, avergonzando plenamente al explotador, al egoísta, al chorizo, superando
visiones mágicas, feudales, dictatoriales; votando a quienes, espabilados ya, estén cansados de la pantomima, del cambalache, del prostíbulo, de achantar
al prójimo impecablemente trajeados.

¡No seamos iguales que los inmorales! ¡Triunfe el deseo de que ya no resulte lo mismo «ser derecho que traidor, ignorante sabio o chorro, generoso o estafador!»

¡Que no nos dé todo igual! ¡que no sea lo mismo asno y profesor! ¡alzarnos del lodo, aunque sea por nuestros hijos! Y que no nos engañen vendiéndonos que
´izquierda´ y ´derecha´ son etiquetas caducas: habrá que mejorar cosas, pero todos sabemos, si no es para justificar nuestra desgana, qué significan a
la hora de posicionarse ante la vida, y cuál es más humana y hasta más ajustada al evangelio.






sábado, 12 de octubre de 2013

MAYÚSCULA MEZQUINDAD

La de las relaciones capitalistas, sobre todo al no verse apremiadas por el pasado fuerte Socialismo del Este, ni por reivindicaciones de una bien organizada clase obrera. Ahora, aun en crisis, y más aún por ello, el capitalismo campa por sus respectos, al trote, deshaciendo mucho más que haciendo, dándose prisa por desmadejar el ovillo que antaño tejió quizá muy a su pesar y que ahora ignora sin hipo alguno.

Igual o aún más paradójica la pasividad de las clases menos pudientes ante ese desmantelamiento, principalmente de sus recursos, servicios y derechos, aunque mucho se ha escrito para explicar esa paralización. Las masas, las que aún viven con cierta holgura, se aferran al mínimo bienestar alcanzado. Una pasividad labrada hábilmente por el sistema y sus medios de comunicación, su forja de ilusiones mediante la publicidad constante y la falsa recompensa al consumo, generando solamente valores superficiales: eres feliz si tienes el máximo de objetos que se te ofertan, tan fáciles de alcanzar en teoría. La felicidad como logro individual, derivado de seguir patrones parecidos cuyo núcleo esencial es: ¡compra!, ropa, tecnología, coches, viajes...

Por lo demás la cabeza puede estar perfectamente hueca. Incluso es lo más aconsejable para que la cadena se desplace a velocidad adecuada, de forma que la suma de esas felicidades aisladas sostiene todo el entramado, al garantizar el movimiento del capital. Pero si la satisfacción no es general, ni los beneficios revierten en todos, el sistema no sólo deja de ser moral, probablemente pueda dejar de ser viable, al menos será insufrible para muchísimos.

Si a este nirvana, suma de mezquinas felicidades individuales, le sumamos la habilidad política de restar importancia a las necesidades del trabajador, el arte de ningunearlo constantemente, de ningunear incluso igualmente a quien no trabaja -ningunear pues a casi todo hombre-, y el arte de velar los daños colaterales de la producción desmedida sobre el entorno, más esa facilidad para crear discursos en que lo esencial es el individuo, cada cual por su lado, tenemos justo el espacio en el que estamos; una inmensa siesta durante la que se nos birla el bocadillo y bostezamos diciendo: “bueno, ¡me queda el smartphone!”

El sistema social, de dimensiones prácticamente globales, ha generado individuos, conciencias separadas entre sí, sólo unidas en un fin común: la búsqueda del placer cada uno por sí, aunque de vez en cuando nos arracimemos en grupúsculos o en cantidades mayores, como ante un “evento”, deportivo, religioso, o similar. Pero más allá carecemos hoy de la habilidad para caminar codo a codo, como no se produzca una catástrofe, en que ya el Estado apenas sí puede responder. Viene bien aquí aquella maravilla de poesía de Benedetti, cantada por Nacha Guevara en que, contra el individualismo inoperante, se decía:

“Si te quiero es porque sos mi amor,
mi cómplice y todo,
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia”.

No se trata de defender el rebaño, que nada sublime elabora; ni la masificación donde, decía FREUD, descendemos a lo más ancestral, evaporándose los logros de la cultura. Pero sí de superar esa excesiva granulación que sistémicamente nos atenaza y tender puentes entre nosotros mismos. Cierto que echamos de menos formaciones más atrevidas, defensoras del interés de todos los ciudadanos, en nuestro espectro político que puedan vehicular relaciones más justas; pero también lo es que la solidaridad y la contestación ayudará a incubarlas. El triunfo de Merkel en Alemania no prueba que esas formaciones más justas sean extemporáneas; sólo prueba que ese ambicioso país está dispuesto a seguir alimentando un sistema social que a ellos tanto favorece; exportar esa sensibilidad política es inconsistente, porque implica que la mayoría vote contra sus propios intereses; vote la continuidad de situaciones altamente injustas. Ésta es precisamente la alienación, siempre por desgracia posible, la misma que el sistema se preocupa muy mucho de generar, como todo un imaginario que parece procurar los intereses de un colectivo, pero que realmente lo despistan y atenazan como falsa salida; ideas y prácticas que incluso benefician más al antagonista social.

