Mostrando entradas con la etiqueta Crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de marzo de 2016

De quemar santos nada

DE QUEMAR SANTOS NADA.

No nos negaremos que la confusión reina hoy como nunca en la calle. Y que “ a río revuelto ganancia de pescadores”.
No nos neguemos que hoy como nunca necesitamos de una moral verdaderamente humana, laica, porque si la confesión puede ser acto que nos conduzca hacia el bien general, es cierto que también el perdón de todo y la compra de ese perdón –práctica demasiado frecuente- echan al traste con esa bondad.

El Obispo de Ipona, nos deja aún hoy perplejos cuando escribe anteponiendo precisamente este título ("Confesiones"), a muchas verdades realmente edificantes, pero está claro que hoy abundan muchísimo más, para desgracia del género humano los confesos impresentables, de valores harto dudosos. Y no se trata de arremeter contra las personas, de invocar a la sangre, de ser violentos, sino de lo contrario. La práctica de la hoguera, la “cruzada”, la doble moral está frecuentemente más vinculada al fundamentalismo, y somos muchos los que ya abominamos de éste.

No queremos que los recursos públicos, de todos los ciudadanos, se destinen a mero carnaval; preferimos que se destinen a salvar a los hombres y mujeres que pueblan este planeta, en España y en cualquier otro lugar.

Destinemos tanto caudal racional que hemos logrado amontonar con los siglos, tantas experiencias, a luchar por un planeta justo, por la igualdad, por el trabajo y por el bien común.

Un artículo periodístico no tiene por qué ser necesariamente un relato de hechos, relato que por otra parte nunca es puramente inocente, admitamos que en un artículo periodístico deben también aparecer sentencias sobre el quehacer, y sea ese un quehacer que nos dignifique en todo lo posible.

Quienes así pensamos no abogamos por quemar (dicho inequívocamente y sin más metáfora que la mínima que permita entendernos, presente incluso hasta cuando pedimos un vaso de agua) nada, y si volvemos a la metáfora, sea el egoísmo, la cerrazón mental, el burdo individualismo los que sean borrados del mapa.

Obviamente que nadie está en disposición de construir con una varita mágica “un mundo maravilloso", como que este mundo tampoco lo es a pesar de Leibnitz, y por supuesto tampoco es el peor a pesar de “Cándido”, el librito de Voltaire. Pero sí que casi genéticamente estamos llamados a hacerlo más habitable para todos.

Igualmente admitamos que si nuestras condiciones de vida mejoran, no alcanzarán tal condición por arte de birlibirloque, y más bien ha de suceder, parafraseando a la propia Biblia –ese libro de tantas culturas que podrían ser perfectamente hermanas- “con el sudor de tu/nuestra frente”.

Admitamos que lo que llamamos “Semana Santa” es un conjunto de siete días destinados a recordar, a ser posible en el rincón más profundo del corazón de cualquier creyente, a Jesús de Nazareth, y que nadie está autorizado a atacarla; admitamos que muchas veces la degradan los mismos que se llaman creyentes.

Admitamos que el pueblo tiene derecho a hacer pública su fe y revestirla de gestos externos que lo ensalcen. Pero admitamos igualmente que con frecuencia esas exteriorizaciones están huecas. Y obviamente admitamos la libertad del pueblo, y no le pongamos unas veces alas, y otras, "ley mordaza", a conveniencia de unos pocos.

En tal sentido es bien loable que un conjunto de ciudadanos, de los buenos, en entendiendo ahora (y porqué no siempre) por tales, aquellos que defienden la redención de todos y no sólo de los privilegiados, se unan en torno a una idea sencilla: la de reclamar, pacíficamente, educadamente, pero con el tesón de los convencidos en que proceden correcta e incluso sabiamente, la laicidad de las instituciones que conforman el Estado español.

Esta petición de ideas por otra parte está sostenida los 365 días del año –o 366 para el caso del que transitamos-.

Igualmente esta bendita pretensión no desentona con todas aquellas sostenidas con tanta insistencia por doquier, respecto a la manutención de los servicios que hacen posible una vida justa, sea en primer término la manutención pública de la salud, la educación a la altura de lo que la humanidad del XXI se merece y la igualdad social y económica. Por supuesto, según criterios distributivos si se quiere, pero cuidado que estos criterios no autorizan en absoluto a que un 1 por ciento de la humanidad tenga todos los recursos principales y el resto, más o menos escalonadamente deba prescindir de ellos, hasta llegar a una base de la pirámide en que tantos muerden polvo.

No consienta nadie tal cosa, aunque sólo sea en aras del buen gusto, y menos los
religiosos, de la confesionalidad que se quiera, que en sus mentes esto suceda en esta semana que ya no es de siete días y me temo que tampoco muy santa.

La humanidad, más que nunca debe, modestamente me parece a mí, rehacer la santidad de esta semana, que también nos toca transitar juntos.

¡Todos, pero todos, nos merecemos una buena semana santa!

Pedro Egio

domingo, 7 de febrero de 2016

Me digo: “¡escribe en el periódico, Pedro!”:





   Me digo: “¡escribe en el periódico, Pedro!”: sí, “¡haz algo de provecho!”, mientras se suceden campañas y más campañas electorales desde hace casi un año. No, ese no es el mejor de los momentos para escribir, porque otros pueden hacerlo mejor que uno y de manera más provechosa al conjunto. Pero ahora como que algo me impulsa a clamar: ¡basta de impotencia y de ccinismo!, es preciso, me parece a mí preciso al menos, indicar con Marina Garcés que “Nuestros enemigos son el cinismo y la impotencia”.

Los curas nos enseñaban de pequeños, cuando algunos intentábamos creer en sus palabras mientras otros zanganeaban y luego treparon a los puestos de lresponsabilidad en nuestra sufrida sociedad a lo peor alardeando de creyentes no siendo más que fariseos- que mundo, demonio y carne eran los enemigos; ¿enemigos de qué?, ¿de esta nada que somos mientras otros destruyen esa sociedad y su planeta; más nihilismo quizá que el nihilismo en que hoy andamos; este es el problema: el Nihilismo criticado por NIETZSCHE, no promovido o querido por él: qué mal se le sigue entendiendo, o cuanto se le desatiende; a veces es mejor, porque al antenderle se le atiende mal y esto es más grave.

   Pues yo me atrevo a escribir acá que ahora nuestros enemigos son la impotencia y el cinismo; no digo directamente que nuestros amigos tengan necesariamente que ser trocados por determinada formación política y por la filosofía misma; hay muchas actitudes políticas que pasan por fuera de Podemos e incluso van más allá de ella,  que a mí particularmente me parecen interesantes, más allá de que algunos se meen aquí o allí o quieran arrebatarnos nuestra segunda vivienda, cosa que está por ver si está en su programa, o que incluso feacientemente no está en él, sólo que aquellos que iban a Misa y se dan la paz con las manos manchadas (como rezaba y reza una célebre canción de Agua Viva, un interesante grupo Folk de los 70),) están gustosos de calumniar y difamar, con tal de continuar con sus prevendas, a fuer de dejarnos a los demás sin tuétano.

  Sí, Marina,. Estoy de acuerdo contigo, compañera filósofa, aunque yo sea esta ruindad de filósofo que soy, en que impotencia y cinismo son enemigos del hombre que quiera emanciparse de tanta mierda; y cuando esto pienso pienso en un sinfín de cosas: como por ejemplo, cuán interesante seguirá siendo por tiempo incalculable MARX a pesar de que esté así de estigmatizado, por aquellos fariseos e incluso estos jovenzuelos de ahora, que “piensan” que se las saben todas; qué de gran valor hay en HEIDEGGER, SARTRE, FREUD, WITTGENSTEIN, O KANT y qué pocas ganas tiene tanto cínico de que nuestros hijos los lean aunque sea en un breve comentario de texto: ¿porqué será?
   
   ¡Ah, jajá!, porque ellos, instalados en el poder como están no andan dispuestos a que los descabalguemos y prefieren dar fuelle a los bancos, a la economía de mercado, esa lavadora que no deja tejido sano; porque para ellos pensar es incluso malo: es un defecto del hombre, como escribía BRETCHE en aquel elocuente y querido poema: “Catón de guerra”. Así pues, cuanta menos filosofía en nuestros centros de enseñanza mejor; y mientras siguen vomitando su bilis y sacando pecho, diciendo que son los salvadores de la patria y que todo lo hacen para el pueblo: ¡ mienten dhaciendo política de espaldas al pueblo como déspotas ilustrados y aun contra el pueblo, como verdaderos belcebúes, o sea: el mismo primer enemigo del alma según predicaban aquellos nuestros casi entrañables –algunos- curas que nos sermoneaban en los ejercicios espirituales de pequeños, mientras el propio demonio ya se arrellanaba en su sillón pensando cómo podía dar más por ... saco a la humanidad casi por completo, a la carne y al mundo entero, enemigo que descuida e incluso escupe a los otros enemigos.

