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domingo, 7 de febrero de 2016

Me digo: “¡escribe en el periódico, Pedro!”:





   Me digo: “¡escribe en el periódico, Pedro!”: sí, “¡haz algo de provecho!”, mientras se suceden campañas y más campañas electorales desde hace casi un año. No, ese no es el mejor de los momentos para escribir, porque otros pueden hacerlo mejor que uno y de manera más provechosa al conjunto. Pero ahora como que algo me impulsa a clamar: ¡basta de impotencia y de ccinismo!, es preciso, me parece a mí preciso al menos, indicar con Marina Garcés que “Nuestros enemigos son el cinismo y la impotencia”.

Los curas nos enseñaban de pequeños, cuando algunos intentábamos creer en sus palabras mientras otros zanganeaban y luego treparon a los puestos de lresponsabilidad en nuestra sufrida sociedad a lo peor alardeando de creyentes no siendo más que fariseos- que mundo, demonio y carne eran los enemigos; ¿enemigos de qué?, ¿de esta nada que somos mientras otros destruyen esa sociedad y su planeta; más nihilismo quizá que el nihilismo en que hoy andamos; este es el problema: el Nihilismo criticado por NIETZSCHE, no promovido o querido por él: qué mal se le sigue entendiendo, o cuanto se le desatiende; a veces es mejor, porque al antenderle se le atiende mal y esto es más grave.

   Pues yo me atrevo a escribir acá que ahora nuestros enemigos son la impotencia y el cinismo; no digo directamente que nuestros amigos tengan necesariamente que ser trocados por determinada formación política y por la filosofía misma; hay muchas actitudes políticas que pasan por fuera de Podemos e incluso van más allá de ella,  que a mí particularmente me parecen interesantes, más allá de que algunos se meen aquí o allí o quieran arrebatarnos nuestra segunda vivienda, cosa que está por ver si está en su programa, o que incluso feacientemente no está en él, sólo que aquellos que iban a Misa y se dan la paz con las manos manchadas (como rezaba y reza una célebre canción de Agua Viva, un interesante grupo Folk de los 70),) están gustosos de calumniar y difamar, con tal de continuar con sus prevendas, a fuer de dejarnos a los demás sin tuétano.

  Sí, Marina,. Estoy de acuerdo contigo, compañera filósofa, aunque yo sea esta ruindad de filósofo que soy, en que impotencia y cinismo son enemigos del hombre que quiera emanciparse de tanta mierda; y cuando esto pienso pienso en un sinfín de cosas: como por ejemplo, cuán interesante seguirá siendo por tiempo incalculable MARX a pesar de que esté así de estigmatizado, por aquellos fariseos e incluso estos jovenzuelos de ahora, que “piensan” que se las saben todas; qué de gran valor hay en HEIDEGGER, SARTRE, FREUD, WITTGENSTEIN, O KANT y qué pocas ganas tiene tanto cínico de que nuestros hijos los lean aunque sea en un breve comentario de texto: ¿porqué será?
   
   ¡Ah, jajá!, porque ellos, instalados en el poder como están no andan dispuestos a que los descabalguemos y prefieren dar fuelle a los bancos, a la economía de mercado, esa lavadora que no deja tejido sano; porque para ellos pensar es incluso malo: es un defecto del hombre, como escribía BRETCHE en aquel elocuente y querido poema: “Catón de guerra”. Así pues, cuanta menos filosofía en nuestros centros de enseñanza mejor; y mientras siguen vomitando su bilis y sacando pecho, diciendo que son los salvadores de la patria y que todo lo hacen para el pueblo: ¡ mienten dhaciendo política de espaldas al pueblo como déspotas ilustrados y aun contra el pueblo, como verdaderos belcebúes, o sea: el mismo primer enemigo del alma según predicaban aquellos nuestros casi entrañables –algunos- curas que nos sermoneaban en los ejercicios espirituales de pequeños, mientras el propio demonio ya se arrellanaba en su sillón pensando cómo podía dar más por ... saco a la humanidad casi por completo, a la carne y al mundo entero, enemigo que descuida e incluso escupe a los otros enemigos.

   Ser “potentes”, pero en el sentido de cambiar precisamente el sentido de las cosas, instaurar y pensar un orden mejor: esa es una tarea que compete a todos pero en la que la filosofía puede y debe usar su candil aunque sea para sumirnos en el laberinto por momentos: preferible es el laberinto a la celda: a esta celda gigante en que tantos están sin trabajo, los jóvenes se han de marchar de España, aquél anda preocupado con que no se vayan –no sé a dónde- los catalanes, o caen los servicios esenciales para esa mayoría que es sostén de la sociedad.

   Y mientras algunos ciudadanos traicionando a Murcia, y fariséicamente, entregando nuestros centros de enseñanza a la iglesia más farisea que hoy nos toca soportar; menos mal que parece haber otra iglesia y un papa que poco tiene que ver con el zafio, y negado a toda reflexión de su precedente.

   Sí, Marina, si lectores: superemos la impotencia en la medida de lo posible y “sapérete aude”, que decía el otro.