La urgencia en tender dichos puentes de comunicación entre individuos alejados, en hacerles ver sus verdaderos intereses, no debe ser puesta en tela de juicio, con las alienantes consignas sobre que “estamos superando la crisis”, o que “vamos a recoger los frutos del gran esfuerzo”. El individuo puede saber perfectamente todo lo que se ha perdido en el camino: mucho, aunque se quiera ocultarlo y que continúen en el engranaje los que aún puedan; mas el grado de insuficiencia e insatisfacción, el deterioro de las condiciones ambientales, apenas son recuperables y deben hacer que tomemos conciencia y caminemos codo a codo contra todo canto de sirena que siga vendiendo sin más unas relaciones capitalistas cada vez más draconianas, o contra la alienante sospecha de que la vida política es siempre infructuosa para el pueblo..

Antes de ocultar los horrores que tantos padecen por el desenvolvimiento de un sistema indecente, pongámoslos sobre la mesa y avancemos codo a codo, sin violencia, pero con total decisión; siendo positivos pero no gozando por separado de la vida, sino con conciencia de clase social, la de los jóvenes, trabajadores, aún no trabajadores, pensionistas, que no explotan al prójimo, sino que exigen condiciones justas de vida, servicios adecuados, porque todo ello es posible, organizando la sociedad según este justo fin, y no encaminada a las faltriqueras de unos pocos.

Publicado en La Opinión de 12 de Octubre de 2013

sábado, 29 de junio de 2013

Demasiado tiempo inmersos en la zozobra


en el temor de lo que aún quede por venir. Y lo peor: advertimos cómo mienten nuestros gobernantes al decir que ya entramos en la recta de la recuperación. No aludamos a otras cuestiones fangosas; basta con estas tres noticias para saber que esa afirmación es un artificio político. El posible rebrote de ETA, pero aún más, la reducción de las Pensiones y al menos el planteamiento de la bajada del salario mínimo muestran que las cosas siguen mal y que no se sabe, no se quiere o no pueden ser enderezadas. .

Y en estas jodidas circunstancias lo terrible no es que la deuda crezca o que el Capital y quienes lo agitan tiemblen o tengan un gemelo menos que colocarse en la muñeca. Lo jodido es que hay mucha gente ninguneada sin consideración alguna, desde luego que en nuestro país y en todas partes sin que apenas se alce el clamor de Congreso, Senado u otras instituciones: antes que el hambre les interesa el aborto, el matrimonio homosexual, apañarse el sistema educativo, etc., velando la cruda situación de ya tantas familias.

Así tal, quiero hacerme eco de una propuesta que tiempo ha hemos tratado varias personas, sin saberla encaminar mejor, por ver si contribuimos a un clamor que conduzca, ya que no a cambiar el rumbo de las cosas, al menos a paliar tanto sufrimiento.

Hace tres o cuatro años daba en pensar en la necesidad de un a modo de cónclave de expertos de todo el mundo que, con toda seriedad, intentaran delinear una salida a este callejón del Capitalismo decrépito y asesino; probablemente un anhelo delirante de mi parte. Ahora estamos llamados a ser con urgencia más prácticos. Se trata de clamar por la supervivencia, por el sustento de muchos, no en el Cuerno Sur de África o Pakistán, sino en Madrid, Albacete, Murcia...

Es cierto que parece como si en las cabezotas de muchos agitadores del capital -casi “terroristas” ya del capital- rondara la cínica pregunta de: todos esos que se hunden en la miseria, ¿pa kis tán? ¡Sobran! Pues no para ser ninguneados.

Seamos prácticos. ¿No podemos cambiar el orbe?; más aún: ¿queremos que los Estados afronten una deuda que no contrajeron, descuidando hasta servicios básicos?, ¿–queremos que se queden sin ellos y paguen con sus últimos estertores aquellos que no sabemos “pa qui están”? ¿No somos capaces de reunirnos para buscar una salida honrosa? Absolutamente imperdonable, Porque cuando buscamos dividendos sí que somos capaces de entendernos y forjar mil congresos y Encuentros a bien alto nivel, sin escatimar ostras y champagne.. Pero aún más imperdonable dejar morir a nuestros semejantes.