   Ser “potentes”, pero en el sentido de cambiar precisamente el sentido de las cosas, instaurar y pensar un orden mejor: esa es una tarea que compete a todos pero en la que la filosofía puede y debe usar su candil aunque sea para sumirnos en el laberinto por momentos: preferible es el laberinto a la celda: a esta celda gigante en que tantos están sin trabajo, los jóvenes se han de marchar de España, aquél anda preocupado con que no se vayan –no sé a dónde- los catalanes, o caen los servicios esenciales para esa mayoría que es sostén de la sociedad.

   Y mientras algunos ciudadanos traicionando a Murcia, y fariséicamente, entregando nuestros centros de enseñanza a la iglesia más farisea que hoy nos toca soportar; menos mal que parece haber otra iglesia y un papa que poco tiene que ver con el zafio, y negado a toda reflexión de su precedente.

   Sí, Marina, si lectores: superemos la impotencia en la medida de lo posible y “sapérete aude”, que decía el otro.

   Y por favor: quien entienda y pueda consulte http://www.lamarea.com/2016/01/04/80285/ (Artículo al que hago acá cumplimiento).
  
(Artículo que se publicó en el Espacio del Foro ciudadano de la Opinión de Murcia ayer día 6).

Pedro Egio




domingo, 13 de diciembre de 2015

Texto aportado al Día de los derechos humanos, 10 dic 2015

El siguiente texto me fue pedido por el Foro Social de Murcia:
http://www.nodo50.org/forosocialregionmurciana/


                        Hoy es el día de los Derechos humanos.
   Cierto es que el día de los derechos humanos para las personas con discapacidad se celebra por su parte el 3 de Diciembre, pero dado que los discapacitados somos personas pues viene bien asomar por acá también la cabeza para incidir en nuestros derechos, como personas y personas con esta afección en mayor o menor grado: la discapacidad, de tan diversa índole: física o psíquica y hasta de ambas en algunos casos.
  
   “En todo el mundo, casi una de cada 10 personas vive con una discapacidad y, según estudios recientes, las personas con discapacidad constituyen hasta un
20% de la población pobre de los países en desarrollo. Muchas personas con discapacidad siguen encontrando obstáculos para participar en sus comunidades,
y a menudo se ven forzadas a vivir al margen de la sociedad. Con frecuencia están estigmatizadas y discriminadas, y suelen verse privadas de derechos básicos
como el derecho a la alimentación, la educación, el empleo y el acceso a servicios sanitarios y de salud reproductiva. Muchas personas con discapacidad
también son internadas en instituciones contra su voluntad, lo que constituye una vulneración directa del derecho a circular libremente y el derecho a”.
vivir en la comunidad propia.”

     Así reza el texto justificativo de la Convención para los derechos de los discapacitado de las naciones unidas.   

hete aquí que constatamos que el ser humano, este que escribe sobre sus derechos, es de lávil memoria: con facilidad olvida dónde ha dejado tal cosa o tal otra, e incluso también sus derechos y deberes in indisolublemente unidos. Hay pues que escribirlos, celebrarlos, para intentar evitar ese lapsus que es el olvido o esa falta de potasio, que muchas veces suele acaecer por descuidos, o, a lo peor, por intereses inconfesables.

   Sí: el día 3 de Diciembre fue el día de los derechos de las personas con discapacidad y hoy el 10 de diciembre, es el día de los derechos de todas las personas: escrribámoslo así pues, personas escribientes, lectoras, para que nosotros mismo los recordemos y tendamos a ponerlos en práctica: y queden los intereses inconfesables para aquellos que lejos de mirar al bien común miran a su propia faltriquera: cosa que por desgracia comprobamos que sucede con harta frecuencia.

   Pero escribámosles a esas personas, digámosle, que no olviden, que respeten: al planeta y a cada un de sus habitantes: aunque estas personas por lo general también son terriblemente discapacitadas: son sordos a las palabras y ciegos para leer y recordar ciertas cosas. Y a pesar de que escribir a veces también pueda tender  a hacernos olvidar como indicaba Platón en su mito de Thamus y Theut sobre la escritura.

   Muchas gracias.

  Pedro Egio.

martes, 27 de octubre de 2015

Stote perfecti sicut voster pater celestialis perfectus est




   A veces me digo, cómo proceder en muchos asuntos vitales: soy lcdo en filosofía pura, con calificación máxima y fui catedrático de filosofía en enseñanza media: sé de ética, moral, de Platón y de todos aquellos que consagraron su vida a querer saber con autenticidad y rigor; y sin embargo, en el marasmo de códigos morales es cierto que recuerdo esta frase evangélica, este mandato casi maravilloso, aun siendo como soy desde hace tiempo nada creyente sin más, vaya, desde que inicié el estudio de la filosofía con rigor de facultad universitaria en la de Murcia, a la sazón de un nivel más que aceptable por aquellas fechas y aun ahora aunque ande yo más despistado de su funcionamiento actual, si bien no del todo.
   Este mandato b´blico (Mt. 5, 48) golpea en su formulación latina, donde perfecto ha de entenderse tal cual e incluso en su sentido de “acabado” (perficio), si bien choca a nuestra manera de ver las cosas actual esto de ser acabado, inmóvil moral y vitalmente, en este mundo de la prisa, el cambio, el juego, la máscara, etc. Etc.
   Y sin embargo, a mí, quasi ateo confeso, y digo bien el quasi, me golpea la sentencia: y a veces, cuando no sé bien como ser, pues me brota en el centro de mi alma, cabeza, también corazón: todas palabras analogías como la mayoría de las palabras; es como cuando Platón o Aristóteles y todos los demás pensadores hasta la fecha hablan del tema y nos proponen tender hacia el bien, la felicidad y todo esto similar, sin poder decir luego a renglón seguido mucho acerca de qué sea eso: recuérdese por ejemplo La república en sus libros VI y VII, las preguntas de Glauco y las respuestas de Sócrates, incluído el simil de la línea y el mito de la caverna.
   En fin: con todo puede que funcione alguna intuición ahí que parece decirnos: si tenemos padre este es perfecto y ese debe ser nuestro camino; esta es una sentencia cristiana aunque cierto es que reviste diversos tintes como diversos son los tintes de las diversas sectas por así decir del cristianismo, resumibles en catolicismo y protestantismo.
   Esto entronca también sobre cómo vemos los amantes del saber la figura del Maestro Jesús; bueno, mi visión del maestro coindic con la visión del mismo de Kant, Marx, Nietzshche o, Satre o Freud: mis filósofos de cabecera.
   Y en fin: sto fecti, seamos perfectos, como cabe decir a alguien que está no en lugar del maestro, si de los hermanos, por si da resultado y mejoramos incluso nuestras condiciones de vida en común.

Pedro Egio

sábado, 18 de abril de 2015

La crisis, TOLSTÓI, MARX Y otros amigos.




   Recientemente he tenido oportunidad de volver a releer “Guerra y paz”, después de más de treinta años, y en esta ocasión ha vuelto a llamarme poderosamente la atención su largo Epílogo, por encontrarse en él explícitamente toda una teoría de la Historia, del sentido, si lo hay, de los acontecimientos humanos. El gran escritor ruso, ortodoxo confeso y practicante hasta su muerte, intenta acá conciliar libertad de la acción humana, necesidad de los hechos históricos y un tercer elemento: un Dios que de alguna manera debe participar en la historia. Y es que difícilmente un creyente podrá concebirlo como espectador imparcial.

   La solución de TOLSTÓI no está exenta, obviamente, de inteligencia: la moderna metodología histórica –dice- debe estudiar lo que ocurra (sea la guerra entre Napoleón y Alejandro y la paz posterior, etc., etc.) desde el prisma kantiano de la dualidad entre la teoría o la ciencia y la libertad en la práctica del quehacer humano, individual o colectivo, pero reservando a Dios la libertad absoluta, del máximo general ordenador, que en nada se contamina con la materia, pero que, misteriosamente para nuestra razón, atrae hacia sí todo lo que existe.
  
   Y ahora permitidme que intente reflexionar desde la situación que actualmente vivimos, de dramática crisis, primero económica, pero a la par social y de valores del sistema capitalista. Entresaca un servidor al menos una enseñanza que me parece mucho más interesante desde el punto de vista humano: la de KARL MARX. Y atención que no busco levantar tópicos, marear la perdiz sin más. Creo que hay tantas virtualidades en este pensador, tan demonizado cuando se critican ensayos políticos inspirados en él, que traigo ahora una de ellas que me parece totalmente pertinente: sus constantes afirmaciones en el sentido de que el hombre, y sólo él, es autor de su historia. En efecto: no hay automatismos, sobre todo para el primer MARX: la historia no se desenvuelve con total determinación como defendía su maestro HEGEL: es el quehacer más o menos libre del hombre el que la hace caminar en un sentido u otro, con  uno u otro tempo, perpetuando la esclavitud o posibilitando la liberación: en su mano está arribar a este o aquel lugar. El hombre, si se falsea, si se aliena, puede despistarse largo trecho hasta conseguir la justicia social, la anhelada mayor o menor igualdad.       
  