   Y por favor: quien entienda y pueda consulte http://www.lamarea.com/2016/01/04/80285/ (Artículo al que hago acá cumplimiento).
  
(Artículo que se publicó en el Espacio del Foro ciudadano de la Opinión de Murcia ayer día 6).

Pedro Egio




martes, 30 de septiembre de 2014

Hablaré por mí,


No soy el único al que encanta aquel tango tan célebre que por 1983 revivía el inigualable Serrat, Cambalache, de Santos Disépolo, letra y música,
en el 34. Pero es su letra la que aquí me insta a escribir, aun con pocas esperanzas de conmover a nadie, que tantos estamos tan al tuntún, apenas atentos,
distraídos, atontados; y decirle al bueno de Enrique Santos aunque ya no nos oye: si el XX lo definiste certeramente como ´cambalache´, el XXI es un prostíbulo,
una plantación sureña de esclavos, un erial fruto de esquilmación constante, corral sin valores, escenario donde se premian la mentira, el mangoneo, el
pisoteo con saña del semejante exhibiendo la sonrisa más distendida, seducidos, narcotizados mientras no nos tocan directamente nuestros lereles, que entonces
sí ponemos el grito en el cielo. Así de incautos somos.

Acarreemos sumandos aunque los párpados se resistan: casi todos los políticos se llenan o han llenado los bolsillos a expuertas con el dinero de todos;
los banqueros aprietan hasta la extenuación impiamente; se rebaja constante y obstensiblemente la calidad de los servicios más esenciales; nos prosternamos
ante Europa y todas sus demandas de satisfacer una sospechosa deuda que sólo Europa y los chorizos al uso han urdido; se miente con absoluto descaro ante
elecciones o en cada comparecencia; se amedranta a la ciudadanía so pretexto de mantener un orden aún no en entredicho, cuando debería estarlo ya hace
años porque sólo es un orden para unos cuantos guapos, que machacan y machacan sin cortarse un pelo; se legisla a la católica más derechona vendiéndonos
que se hace por interés de todos; se impone el rodillo en las leyes sobre la producción de energía, sobre qué enseñar, sobre las condiciones laborales
haciéndolas absolutamente leoninas; se pretende manosear aún más en las leyes de la representación electoral; se decreta pertinazmente contra el futuro
de nuestros hijos... Dejo mil tropelías más.

Pero, ¿algo que decir a lo que sigue? Práctica ruhín de tanto empresario impresentable, forjado en connivencia con este Gobierno: se despide a trabajdores
discapacitados mentales para entregarlos a una nueva empresa con pinta de ONG, pero con la real intención de beneficiarse de las prerrogativas que la Administración
otorga a empleadores de estas personas, engañándoles y haciendo que pierdan todos sus derechos de antigüedad adquiridos. Tal parece haber sucedido en algún
centro comercial de la región. Absolutamente inaceptable como tantas barbaridades que se están cometiendo con la aquiescencia de un Gobierno que se limita
a decir «vamos saliendo de la crisis», mientras quién no barrunta que se trata de una trola más al uso, porque la inmensa mayoría de familias sabe cómo
se las gasta ya tanto patrón asistido por la maravillosa legislación de esta panda de salvadores del orden.

¿Es esto sólo cambalache? No: hemos dado un paso más. Porque esto era cambalache mientras las condiciones del capitalismo eran posibles, pero hete que ya
el capitalismo es un problema; este ruidoso mercado de trapicheros está tocando techo, topándose con sus propios límites, agujero negro que todo lo engulle,
incluso su mano de obra, que no ha de levantarse en la dirección en que tanto incalificable quiere vendernos, camine a Santiago solo o con mala leche,
de arriba a abajo, de abajo a arriba, con corbata, sin corbata, serio, sonriente; el tal y todos los suyos han caído en descrédito. Barruntemos ya que
el individualismo descarnado no reportará bienestar a todos y sí conducirnos a la constatación hobbesiana del hombre devorador del hombre.

Si espiritualmente somos casi solitarios, como moradores de este planeta requerimos de la actuación colectiva, y la satisfacción de necesidades básicas
y no tan básicas; de condiciones de vida similares, sin hacer de los demás nuestros medios sino fines.

Esto no convence a muchos que con todo se dicen religiosos: una contradicción más de quienes se arriman a los evangelios sólo para su tranquilidad particular
y desechan su mensaje más humano. La solución, que aún es posible, está en tomar de nuevo todos las riendas de nuestro destino, descreyendo a los sinvergüenzas
y egoístas que constantemente nos pisotean, no por la violencia abierta, pero sí con decisión, militando en opciones políticas que defiendan valores morales;
superar la mentalidad yanki de que la vida está ahí para atraparla, del basta con decidirnos y dar todos los codazos precisos para conseguir todo lo que
queramos; desechar el carpe diem, porque no se trata de disfrutar todo instante sino, en este ahora, caminar codo a codo para restituír el orden verdaderamente
humano, sin pisotones, sin exclusiones; construyendo decididos un mundo para todos, avergonzando plenamente al explotador, al egoísta, al chorizo, superando
visiones mágicas, feudales, dictatoriales; votando a quienes, espabilados ya, estén cansados de la pantomima, del cambalache, del prostíbulo, de achantar
al prójimo impecablemente trajeados.