Seamos prácticos. Esta es la propuesta que ya cabe hacer, ingenua sólo para los acomodados y cínicos: establezcamos desde el mismo Estado un “fondo de beneficencia” ya, para personas sin recursos. No continuemos debatiendo si debería ganar las elecciones tal o cuál formación política más sensible alas necesidades del pueblo –que también-. Tracemos ese “Fondo de Beneficencia, Asistencia“, por razones de justicia social y no por otras, dotándolo de recursos más o menos voluntarios, administrados por la Asistencia Social, que tan importante papel desempeña desde hace muchos años en nuestro país, en Ayuntamientos, Comunidades y el ámbito estatal.

Tal Fondo, como digo, respaldado por el Estado debería tener un funcionamiento más serio y discriminativo que el de ONGs más o menos benefactoras. Estaría capacitado para publicitarse y gestionarse de forma más potente. Tendría la marca del Estado Español, incapaz por otros medios de echar una mano a ya gran parte de ciudadanos que van sumiéndose en la miseria sin misericordia alguna de sus semejantes menos desgraciados. Se trataría de una institución nacida en momentos duros, críticos, como cuando sobreviene un terremoto o cualquier otra catástrofe; sólo que su parcela de actuación es mucho más ancha y duradera: ¡Qué le vamos a hacer, si estos son los efectos colaterales, y no tan colaterales, del Capital!

Tal fondo recibiría aportaciones voluntarias o incluso podría recaudar mediante imposiciones a fortunas determinadas por su monto, según baremo a establecer. Debería tener sus recursos en la Hacienda Pública y facilitar a todos un número determinado de CCC para nutrirse y mantenerse diariamente.

Esto es ya algo imprescindible, y nuestros gobernantes no pueden ya mirar hacia otra parte; porque se les ve el plumero, el ansia por salvaguardar un estatus más allá de las exigencias europeas, cuando lo que debe vérseles es el ansia de servir a todos sus conciudadanos, que les dieron el voto sin merecimiento alguno recibiendo a cambio toda la mierda que les prometían evitar.

Obvio es que este no será el mejor estado de las cosas, pero sí es el adecuado en tanto se genere exclusión de forma tan brutal. Analizar el porqué de esta situación, tender a superarla como sea seguirá siendo obligación de los gobiernos, pero entre tanto estaremos evitando parte del dolor.

¡No hablamos de lucha, sino de Justicia!, ¡no de limosna sino de derecho!, ¡no de misericordia, sino de vergüenza!, esa que tantas veces le falta a quienes tanto cacarean ahora defender el interés general. Si tal pretenden consideren la necesidad de proteger, si no con recursos de la nación, al menos sí de las gentes que aún pueden vivir holgadamente, a todos los vomitados ya del sistema productivo. Organizar esta especie de colchón es justo y necesario. Parece que sólo serán excusas argüír que ello acostumbrará a la molicie de las personas, o que conducirá a detener el desarrollo del país.

si el sistema genera pobres el sistema debe a la vez atenderlos y procurar no generarlos.

(Publicado en La Opinión, el 29 de Junio)

jueves, 27 de octubre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




sábado, 28 de mayo de 2011

Creo que el consejero del Interior de Cataluña debe dimitir

También a mi modesto entender Félix Puig debe dimitir. Esta no es manera de solucionar las cosas: emprendiéndolas a golpes contra gente pacífica y sin excusa de peso alguno, si es que alguna puede haber para esta imperdonable acción. Parece mentira que esto haya sucedido precisamente en Cataluña, a la que todos consideramos tan avanzada. Y en otro orden de cosas: no entenderé nunca cómo 95000 personas son capaces de llenar un estadio para conmemorar la consecución de una copa y no sean capaces de movilizarse por sus derechos más fundamentales; que me perdonen los catalanes pero ahí me parece que tampoco están a la altura.

jueves, 24 de septiembre de 2009

EL RAYO QUE SÍ CESA

No hay remedio. La improvisación y el egoísmo triunfan en Política y los ciudadanos parecemos hipnotizados ante tantos gestos insolidarios vestidos con la máscara de la solidaridad y volvemos a otorgarles nuestra confianza, como si lo hicieran tan bien. Lo que incomoda es el viejo argumento de “deja que el empresarioobtenga todos los beneficios posibles, porque él hace de máquina”; y así al menos viviremos con sus migajas. la derecha entonces se reviste con la antigua “charitas”, generalmente adicta a la Buena Nueva entendida a su manera. Y se reviste incluso con la etiqueta de “popular”, aunque a veces no alcance ni al lema de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, porque en muchas ocasiones prefiere decir: “primero nosotros, luego el pueblo”.
¿subir impuestos? ¡No hombre, no; entonces el empresario pierde una mezquina parte de sus ganancias; y si pierde esa mezquina parte va a repercutir en todos los demás!
¿Seguridad social? No nos pasemos tampoco; aportemos menos y en todo caso tomemos lo que podamos de la tajada: hospital nuevo que construímos hospital que administramos, por aquello de echar carbón a la máquina: para que el tren circule y todos con él, sí.