   Obvio que hay otras visiones de la historia, que pueden ir desde la exaltación del progreso humano tantas veces manida por el Capitalismo, hasta visiones en sentido contrario hoy también frecuentes, por ejemplo desde el lado del pensamiento ecologista, que avisa del retroceso en las condiciones ambientales y el peligro letal que comporta esto. O esa otra visión muy interesante del lado de NIETZSCHE o M. FOUCAULT, señalando la circularidad de la historia, fijándonos en los componentes siempre en juego: inconsciente y brutal poder, idénticas fuerzas “ciegas” siempre operando en todo discurrir teórico o práctico. Igualmente a considerar la afirmación wittgensteiniana de que de estas cosas de la Metahistoria no puede hablarse con exactitud, simplificando, porque no forman parte de los hechos mismos reales o posibles, del mundo: es una tarea ociosa;  y si además tediosa, pues sea obviada sin problema.

   Pero hete aquí que llama poderosamente la atención cómo el ser humano es capaz, o peor, incapaz, de afrontar sus propias crisis, incluso hoy día que tan listos nos creemos, fabricando gabletss, aviones, móviles, o sosteniendo una “nube” que virtualmente nos hace funcionar aunque realmente no valga todo ello para vivir mucho mejor o más justamente, como lícito es desear. Hete aquí que en pleno siglo XXI parece que MARX es un analista de las cosas mucho más usable –expresión hoy de moda-, señalándonos que si nadie hace algo toda la imaginería de Don Francisco Salzillo, Benlliure  o el Berruguete que camine por nuestras calles, los coros de ángeles ni el mismo Dios van a hacer mucho por nosotros; apuntando que sólo el hombre, por desgracia quizá, es protagonista de lo que acá se cuece: de lo bueno en tanto bueno, de la explotación y la crueldad humanas en tanto que crueldad y explotación.

   El cómo hacer, la cuestión del fin y de los medios, no es ahora fundamental aunque huelga decir que la inmensa mayoría de personas de mi edad no creo vaya ahora a defender una revolución sangrienta, pero ello no invalida todo lo anterior y el principio evidente de que si algo no funciona para la inmensa mayoría debe ser revisado, o incluso cambiado en profundidad, y que tal no es tarea sino de nosotros mismos, y ante todo de los afectados: una inmensa mayoría, sostén por cierto, para mayor contradicción, de esta misma sociedad enferma.

   Qué sería de esta sociedad si todas las fuerzas alienadas hoy, extrañadas en pasear imágenes, encontrarlas, sudarlas, remirarlas, llorarlas, hablarlas -o incluso toda la estampida festiva primaveral-  se dedicaran con idéntico ahínco en levantar la protesta, hacerse conscientes de lo que hay, manifestarse y al menos votar organizadamente, teniendo en cuenta que no hay mundo celestial que nos salve ni tampoco lo harán los que promulgan que todo está bien y que basta con unos cuantos retoques o  recortes más.
Puede que la historia adquiriera tintes más humanos, y más aún si esas fuerzas aprenden decididamente a bogar en  una misma dirección: la de la reconquista de la igualdad social.

Pedro Egio.

martes, 30 de septiembre de 2014

Hablaré por mí,


No soy el único al que encanta aquel tango tan célebre que por 1983 revivía el inigualable Serrat, Cambalache, de Santos Disépolo, letra y música,
en el 34. Pero es su letra la que aquí me insta a escribir, aun con pocas esperanzas de conmover a nadie, que tantos estamos tan al tuntún, apenas atentos,
distraídos, atontados; y decirle al bueno de Enrique Santos aunque ya no nos oye: si el XX lo definiste certeramente como ´cambalache´, el XXI es un prostíbulo,
una plantación sureña de esclavos, un erial fruto de esquilmación constante, corral sin valores, escenario donde se premian la mentira, el mangoneo, el
pisoteo con saña del semejante exhibiendo la sonrisa más distendida, seducidos, narcotizados mientras no nos tocan directamente nuestros lereles, que entonces
sí ponemos el grito en el cielo. Así de incautos somos.

Acarreemos sumandos aunque los párpados se resistan: casi todos los políticos se llenan o han llenado los bolsillos a expuertas con el dinero de todos;
los banqueros aprietan hasta la extenuación impiamente; se rebaja constante y obstensiblemente la calidad de los servicios más esenciales; nos prosternamos
ante Europa y todas sus demandas de satisfacer una sospechosa deuda que sólo Europa y los chorizos al uso han urdido; se miente con absoluto descaro ante
elecciones o en cada comparecencia; se amedranta a la ciudadanía so pretexto de mantener un orden aún no en entredicho, cuando debería estarlo ya hace
años porque sólo es un orden para unos cuantos guapos, que machacan y machacan sin cortarse un pelo; se legisla a la católica más derechona vendiéndonos
que se hace por interés de todos; se impone el rodillo en las leyes sobre la producción de energía, sobre qué enseñar, sobre las condiciones laborales
haciéndolas absolutamente leoninas; se pretende manosear aún más en las leyes de la representación electoral; se decreta pertinazmente contra el futuro
de nuestros hijos... Dejo mil tropelías más.

Pero, ¿algo que decir a lo que sigue? Práctica ruhín de tanto empresario impresentable, forjado en connivencia con este Gobierno: se despide a trabajdores
discapacitados mentales para entregarlos a una nueva empresa con pinta de ONG, pero con la real intención de beneficiarse de las prerrogativas que la Administración
otorga a empleadores de estas personas, engañándoles y haciendo que pierdan todos sus derechos de antigüedad adquiridos. Tal parece haber sucedido en algún
centro comercial de la región. Absolutamente inaceptable como tantas barbaridades que se están cometiendo con la aquiescencia de un Gobierno que se limita
a decir «vamos saliendo de la crisis», mientras quién no barrunta que se trata de una trola más al uso, porque la inmensa mayoría de familias sabe cómo
se las gasta ya tanto patrón asistido por la maravillosa legislación de esta panda de salvadores del orden.

¿Es esto sólo cambalache? No: hemos dado un paso más. Porque esto era cambalache mientras las condiciones del capitalismo eran posibles, pero hete que ya
el capitalismo es un problema; este ruidoso mercado de trapicheros está tocando techo, topándose con sus propios límites, agujero negro que todo lo engulle,
incluso su mano de obra, que no ha de levantarse en la dirección en que tanto incalificable quiere vendernos, camine a Santiago solo o con mala leche,
de arriba a abajo, de abajo a arriba, con corbata, sin corbata, serio, sonriente; el tal y todos los suyos han caído en descrédito. Barruntemos ya que
el individualismo descarnado no reportará bienestar a todos y sí conducirnos a la constatación hobbesiana del hombre devorador del hombre.

Si espiritualmente somos casi solitarios, como moradores de este planeta requerimos de la actuación colectiva, y la satisfacción de necesidades básicas
y no tan básicas; de condiciones de vida similares, sin hacer de los demás nuestros medios sino fines.

Esto no convence a muchos que con todo se dicen religiosos: una contradicción más de quienes se arriman a los evangelios sólo para su tranquilidad particular
y desechan su mensaje más humano. La solución, que aún es posible, está en tomar de nuevo todos las riendas de nuestro destino, descreyendo a los sinvergüenzas
y egoístas que constantemente nos pisotean, no por la violencia abierta, pero sí con decisión, militando en opciones políticas que defiendan valores morales;
superar la mentalidad yanki de que la vida está ahí para atraparla, del basta con decidirnos y dar todos los codazos precisos para conseguir todo lo que
queramos; desechar el carpe diem, porque no se trata de disfrutar todo instante sino, en este ahora, caminar codo a codo para restituír el orden verdaderamente
humano, sin pisotones, sin exclusiones; construyendo decididos un mundo para todos, avergonzando plenamente al explotador, al egoísta, al chorizo, superando
visiones mágicas, feudales, dictatoriales; votando a quienes, espabilados ya, estén cansados de la pantomima, del cambalache, del prostíbulo, de achantar
al prójimo impecablemente trajeados.

¡No seamos iguales que los inmorales! ¡Triunfe el deseo de que ya no resulte lo mismo «ser derecho que traidor, ignorante sabio o chorro, generoso o estafador!»

¡Que no nos dé todo igual! ¡que no sea lo mismo asno y profesor! ¡alzarnos del lodo, aunque sea por nuestros hijos! Y que no nos engañen vendiéndonos que
´izquierda´ y ´derecha´ son etiquetas caducas: habrá que mejorar cosas, pero todos sabemos, si no es para justificar nuestra desgana, qué significan a
la hora de posicionarse ante la vida, y cuál es más humana y hasta más ajustada al evangelio.






domingo, 5 de enero de 2014

´LUCÍA DE SIRACUSA

Cuando el poder no emana de la voluntad popular y la justicia, sino del capricho oligárquico, o personal, se impone con la barbarie. Que se lo pregunten a Lucía de Siracusa, mártir de Diocleciano en el 304, cuando contaba 21 años. Su tesón le costó perder los ojos; y cuenta la tradición que seguía viendo. Bueno, a esto hay que echarle fe, que no sé si será el caso. Lo cierto es que este deseo colectivo, de que exista alguien capaz de ver sin ojos, por la justicia divina imponiéndose a la mano férrea del gobernante, es al menos comprensible y aun lindo moralmente, pues el pueblo anhela justicia, viniere de donde viniere.