¡No seamos iguales que los inmorales! ¡Triunfe el deseo de que ya no resulte lo mismo «ser derecho que traidor, ignorante sabio o chorro, generoso o estafador!»

¡Que no nos dé todo igual! ¡que no sea lo mismo asno y profesor! ¡alzarnos del lodo, aunque sea por nuestros hijos! Y que no nos engañen vendiéndonos que
´izquierda´ y ´derecha´ son etiquetas caducas: habrá que mejorar cosas, pero todos sabemos, si no es para justificar nuestra desgana, qué significan a
la hora de posicionarse ante la vida, y cuál es más humana y hasta más ajustada al evangelio.






jueves, 27 de octubre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




martes, 24 de mayo de 2011

No ha habido ninguna sorpresa en estas elecciones

Incluso los dos artículos aparecidos en el Diario La Opinión firmados por mí, de Diciembre del año pasado y de hace unos sábados, tenían en mente este resultado. Un resultado en el que lo tiriste es que las clases más necesitadas castigan al PSOE pero entregando su alma a la derecha que poco va a hacer por ella.
En efecto, la derecha va reducir costes en servicios, va a privatizar, va a exprimir al funcionariado, va a destar más las manos de los que realmente explotan y esquilman nuestro mudno. Todos somos hombres y mujeres y tanto respeto; pero no por ello hay que silenciar y no expresarnos según entendamos que es mejor precisamente para el hombre. Y en este contexto debemos decir que aunque se nos quiera hacer creer que las etiquetas de derechas e izquierdas están caducas no es así: son dos actitudes muy determinantes: obrar egoísta o en aras al interés colectivo. Hay mucha gente que se piensa creyente y por tanto humana, defensora del interés general, y sin embargo no es más que inmensamente egoísta, creyendo tan sólo por temor. Lo cierto es que se ha obviado que ignoramos este particular y pensamos que la derecha superará los errores de la malograda izquierda bien descafeinada. Creo que no será así, aunque ellos subvertirán todos los datos para mantenernos contentos. Pero sus consignas son claras; tengo la impresión de que con ellos no hemos de salvarnos mucho mejor y que las soluciones requerirán de esfuerzos, imaginación y generosidad que ellos no han de poner.

lunes, 8 de junio de 2009

El día después (Europeas 2009).

Tras las Elecciones europeas de este 2009 asistimos totalmente perplejos al triunfo de la ideología neoliberal. No cabe duda que podrá explicarse el fenómeno, pero a mí me choca que, recibiendo aguijones, el ser humano se vuelva para lamer agradecido la mano de sus señores.
Hace muchos años asistí a un mitin de Santiago Carrillo que decía: "el trabajador que es de derechas es tonto". Sinceramente siempre he creído en la exactitud de esa frase y aquí parece que muchos trabajadores han debido de votar derechas o se han abstenido mientras que todos sus patrones se hayan molestado en votar.
Es desconcertante, por ejemplo, que en una ciudad como Murcia en que la derecha se ha esmerado en enriquecerse incluso delinquiendo -por lo menos en varios célebres casos-, donde hasta Europa critica cómo se están haciendo las cosas, salga esta a hombros.
Es increíble cómo se está votando la bajada de impuestos, el descuidar los servicios sociales, el seguir esquilmando el planeta, se supone que por parte de muchos que están necesitados precisamente de todo lo contrario.
Me imagino que quienes han querido ese triunfo no reparan tanto en cuestiones morales como a veces parece, al quejarse de los matrimonios entre homosexuales o cuestiones de aborto; me imagino que entre ellos ha tenido preponderancia la idea de que el libre mercado genera riqueza, cuando hemos visto que el libre mercado genera su propia crisis y destrucción.
Yo no defiendo la cerrazón del comunismo cerrado pero desde luego me parece que nuestro problemático mundo actual tampoco necesita del puro y duro neoliberalismo, de aquellos que se frotan las manos pensando en bajar impuestos en cuanto puedan; aquellos que niegan dinero a los Estados y al tiempo nos ahogan con sus entidades bancarias podridas e incluso, si nos descuidamos, nos birlan ensuciando además nuestra casa sin reparos, frenando salarios todo lo posible:
En fin, hacemos bien en intentar colocar algunos valores como más fundamentales para obtener sentido y aclararnos, y me parece que los democráticos son de ese tipo de valores; por tanto, aceptamos por supuesto, probablemente con menos desazón que cuando ellos pierden en las urnas, los resultados que ellas nos han arrojado, pero este momento de gran crisis me parece que no demanda precisamente dejar más libertad de movimientos aún a los insolidarios. Si cada vez queda menos clase media en aras de una clase muy particular pero cada vez más abundante, la de los que no tienen más de mil euros al mes (la mayoría de nuestros hijos), no comprendo cómo esa nueva particular clase parezca abanderar más las tesis de los Smith y los Ricardo.
Quieran los hados que el olfato de la mayoría votante de ayer en Europa haya acertado y sus representantes encuentren mejores caminos para andar en estos complicados tiempos, aunque lo dudo