¿Servicios? ... Si pudieran volverían a plantear el consejo de los economistas del XIX: al trabajador lo imprescindible para que pueda seguir trabajando; engrasemos el tornillo para que no se parta. Si no hubiera sido por toda la izquierda, desde Owen al socialismo en todas sus vertientes (y para nada me refiero al espíritu de la “rerum novarum”) el trabajador continuaría desposeído de personalidad, reducido a mera herramienta de otros, sin más derecho a existir que el de seguir haciendo andar a la máquina.
Y luego nos damos, o bueno, se dan golpes de pecho.
Todas estas agrias reflexiones -y siento tener que hacerlas- me son suscitadas por otra idea de la derecha en este caso de nuestra región, que escuché en una emisora de radio local, estando el lunes pasado en la sala de espera de un médico. A bombo y platillo anunciaban que, feliz idea de 9 Concejalías, un autobús “tipo rayo” de la empresa de transportes urbanos –por cierto una de las de precio más elevado del país-, comenzaría a pasearse por la ciudad para recoger donaciones de los ciudadanos (ropa, juguetes...) en aras a fomentar la solidaridad en estos tiempos de crisis. Y seguían ufanándose con que matarían dos pájaros de un tiro –esto es muy del burgués acomodado, lo de ahorrar aunque sea munición si bien luego haya otros goteos que difícilmente se justifiquen-: “al tiempo fomentamos una actividad
Ecológica”. Debe ser porque aquí a veces ha habido dudas de que reciclemos debidamente las basuras en los vertederos; me refiero a la empresa que tiene encomendada esta tarea, claro, porque el ciudadano sí se ha aprendido bastante bien lo de los diferentes tipos de contenedores para reciclar.
Yo no he de criticar cualquier gesto solidario, ni siquiera por supuesto la importante labor de Charitas Diocesana, mientras exista la gran injusticia de personas que apenas si tienen para comer. Pero de veras que ver al Ayuntamiento metido en estos gestos me produce vergüenza y pena, porque parece que nos quieren confundir: ¡qué buenos somos con los necesitados!, invitamos a echarles lo que nos sobre, lo reciclable, mientras nuestro jefe de partido se pone rojo de ira por la decisión gubernamental de subir impuestos para mantener servicios sociales.
Los que somos discapacitados y tenemos familiares muy cercanos igualmente discapacitados sabemos que con limosnas no arreglamos nada: que todos los hombres y mujeres, mujeres y hombres, tenemos los mismos derechos. Y yo al menos entiendo, además, que pasear un autobús durante un par de semanas para recoger donaciones no es en modo alguno el camino para superar injusticias: es un gesto casi vacío para cubrir el expediente y tranquilizar conciencias de manera muy artificial y rayando lo impresentable, mientras se invita al gobierno a no replantear la política fiscal y además a restar servicios sociales.

Si la mentalidad de nuestros gobernantes locales o nacionales estuviera abiertamente del lado de todos los seres humanos para ofrecerles una Seguridad Social que siga siendo sólida, si no les temblara el pulso creando más recursos para ayudar a llevar una vida aceptable a sus enfermos físicos y psíquicos, mayores; si se esforzaran en mayor medida por desarrollar políticas de empleo, si esa mentalidad estuviera más decididamente del lado de que hay que legislar y gobernar para mitigar en lo posible las diferencias sociales, directamente y no a base de “echar carbón a la máquina”, entonces yo me felicitaría de la circulación de ese autobús magnánimo y hasta consideraría que su recorrido debería ser permanente y no de tan mezquina duración. Entre tanto, lo siento pero su circulación me suena demasiado al gesto del catolicón limosnero –ojalá podamos decir que de antaño- que pone unos duros los domingos al salir de misa en la mano del primer indigente mientras en sus negocios se comporta como lobo del hombre. O peor, que pone la gorra para que los demás pongamos la limosna.
Claro, no es lo más triste que se les puede haber ocurrido!, salvo porque es un gesto que parece tapar tantas otras carencias en el modo de hacer politica de unos pocos en esta región y el país.

(Publicado en el diario La Opinión de Murcia el 10 del 10 de 2009)