De lo que le ocurriera a aquella criatura no estamos seguros, aunque pudo suceder lo que nos cuentan los agiógrafos: que fuera acusada de cristiana por algún despechado, ante el imperio y que este se desquitara a gusto, para echar un buen pulso a esa pandilla de rebeldes, revolucionarios, mal nacidos y fagocitadores de su maestro.

Casi dos mil años después, aun ciego veo -las palabras tienen su polisemia- un símil en lo que sucede hoy día: el poder legítimo, pero deslegitimándose día a día por su creciente distanciamiento del pueblo y sus necesidades reales, pretende coartar su libertad de expresión, cercenándole la lengua, al par que también le cubre muchas veces los ojos con todas las vendas posibles.

Bastante curioso, porque ese pueblo, que está prácticamente sometido desde hace años, que ve recortados unos cuantos de sus fundamentales derechos y logros adquiridos, sin embargo, es dócil: todavía ni siquiera ha logrado levantarse ante el emperador y decirle: “sí, aquí estamos”; “procede como quieras, que no damos un paso atrás”. No es un pueblo amotinado ni insurrecto. Muchas veces se limita, al menos por aquí, a ponerse un pito en la boca y caminar por la Gran Vía. y todavía D. Jorge Fernández y D. Alberto Ruíz reglamentan y proyectan legislar, llevados de la euforia de sus once millones de votos, para exigir multas increíbles y procedimientos administrativos a los díscolos aún cuando todo está como una balsa de aceite. El siguiente paso, el que queda, será el del procedimiento sumarísimo.

¡Qué será cuando la gente decida expresarse con más contundencia, la que sea, que para el caso es igual y no soy adivino: ¿echarán el ejército encima? Bueno, supongo que si tal llegara las Sras Santa María y Cospedal tendrían muchos argumentos para esgrimir probablemente. Y bueno, ya nos faltaría que don Rouco también pusiera su granito de arena, tan dado al consejo evangélico en cuestiones extraevangélicas, porque de las intra se olvidan que da gusto.

No, no es tan disparate lo que digo; entre tanta tropelía es sabido que el presidente del gobierno ha limitado a dos los medios que pueden preguntar en sus comparecencias y además se permite elegirlos por si fuera poco; información del Diario Público entre otros, precisamente el pasado 13 de diciembre, en el santoral dedicado a nuestra Lucía de Siracusa, bajo este titular:

Moncloa impone la 'ley mordaza' en las ruedas de prensa de Rajoy. “La Secretaría de Estado de Comunicación rompe el pacto de más de una década entre los periodistas y se reserva la decisión de elegir qué medios preguntan". Mordaza y venda a la vez.

Definitivamente, se debería tener la sensación, si no se está en las nubes, o si las vendas no hicieran todo su efecto sobre nuestros ojos, de que Diocleciano legisla contra el pueblo; y así parece cuando se arroja sobre él lo que llaman “Ley de seguridad ciudadana”, y su reglamentación adyacente, mediante la cual, presumiendo que no basten las fuerzas y cuerpos que tienen a su mando se arrogan también esbirros de la empresa privada. Y es que en esto de lo privado nuestros gobernantes actuales se dan un arte increíble, en varias direcciones: primero expolian todo lo público, lo del pueblo, y se lo entregan a las manos privadas, después autorizan a las manos privadas a que reduzcan a sus operarios a la categoría fáctica de esclavos. ¡Qué bien lo hacen!, y si los esclavos hablan, además de los ojos les cortamos la lengua.

Negocio redondo donde Europa es reina plena, señora de la injusticia en pocos años. Y pregunto yo: ¿qué sucedería si a pesar de todo el pueblo, como aquella heroína, siguiera viendo y hablando? Por ejemplo, ¿si un partido realmente popular, no popular de mentira, llegara a tomar las riendas y decidiera -un suponer- no pagar la deuda a Alemania, vaya, o no pagarla toda, o fraccionarla sin interés alguno? ¿Se atrevería Alemania a echarnos encima la OTAN? Si sí serían unos bastardos. Y si no, ¿a qué esperan? Porque hay tanta deuda como presupuesto. Mas esto no preocupa mucho, porque con ley de seguridad ciudadana, vendas, recortes y continuidad en bailar los mismos, los de Diocleciano, resuelven nuestros queridísimos gobernantes todo el problema tan ricamente, nunca mejor dicho. ¡Ah, y con otros ingredientes: por ejemplo, usando el calificativo de populares, o esgrimiendo al amigo Serrat en campaña electoral, esparciendo aquello de “para la libertad sangro, lucho, pervivo”: ¡ellos con Serrat y Miguel Hernández! ¡Qué sinsentido! ¡Qué venda y qué caramelo envenenado!

Aun cegado el pueblo puede ver, y dotarse de representantes que resuelvan la crisis de forma justa y equitativa. ¡Los milagros a veces son posibles!

Pedro Egio

sábado, 12 de octubre de 2013

MAYÚSCULA MEZQUINDAD

La de las relaciones capitalistas, sobre todo al no verse apremiadas por el pasado fuerte Socialismo del Este, ni por reivindicaciones de una bien organizada clase obrera. Ahora, aun en crisis, y más aún por ello, el capitalismo campa por sus respectos, al trote, deshaciendo mucho más que haciendo, dándose prisa por desmadejar el ovillo que antaño tejió quizá muy a su pesar y que ahora ignora sin hipo alguno.

Igual o aún más paradójica la pasividad de las clases menos pudientes ante ese desmantelamiento, principalmente de sus recursos, servicios y derechos, aunque mucho se ha escrito para explicar esa paralización. Las masas, las que aún viven con cierta holgura, se aferran al mínimo bienestar alcanzado. Una pasividad labrada hábilmente por el sistema y sus medios de comunicación, su forja de ilusiones mediante la publicidad constante y la falsa recompensa al consumo, generando solamente valores superficiales: eres feliz si tienes el máximo de objetos que se te ofertan, tan fáciles de alcanzar en teoría. La felicidad como logro individual, derivado de seguir patrones parecidos cuyo núcleo esencial es: ¡compra!, ropa, tecnología, coches, viajes...

Por lo demás la cabeza puede estar perfectamente hueca. Incluso es lo más aconsejable para que la cadena se desplace a velocidad adecuada, de forma que la suma de esas felicidades aisladas sostiene todo el entramado, al garantizar el movimiento del capital. Pero si la satisfacción no es general, ni los beneficios revierten en todos, el sistema no sólo deja de ser moral, probablemente pueda dejar de ser viable, al menos será insufrible para muchísimos.

Si a este nirvana, suma de mezquinas felicidades individuales, le sumamos la habilidad política de restar importancia a las necesidades del trabajador, el arte de ningunearlo constantemente, de ningunear incluso igualmente a quien no trabaja -ningunear pues a casi todo hombre-, y el arte de velar los daños colaterales de la producción desmedida sobre el entorno, más esa facilidad para crear discursos en que lo esencial es el individuo, cada cual por su lado, tenemos justo el espacio en el que estamos; una inmensa siesta durante la que se nos birla el bocadillo y bostezamos diciendo: “bueno, ¡me queda el smartphone!”

El sistema social, de dimensiones prácticamente globales, ha generado individuos, conciencias separadas entre sí, sólo unidas en un fin común: la búsqueda del placer cada uno por sí, aunque de vez en cuando nos arracimemos en grupúsculos o en cantidades mayores, como ante un “evento”, deportivo, religioso, o similar. Pero más allá carecemos hoy de la habilidad para caminar codo a codo, como no se produzca una catástrofe, en que ya el Estado apenas sí puede responder. Viene bien aquí aquella maravilla de poesía de Benedetti, cantada por Nacha Guevara en que, contra el individualismo inoperante, se decía:

“Si te quiero es porque sos mi amor,
mi cómplice y todo,
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia”.

No se trata de defender el rebaño, que nada sublime elabora; ni la masificación donde, decía FREUD, descendemos a lo más ancestral, evaporándose los logros de la cultura. Pero sí de superar esa excesiva granulación que sistémicamente nos atenaza y tender puentes entre nosotros mismos. Cierto que echamos de menos formaciones más atrevidas, defensoras del interés de todos los ciudadanos, en nuestro espectro político que puedan vehicular relaciones más justas; pero también lo es que la solidaridad y la contestación ayudará a incubarlas. El triunfo de Merkel en Alemania no prueba que esas formaciones más justas sean extemporáneas; sólo prueba que ese ambicioso país está dispuesto a seguir alimentando un sistema social que a ellos tanto favorece; exportar esa sensibilidad política es inconsistente, porque implica que la mayoría vote contra sus propios intereses; vote la continuidad de situaciones altamente injustas. Ésta es precisamente la alienación, siempre por desgracia posible, la misma que el sistema se preocupa muy mucho de generar, como todo un imaginario que parece procurar los intereses de un colectivo, pero que realmente lo despistan y atenazan como falsa salida; ideas y prácticas que incluso benefician más al antagonista social.

La urgencia en tender dichos puentes de comunicación entre individuos alejados, en hacerles ver sus verdaderos intereses, no debe ser puesta en tela de juicio, con las alienantes consignas sobre que “estamos superando la crisis”, o que “vamos a recoger los frutos del gran esfuerzo”. El individuo puede saber perfectamente todo lo que se ha perdido en el camino: mucho, aunque se quiera ocultarlo y que continúen en el engranaje los que aún puedan; mas el grado de insuficiencia e insatisfacción, el deterioro de las condiciones ambientales, apenas son recuperables y deben hacer que tomemos conciencia y caminemos codo a codo contra todo canto de sirena que siga vendiendo sin más unas relaciones capitalistas cada vez más draconianas, o contra la alienante sospecha de que la vida política es siempre infructuosa para el pueblo..

Antes de ocultar los horrores que tantos padecen por el desenvolvimiento de un sistema indecente, pongámoslos sobre la mesa y avancemos codo a codo, sin violencia, pero con total decisión; siendo positivos pero no gozando por separado de la vida, sino con conciencia de clase social, la de los jóvenes, trabajadores, aún no trabajadores, pensionistas, que no explotan al prójimo, sino que exigen condiciones justas de vida, servicios adecuados, porque todo ello es posible, organizando la sociedad según este justo fin, y no encaminada a las faltriqueras de unos pocos.

Publicado en La Opinión de 12 de Octubre de 2013

sábado, 29 de junio de 2013

Demasiado tiempo inmersos en la zozobra


en el temor de lo que aún quede por venir. Y lo peor: advertimos cómo mienten nuestros gobernantes al decir que ya entramos en la recta de la recuperación. No aludamos a otras cuestiones fangosas; basta con estas tres noticias para saber que esa afirmación es un artificio político. El posible rebrote de ETA, pero aún más, la reducción de las Pensiones y al menos el planteamiento de la bajada del salario mínimo muestran que las cosas siguen mal y que no se sabe, no se quiere o no pueden ser enderezadas. .

Y en estas jodidas circunstancias lo terrible no es que la deuda crezca o que el Capital y quienes lo agitan tiemblen o tengan un gemelo menos que colocarse en la muñeca. Lo jodido es que hay mucha gente ninguneada sin consideración alguna, desde luego que en nuestro país y en todas partes sin que apenas se alce el clamor de Congreso, Senado u otras instituciones: antes que el hambre les interesa el aborto, el matrimonio homosexual, apañarse el sistema educativo, etc., velando la cruda situación de ya tantas familias.

Así tal, quiero hacerme eco de una propuesta que tiempo ha hemos tratado varias personas, sin saberla encaminar mejor, por ver si contribuimos a un clamor que conduzca, ya que no a cambiar el rumbo de las cosas, al menos a paliar tanto sufrimiento.

Hace tres o cuatro años daba en pensar en la necesidad de un a modo de cónclave de expertos de todo el mundo que, con toda seriedad, intentaran delinear una salida a este callejón del Capitalismo decrépito y asesino; probablemente un anhelo delirante de mi parte. Ahora estamos llamados a ser con urgencia más prácticos. Se trata de clamar por la supervivencia, por el sustento de muchos, no en el Cuerno Sur de África o Pakistán, sino en Madrid, Albacete, Murcia...

Es cierto que parece como si en las cabezotas de muchos agitadores del capital -casi “terroristas” ya del capital- rondara la cínica pregunta de: todos esos que se hunden en la miseria, ¿pa kis tán? ¡Sobran! Pues no para ser ninguneados.

Seamos prácticos. ¿No podemos cambiar el orbe?; más aún: ¿queremos que los Estados afronten una deuda que no contrajeron, descuidando hasta servicios básicos?, ¿–queremos que se queden sin ellos y paguen con sus últimos estertores aquellos que no sabemos “pa qui están”? ¿No somos capaces de reunirnos para buscar una salida honrosa? Absolutamente imperdonable, Porque cuando buscamos dividendos sí que somos capaces de entendernos y forjar mil congresos y Encuentros a bien alto nivel, sin escatimar ostras y champagne.. Pero aún más imperdonable dejar morir a nuestros semejantes.

Seamos prácticos. Esta es la propuesta que ya cabe hacer, ingenua sólo para los acomodados y cínicos: establezcamos desde el mismo Estado un “fondo de beneficencia” ya, para personas sin recursos. No continuemos debatiendo si debería ganar las elecciones tal o cuál formación política más sensible alas necesidades del pueblo –que también-. Tracemos ese “Fondo de Beneficencia, Asistencia“, por razones de justicia social y no por otras, dotándolo de recursos más o menos voluntarios, administrados por la Asistencia Social, que tan importante papel desempeña desde hace muchos años en nuestro país, en Ayuntamientos, Comunidades y el ámbito estatal.

Tal Fondo, como digo, respaldado por el Estado debería tener un funcionamiento más serio y discriminativo que el de ONGs más o menos benefactoras. Estaría capacitado para publicitarse y gestionarse de forma más potente. Tendría la marca del Estado Español, incapaz por otros medios de echar una mano a ya gran parte de ciudadanos que van sumiéndose en la miseria sin misericordia alguna de sus semejantes menos desgraciados. Se trataría de una institución nacida en momentos duros, críticos, como cuando sobreviene un terremoto o cualquier otra catástrofe; sólo que su parcela de actuación es mucho más ancha y duradera: ¡Qué le vamos a hacer, si estos son los efectos colaterales, y no tan colaterales, del Capital!

Tal fondo recibiría aportaciones voluntarias o incluso podría recaudar mediante imposiciones a fortunas determinadas por su monto, según baremo a establecer. Debería tener sus recursos en la Hacienda Pública y facilitar a todos un número determinado de CCC para nutrirse y mantenerse diariamente.

Esto es ya algo imprescindible, y nuestros gobernantes no pueden ya mirar hacia otra parte; porque se les ve el plumero, el ansia por salvaguardar un estatus más allá de las exigencias europeas, cuando lo que debe vérseles es el ansia de servir a todos sus conciudadanos, que les dieron el voto sin merecimiento alguno recibiendo a cambio toda la mierda que les prometían evitar.

Obvio es que este no será el mejor estado de las cosas, pero sí es el adecuado en tanto se genere exclusión de forma tan brutal. Analizar el porqué de esta situación, tender a superarla como sea seguirá siendo obligación de los gobiernos, pero entre tanto estaremos evitando parte del dolor.

¡No hablamos de lucha, sino de Justicia!, ¡no de limosna sino de derecho!, ¡no de misericordia, sino de vergüenza!, esa que tantas veces le falta a quienes tanto cacarean ahora defender el interés general. Si tal pretenden consideren la necesidad de proteger, si no con recursos de la nación, al menos sí de las gentes que aún pueden vivir holgadamente, a todos los vomitados ya del sistema productivo. Organizar esta especie de colchón es justo y necesario. Parece que sólo serán excusas argüír que ello acostumbrará a la molicie de las personas, o que conducirá a detener el desarrollo del país.

si el sistema genera pobres el sistema debe a la vez atenderlos y procurar no generarlos.

(Publicado en La Opinión, el 29 de Junio)

domingo, 16 de septiembre de 2012

¡Padre nuestro!

¡Padre nuestro!,

Que deseamos estés en el agua, en la tierra, en el aire,
y no sólo en el primer y lejano aliento de todo;
que debes estar incluso de alguna forma en nosotros, no sólo allá,
como cuando decías lo que hiciéremos al otro a ti mismo lo hiciéremos;
que debes de estar más en nuestra mente que en nuestros torpes deseos:

   no ha de importarnos decir bien tu nombre aunque tantas veces parezcas ignorar a tus hijos, al menos en lo qqque a lo material respecta,
cuando a tantos nos dejas morir de hambre, nos permites tullidos, pisoteados, ninguneados, exprimidos
-ponle que a unos seis mil quinientos millones de siete mil-.

   ¡Padre, Señor!: justicia allá y acá,
y si no es mucho pedir más acá: que allá no es preciso pedirla, pues siempre se piensa que tal habrá,
porque si allá tampoco la hubiera podrías haberte guardado todo el trabajo,
o al menos haber descansado el mismísimo sexto día.
Queremos no ser doblegados más con la injusticia, si no es mucho pedir;
Que el quique suum no sea dudoso y aún más claro el neminem laedere
Que la humanidad deje de ser mancillada por una parte de sí misma;
Que dejen de despistarnos con que tu reino no es de este mundo para que nos pongamos a la tarea de mejorar este, que también es tuyo.

¡Sí,muéstranos que también en estos cruciales asuntos tu querer es poder,
acá y allá, allá y acá!

danos nuestro pan hoy, mañana y pasado,
no sólo un mendrugo sino una vida digna a todo hombre, parecida a la de su congénere, como nosotros, padres, igualamos a los hermanos;
da nobis pan y labor justamente remunerada;
grano para todo granero, tú que dijiste que vestías a todos los lirios y pájaros
y de paso, por favor, espanta a las urracas;
hazlo tú, aunque tengamos que ayudarte en la tarea,
que a veces pareces haber devenido muy sènior, para desgracia nuestra;
o al menos incúlcanos tu sabiduría de gran anciano, sóplanos en nuestras orejas
para encontrar el camino de acá redimirnos
y mejor allá llegaremos, si es que a algún sitio tras esta mala noche.
Déjanos hablarte así entre nuestros pucheros
y que en ellos no falte comida,
si más que a lirios o a pájaros nos hiciste.

et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris!,
así sin rubor rogamos esto y esto manifestamos,
que estos cristianos tantas veces con espíritu de banqueros
cambiaron hace poco el "débito" por la "ofensa":
sabían lo que se estaba cociendo y procedieron como en el siglo II,
intentando despistar, suavizar y aun disimular esta petición del perdón de lo debido;
y sin embargo, cuanto bien haría que se humanizaran las condiciones de la deuda:
pero los que se llaman tus hijos poco traslucen del padre;
quizá nos quede el consuelo de que es más fácil
que un camello pase por el ojo de una aguja.
¡o no!: no nos bastan consuelos espirituales mientras muramos realmente de hambre.

Et ne nos inducas in tentationem!, retira la tentación
a los estafadores, a los explotadores, a los falsos,
a todo sepulcro blanqueado por fuera;
la tentación de seguir fingiendo, explotando, aparentando, estafando,
aunque esto es volverte a pedir la cuadratura del círculo,
después que dices habernos hecho libres, o no habernos hecho así, que es igual,
pues de una u otra forma la historia continúa caminando.
te lo pedimos aunque sabemos y comprobamos
que estás tan maniatado por tus propias reglas
como lo estamos tantas veces nosotros por nuestros vicios;

¡Sed liberanos a malo!, aunque cuando así oramos
comprobamos una y otra vez que el mal nos conturba cada segundo,
pareciendo que sólo nosotros tenemos la llave de la redención,
que habremos de intentar tantas veces, así tantas salgan mal,
pues intentarla nos hace más dignos que engañarnos y bajar la cabeza.
Libéranos, si no de todo mal,
al menos de pensar que todo está perdido.


miércoles, 25 de julio de 2012

Lo que nos está tocando vivir


es de tal repugnante jaez que difícilmente aportaré cosas atinadas, sobre todo si uno está tocado por los dioses con la desgracia de un carácter bipolar, que quizá ahora no esté en su peor momento, pero que siempre preocupa. Además soy ciego. No es cuestión de contar más desgracias, pero padecerlas las he padecido en número suficiente debiendo uno estar preparado para afrontar las nuevas, incluída la ineludible de despedirse huius lacrimarum vallis.



Con esta fuerza de mi situación personal, apenas pincelada y mis 53 años de vida, me atrevo a escribir y escribo, que me revelo hasta donde me es posible contra esta locura de los últimos coletazos de un sistema, el capitalista, que está zampándose, no sólo ya gran parte del tercer mundo desde épocas coloniales, sino ahora sus propios pies, principalmente la Europa Occidental, su baluarte más brillante, su delineadora e ideóloga. Zampándose el optimismo de la época ilustrada, la delirante idea burguesa de que progresamos sin fin. Pensábamos: “salvándonos individualmente por cualquier medio nos salvamos todos”.



En la segunda mitad del XIX la Izquierda Hegeliana criticó ya ese mundo feliz teorizado porHEGEL, que presentaba a la sociedad del momento como expresión de los últimos despliegues de un Espíritu que camina realizando su absoluta perfección.MARX era el joven más brillante de entre aquellos. Desde entonces los intelectuales más atrevidos, más comprometidos, menos encadenados a tópicos e intereses mezquinos, también gran número de artistas, transitaron esta senda de crítica al estado de cosas, poco favorable para la realización del hombre. Hemos vivido la experiencia de las revoluciones obreras, también sus asfixiantes dictaduras, ambas guerras mundiales, un progreso posterior desmedido y ahora este tremendo crack, anunciado por aquellos intelectuales y artistas –también la Escuela de Frankfurt- no conformes con los bríos que iba cobrando el capitalismo, como sistema de usura e individualismo moral y sin cortapisas.



Voy a mi asunto. Desde mi experiencia, buena o mala, señalo que la solución de nuestros problemas vuelve a pasar, si queremos organizarnos contra esto que todos cacareamos ya como “profunda crisis”, precisamente por KARL MARX, por sus ideas más genuinas, más lúcidas de lo que generalmente se admite sin conocerlas bien. No podemos permitirnos el lujo de perder de vista su análisis de la realidad, de lo social; su desenmascaramiento de los intereses de los opresores; la idea de la infraestructura, que informa o mapea a la superestructura, es decir, de que los intereses más inconfesables forjan los discursos, las creencias, el imaginario colectivo; de que el cambio de cosas debe ser promovido por los peor situados -obviamente muy importante-; de que la historia es movible, de que las cosas pueden cambiarse, tomando plena conciencia; de que toda acción revolucionaria debe servir realmente –no ideológicamente- al bien común, a todos los hombres; la distinción entre análisis rigurosos, racionales, científicos, versus discursos ideológicos montados sobre intereses de unos pocos, gobernantes, clase opresora, explotadores. Todo esto esta en MARX y sigue siendo absolutamente fundamental y útil; así como el respeto a la naturaleza y detestar toda vehiculación de esta para uso y explotación de la minoría.



Muchos hemos caído en las redes de este sistema absolutamente inhumano, que, sin ir más lejos, desprecia a 6 millones de españoles y a los demás; les engaña, les promete la felicidad en cada recorte de sus derechos más fundamentales, vendiéndose plenamente a los intereses europeos, que es lo mismo que decir de Merkel y unos pocos más. Pero es hora de encarar las cosas, de quitarnos lastre, dudando de tanta palabrería de un sistema que se resquebraja. DE hecho, ya nadie cree que Europa y sus instituciones salven: ¡mentira!, y si usted se lo cree señor Rajoy raya la oligofrenia. Esta Europa, ésta, no salva.Nadie cree en la cientificidad de Standard and poor, Fitch, Moodi’s, ni en la inocencia de los que a ellas se inclinan, ni siquiera en las pocas reglas neoliberales: “mueve dinero para que indirectamente todos salgamos ganando”. Las agencias de calificación de riesgos barren para los intereses de los especuladores aunque se escondan en proporciones. Las verdades del sistema capitalistas son verdades parciales, interesadas, por mucho que una minoría nos machaque con todos los medios a su alcance sin reparo ni vergüenza, y más sublevante aún, con la complicidad de casi todas las iglesias; desde luego, no es lo mismo la inocencia de un creyente sin apenas formación que la perversidad del discurso religioso alienante de determinadas figuras ni su misma responsabilidad para con la humanidad. Por cierto “alienación” también es palabra central en la forma racional, humana, de encarar el mundo la teoría marxista.



Me imagino que pocos lectores han gustado de seguirme hasta aquí. Retomo mi apunte central: no he repasado las atrocidades, económicas, las injusticias, los atropellos ecológicos, etc., que casi todos estamos padeciendo, aún en mayor o menor medida. Este repaso lo hacemos cada día, bien descafeinadamente por los medios de comunicación al uso, bien con mayor responsabilidad en la prensa más adecuada o en Internet como espacio menos tutelado por la oficialidad. Prefiero intentar pincelar alguna salida. .



Prácticamente necesitamos un “nuevo orden mundial”. Podemos suponer: 1 que tal no llegue jamás y el actual se desmorone poco a poco, ahogando cada vez a más personas, con reyertas desorganizadas sin alcanzar nada interesante para todos, y la suma de los desastres climatológicos que nos hemos labrado, etc.; o, 2, que tomemos conciencia plena de la situación, que los burlados por el sistema -cada vez más- y cualquier mujer/hombre de bien, nos acojamos a consignas racionales de acción, buscando el bien general, realmente –no ficticiamente-; procuremos enderezar la historia, evitando caer en dictaduras fuertemente incómodas.

Claro, ideal sería una tercera alternativa, demasiado idílica: aquella que, no sin el empuje de una amplia masa lo más consciente posible, más todos los movimientos afines de “indignación”, en crecimiento geométrico, consiguiera de las actuales instituciones del sistema la realización de un “concilio” para el diseño serio de un nuevo orden mundial que sustituya al neoliberalismo. Nos evitaríamos muchos disgustos. Todo Esto es brutal, casi irrealizable, pero con parches de los interesados neoliberales seguiremos hundiéndonos en el pantano.


MARX TIENE MUCHO QUE ENSEÑARNOS AÚN.





Pedro Egio





jueves, 5 de julio de 2012

Se piensan

Se piensan que van a poder reírse del pueblo, o bueno, de las gentes de bien, hasta la saciedad y sin límites. Se piensan que se van a salir con la suya, exprimiendo el percal, como decimos por acá, hasta los últimos momentos en las postrimerías de la Tierra, como si ante el Apocalipsis todo valiera, ajenos por completo a cualquier toque de trompeta que anunciara la inminencia de un Juicio restablecedor, donde parece que hubieran comprado también los puestos a la derecha del juez, acostumbrados a negociarlo todo, al tanto tienes tanto vales, al que siempre cuenten bulas, al amasar tesoros acá que muy largo me fiáis el allá, o convencidos de que las iglesias les harán cohorte como les acaece, para más INRI. Esperamos que no siempre rían impunemente; que las gentes de bien, organizándose, comiencen cada vez con más empeño, con más contundencia, aun con respeto a personas y cosas, a clamar sin titubeo, ora por el sureste, ora al noroeste, ya un sector social afectado por tanta tropelía, ya este otro, ya a lo Fuente Ovejuna; a dejarse oír, más alto, sin equívoco, desenmascarando a opresores y vampiros. Dejarse oír, desenmascarando las verdades del mercado, que ante el hambre se reducen a patrañas. Verbo y gracia: Cada vez más ciudadanos perciben que la Prima de riesgo es mayúsculo engaño y gigante insolencia, que tales primas pretenden dar sensación de seriedad donde sólo hay flagrante delito, guiño hecho para encarecer la deuda, forjado por individuos del bando de los acreedores. Estos ayudan a placer a los compradores de deuda, pacientes arriesgados, aparentemente iluminados por tres dígitos bien sui generis, que para nada han acertado en riesgos como el de la quiebra de ENRON o Lehman Brothers: menudos fareros, más bien faroleros, exponen esa tríada fetiche donde dos dígitos bastarían, seguro que para impresionar más, para conferirles una cintificidad dudosa y también para justificar lo injustificable; burdo insulto a millones de seres humanos. Y cuando Merkel, una democristiana que de cristiana no puede presumir mucho y de demócrata sólo probablemente las circunstancias, exige cumplir y cumplir lo pactado hasta el último maravedí, más que política preocupada por la generalidad parece un coronel ramplón, que pisotea lo que se tercie por salirse con la suya, sin mirar por Europa entendida como la suma de sus países, sino capitaneando a una Alemania voraz, que sólo saca para sí beneficio, pretendiendo ignorar que la mayoría de pactos los ha conseguido desde una situación de prepotencia que debe comenzar a abandonar por varias razones: porque no está el horno para bollos y porque ella misma empieza a ser tocada por su empecinamiento y su descuido de promover crecimiento. ¿Cómo no hablar en estos términos cuando se van esquilmando todos nuestros servicios y pisotean todos los derechos que hagan falta para exprimirnos más y más?, ¿cuando quieren tapar todos los agujeros de bancos desastrosos con el dinero de la ciudadanía y aprovecharse y volvernos a prestar para intentar cobrar más y más intereses? ¿Qué se merecen que les llamemos, a los europeos que cierran a cal y canto el Banco Central? ¿Yy a nuestros propios políticos, falsos como Judas, que le siguen a aquellos la corriente antes que defendernos y enfrentárseles diciéndoles “¡basta ya!, estrujémonos la cabeza porque no queremos seguir pisoteando a nuestro pueblo”. Pero no: mejor se llenan sus barrigas de viento, alargan el cuello y confían en que vamos a seguir obnubilados con sus cantos de sirena; se piensan que vamos a permanecer siempre igual de aborregados, y no será así, porque la gente tiene pundonor, tiene clase, y sabe perfectamente que está siendo choteada, diariamente, cuando se le repite: “recortamos para volver a crecer, para haceros nuevamente ricos, hijos nuestros, benditos incredulillos, parvulillos jaleantes que poco haríais sin nosotros, vuestros desinteresados protectores”. Falso, protectores de pacotilla al servicio del capital alocado. No somos árboles, que podados damos más fruto; eso es lo que el europeo de arca insaciable y el especulador a lo Montecarlo desearía: podar, podar, para que crezcan nuevas ramas. La Humanidad es algo mucho más grande y serio que todo esto y si nuestros mediocres políticos, nuestros insaciables banqueros tan al límite de la delincuencia cuando no son directamente delincuentes, no quieren reconocerlo aún, deben entender que el camino puede ser también para ellos más penoso de lo que esperaban. Comenzarán a vernos frente a sí, asistidos de la verdad, de la necesidad de satisfacer nuestras primeras necesidades, y de las secundarias tan legítimas como aquellas, del derecho a mantener lo logrado mientras haya un euro, porque mientras haya un euro debe ser destinado a todos y no a cuatro guapos, a los bolsillos de desalmados y destrozapaíses con el cuento de hacer fuerte y creíble a Europa, en la que nadie empieza a creer, a la que desde el G20 por ejemplo se le exigen otras medidas, más allá del parqué. Qquién puede creer a esta Europa de Merkel y unos cuantos trapicheros más, que se miran el ombligo y escupen con desprecio hacia la chusma, aunque caiga en el umbral de la pobreza, tenga o no bocado, niños, ancianos o quienes fueren. Ellos mismos, ellos solos han deshecho su credibilidad, al aparecer ante el mundo como los tremendos usureros y defensores de usureros que son, antes que benignos rescatadores de nada. ¡Mentira!: no rescatan, echan gustosos una cuerda alrededor de los cuellos de las naciones, atracan, meten la mano en las carteras y exigen cada vez más satisfacciones, como auténticos sátiros, sodomizan sin casi rubor, aunque parece que se atisbara un comienzo de rubor en sus caras, porque se están dando cuenta que la pendiente no permite mucho freno y esto bueno no ha de ser, no sólo por la mala marcha de la cosa económica ya, sino porque cada vez más los sodomizados van comprendiendo que este toqueteo soez de derechos y bolsillos no puede ser mandamiento racional, sino tosco manoseo inadmisible que debe volverse contra ellos y sólo a ellos estallarle. Pedro Egio

viernes, 6 de abril de 2012

Una Europa desfigurada

No señores: esta Europa no recuerda para nada a la de los logros intelectuales, morales, culturales de pasados siglos: no recuerda para nada a la Europa de BEETHOVEN, DE MOZART, DE LUTERO, KEPPLER o GALILEO; tremendamente sórdida, más cercana al Papá Goliot de BALZAC o al Don Mauro de Galdós. No parece la descendiente de la Grecia inventora del logos, de ARISTÓTELES, DE PLATÓN, de SÓCRATES; y sí más a un salón recreativo, lleno de máquinas ruidosas y “tragaperras" con la panza llena de monedas escupiendo unas pocas de vez en vez.
¡No derrochar!: obvio. Pero tampoco la usura de entregar tributos a su Banco Central para que preste como quiera y a quien quiera, por ejemplo, a las bancas privadas de sus países miembros, antes que a los estados, olvidando absolutamente sus más brillantes ideas, las de la Ilustración, aquellas de la Igualdad, Justicia y Fraternidad humanas; que la de Libertad la usa sólo a título mercantil.
No, no podemos marginar la organización de todas las cuestiones económicas, pero concedamos a la infraestructura su lugar, al servicio de todos los demás bienes humanos. Junto a “Marta” hace falta una “María”, pero no lleguemos a tergiversarlo todo para hacer de nuestras vidas piezas al servicio delmercado.
¡Hay Europa!, que empiezas a recordar más al imperio de los Reich -todos obligados a marcar el mismo paso, con el mismo pié-, que a la de frente ancha y alambicados pensamientos, la de KANT, la de HEGEL, la de marx o SARTRE... ¡Cómo estás marchitándote! Más pareces triste oficina de empréstito que reunión de países medianamente avanzados. Decían que Viniste de Fenicia, raptada por el mismo Zeus bajo la forma de un toro blanco, pero ahora, en vez de hacer honor al abecedario sobresales más por tus artes mercantiles, srecontando monedas con cuidado de recoger el polvo del metal para forjar otras.
Y es que hete aquí que ahora, antes que declamar que todos los hombres somos iguales, te dedicas a salvar a los ya ahítos y dejas indigentes sin sonrojo a tantos de tus hijos. Clamas por la libertad, pero una libertad fingida, como señaló MARX, mucho más inteligente y certero de lo que lo asumimos, sin haberlo leído muchas veces ni por el forro: la libertad de la teoría económica de principios del XIX,la de SMITH o RICARDO, no es auténtica, porque es más libre siempre quien más tiene, para hacer lo que quiera, o para sacar adelante a su familia. El capitalismo nos dice: eres libre, como todos lo somos, mendigos o potentados. ¡Cambia de empresa, muévete, actúa, eres libre para todo eso! cinismo: cualquiera sabe que los libres son los que tienen, sin entrar a ver cómo lo han conseguido. Lo cierto es que el que tiene puede vivir y el que no, no.
El siglo XX pareció comprender que no era conveniente ser tan ruin y fue permitiendo el tejido del estado del bienestar, para que los servicios básicos estuvieran al alcance de todos: de sus trabajadores, de los discapacitados, de todos los hombres. pero Ahora, en las vacas flacas, le vemos de nuevo al capitalismo –como en el XIX- su verdadera faz: en las vacas gordas es fácil repartir migajas; en las flacas no nos tiembla la mano para volver a esclavizar a los que sostienen todo precisamente con su sudor. Y esto es más contradictorrio, más paradójico si nos damos cuenta de que las vacas han enflaquecido no por satisfacer a quienes menos tienen, no por la progresiva implantación del estado del bienestar, sino por el derroche y el hjuego incesante de casino, por la incesante especulación de los más poderosos.
¡Hay Europa, no tan honrosa: colonizadora, dictatorial, y ahora desfigurada hasta el punto de simular tus feas arrugas con el cosmético de no tener números rojos, pero permitiendo que tus países sean tratados como prestatarios que se endeudan hasta las cejas, en manos de prestamistas sin ningún excrúpulo, que los exprimen hasta la última gota de sangre para mantener el neoliberalismo más crudo que cada vez comienza a beneficiar a menos gentes! ¿Cuándo volveras a lucir tus galas, no de ricachona fingida, sino reflexiva, buscando soluciones para todos los hombres, iguales por definición, y empíricamente, como puede constatarse mirándoles al nacer y morir?
Todas estas reflexiones pueden ser aprobadas a la vez por personas de izquierdas y por los que de verdad se sientan cristianos; por toda persona de bien. Sin embargo, parece qque nuestros legisladores, bien pertrechados y apoltronados, en gran medida sostenidos por los dineros de los de abajo, legislan sin temblarles el pulso para los más pudientes, y más o menos nos dicen: “lo hacemos con mil amores, para que todos nos salvemos”.
Pero, ¿qué podemos esperar de ti, Europa de nuestras entretelas? ¿Cómo contentar a nuestros hijos sin futuro, a los más desfavorecidos, a nuestros ancianos?: ¿que deben de fastidiarse porque lo has gastado todo por el estado de bienestar, cuando sabemos que no es cierto?, ¿que la codicia de la especulación, la libertad descarada en las finanzas, el descuido de los ricos ha enflaquecido y parece querer seguir enflaqueciendo más día a día tus cofres?
¡Y nosotros que renunciamos a nuestra propia moneda pensando que nos uníamos a la Europa de los grandes valores sociales y culturales...!, ¡que recibiríamos beneficios nunca antes inalcanzados! ¿Podrás levantarte en algún momento nuevamente sobre ti misma, para dar a luz ideas realmente emancipadoras para todos? ¿No podrías tomar sobre ti de nuevo la tarea de repensar un nuevo “orden” más justo, de diseñarlo y de cómo llevarlo a la práctica?

miércoles, 4 de enero de 2012

Y ya tenemos aquí imperante a RAJOY

Y ya tenemos aquí imperante a Rajoy.

Poco ha tardado en vérsele el plumero. Ninguna reducción en sueldos y prevendas de los señores políticos, promesas de mayor protección a los empresarios, subida de impuestos contra sus propias promesas sin protección del fraude fiscal ni mucha diferenciación de tramos, congelación del salario mínimo, congelación de plazas y sueldos de funcionarios, subida de pensiones sin mimar las más bajas...; y en varias Autonomías, por ejemplo en Castilla La Mancha, privatizaciones de áreas esenciales para el ciudadano, véase los hospitales de Tomelloso, Villarobledo y Manzanares.
¡Totalmente desconsolador! La crisis la paga el menos pudiente.
Alguien faltando al gusto osará decir: "¡pues si te quejas de esto que vuelva Zapatero!". Zapatero evidentemente se acobardó ante los mercados y su tremenda presión, traicionando las siglas que representaba, procediendo desde 2008 como un neoliberal más; bueno, algo más moderado, porque Rajoy se está mostrando todo un buen corredor de fondo, y eso que dice guardarse para después de las Andaluzas. Claro que Mucho más indigno y ramplón es seguir pregonando que aquél ha sido la causa de este inmenso desbarajuste, en Europa y parte del extranjero.
Está claro: algo no va muy bien en este mundo. ya sabemos desde hace siglos que esto se parece bastante a un “valle de lágrimas”, que el hombre es ángel caído de todas sus prerrogativas de ángel, y siempre hemos intentado mirar al cielo para paliarlo; pero la sociedad de los últimos 20 o 30 años está atravesada por tremendas contradicciones, por ejemplo, la técnica más avanzada y las carencias más fundamentales para cada vez más población. Se complican las cosas y el Capitalismo lame sus heridas con más capitalismo, sin lograr los resultados esperados. Problemas complejos que queremos solucionar ahogando a los más débiles, entre ellos a los trabajadores : precisamente quienes modelan en primera instancia este mundo, sin querer compartir con ellos la carga de esta delicada situación.
¡Inconcebible! ¿No podrían probarse otras salidas, más allá de exprimir al personal para que los bancos puedan seguir dilapidando y haciendonos flaco favor > ? Por ejemplo: y sin entender mucho de economía, pero quien sabe si esto es mejor, porque ya vemos para qué vale saber mucho de economía: ¿no podríamos fijar también un "salario máximo"? ¡Oiga,!: no eche muy rápidamente de lado esta proposición que, claro, a muchos sonará escandalosa. ¿Por qué no? ¿No se trata de la preservación del género humano, todo él?, NO sólo de los guapos, los con traje y corbata, que muchas veces quiza no sean los más inteligentes. Y si no, que se lo digan a nuestros universitarios sin empleo.
El caso es que Son muchas las voces de intelectuales, ONGs de artistas, de ciudadanos, los del 15m y los que no son el 15m, los de mucha gente enmudecida por la sencillez o la escasez -por cierto que no se oye todo lo que debiera a la Santa Madre Iglesia, ni otras confesiones realmente tampoco, quizá por aquello de abominar de este mundo, ¡a veces!-, que reclaman un “impasse”, un repensar con seriedad cómo proceder. Muchas las que avisan de que el capitalismo cada vez más crudo no soluciona nuestros problemas sino que los está agrandando.
¿Por qué no se sientan pues con seriedad nuestros políticos, los de nuestro país y los de Europa entera y más allá, esos que dicen hacer todo por nuestro bien, para delinear caminos más justos? Si los hombres se reúnen en congresos para temas bien complejos y llegan a acuerdos, en la ciencia, en la industria; ¿por qué no llegan a acuerdos en cuestiones tan fundamentales como las que atañen al bienestar general?
Quizá porque somos un rebaño, acostumbrado a pacer por internet por ejemplo, contándonos chistes, dándonos buenos consejitos supefluos, jugando con las videoconsolas, disfrutando con las migajas del capital los que aún podemos? Será porque andamos como dormidos, como decía el viejo Heráclito de Éfeso, no queriendo afrontar esta situación; una situacion que no tendría por qué conducir a salidas violentas, porque la razón y la experiencia de tantos siglos de historia nos muestran que no es la solución. Pero también es igualmente cierto que la excusa de la no-violencia no puede dejarnos inermes ni en manos de quienes hasta el momento no buscan soluciones válidas para toda la humanidad.
¿Qué hacer? Parece que nuestra tarea inequívoca es dejarles claro que estamos "despertando", que nos estamos dando cuenta de loque hay; que no nos vale ya la maxima de que el rico hace maravillas para todos con su dinero y que haya que mimarlo para salir del atolladero; y No es que se trate de aniquilar al rico: se trata de salvarnos todos. Se trata de decirles de mil maneras posibles que les increpamos para que tejan una nueva manera de relacionarnos económicamente, de ser respetuosos asímismo con el planeta.
Los que así concebimos las cosas, pensando que una organización más cuidadosa de la sociedad quizá sea posible. no somos por ello pesimistas. ¡Para nada! Y además nos asiste el derecho a pensar así. Confiamos en el hombre, en esta inmensa mayoría ahora aletargada por las consignas de unos pocos. Esa inmensa mayoría señalará, pacífica pero inequívocamente, esta dirección: fraguar una economía desesclavizada de caprichos financieros y enfrentar los problemas energéticos y medioambientales, ya acuciantes. Pues no tenemos muchas más alternativas que el emerger de este clamor.
Esa mayoría que como voz de la conciencia humana debe levantarse inequívoca no es la décima parte de violenta que muchos de los estados de la tierra. Irá despertando sinduda, conforme vaya siendo más azotada; firme, fiel a la razón, mas no por ello sin gran clamor. Avergonzrá a nuestros astutos gobernantes; los de España y Europa y aun parte del extranjero. los pondrá entre la espada y la pared. y si estos tienen las manos atadas por instancias financieras superiores, dedicadas a prestar con lucro, también avergonzará a esas instancias en su insistente petición de justicia.
Este deseo está inscrito en todo hombre de bien, capaz de reflexionar sobre las condiciones de la vida humana en general. Si lo ahogamos es porque lo acallamos pensando que la tarea es imposible. Pero cierto es que muchas veces decir imposible es poner excusas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan

bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el

pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del

Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de

servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU

y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La

producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades

"avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población

mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan

si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el

cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más

desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos,

manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos,

excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y

claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché:

"¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos,

parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con

valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de

"indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los

telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe

ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del

individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien

general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas

auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las

propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos

hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio

deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos

terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".

jueves, 27 de octubre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".