sábado, 12 de noviembre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan

bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el

pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del

Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de

servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU

y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La

producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades

"avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población

mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan

si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el

cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más

desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos,

manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos,

excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y

claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché:

"¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos,

parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con

valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de

"indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los

telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe

ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del

individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien

general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas

auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las

propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos

hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio

deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos

terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".

jueves, 27 de octubre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




domingo, 23 de octubre de 2011

De nuevo sobre el órgano de la Iglesia de la Caridad de Cartagena

¡No seamos insensibles!
Hay muchas cosas que deberíamos atender. Pero tendríamos que saber distinhguir lo superfluo de lo esencial. Es importante divertirse, obviamente, secar nuestras

penas saliendo con los amigos, estar de fiesta en algunos momentos, pero también tomar conciencia de cómo están las cosas e incluso tener un momento para

darnos cuenta de que determinados bienes culturales también es de recibo que los mantengamos.
Digo esto porque parece que el momento crítico que atravesamos sirve de excusa para descuidar muchas cosas esenciales, parece invitarnos a vivir el placer del

momento, el "carpe diem" y descuidar todo lo que suponga un rodeo intelectual.
El órgano de la Iglesia de la Caridad de Cartagena es un tesoro de todos los cartageneros, una construcción increíble que ha llevado gusto y paz a la mnayoría de ellos,

cuando se han acercado a este maravilloso templo, absolutamente sublime y entrañable. Su sonido aterciopelado ha sido vehículo de multitud de interpretaciones litúrgicas,

o del repertorio organístico, o bien, puesto al servicio de la improvisación más candorosa y siempre ha producido en sus corazones una sensación pura.
Escribo de nuevo líneaas en este sentido para insistir en que tal se haya en un estado nuevamente precario, con cantidad de notas que no suenan, o que se quedan

indebidamente, en la mayoría de sus maravillosos registros.
Deberíamos de ser lo suficientemente magnánimos para ponerlo nuevamente en pie, máxime cuando el Armonium de la misma iglesia se encuentra en un estado poco

prometedor. Esta tarde estuve inspeccionando ambos, para preparar una boda que se oficiará en Noviembre. Los dos instrumentos están en estado lamentable. El

armonium está algo mejor dentro de sus posiblidades, pero con sus fuelles perdiendo aire. Es decir: que tenemos al templo principal de Cartagena desasistido de sus dos

instrumentos emblemáticos.
Sabemos que las cosas están mal, pero queremos pensar que ambos aparatos tienen solución: es cuestión de saber concienciar y de querer solucionar las cosas.
Aunque escribo en términos generales, en tiendo que la Junta que rige el Santo Hospital de Caridad de Cartagena debe ponerse al frente de la empresa de acometer esta

restauración sin pausa alguna, buscando recursos donde fuere necesario, incluídas las aportaciones de los cartageneros llegado el caso. Si bien el hacerse vox populi de

este extremo no puede descartarse y crear el ambiente propicio para que tomemos conciencia del problema.

martes, 4 de octubre de 2011

ASAMBLEA PARA EL SENADO

En Murcia, esta tierra tan castigada por "el ladrillazo", goberanada por la derecha desde hace 16 años, con tan alto índice de pobreza y paro, donde la conciencia social

es baja a tenor de las repetidas votaciones autonómicas, ha nacido una iniciativa casi espontánea que puede y debería valer de experimento para otros lugares de nuestra

geografía: el clamor asambleario, pero organizado, que propugna presentar candidatos al menos al Senado de este país. Y para ello ha contado con la aquiescencia y la

comprensión de tres formaciones en nuestra región: Izquierda Unida, Equo y Alternativa para Santomera, que rechazan a sus propios candidatos para la Cámara Alta, a fin

de dejar espacio a este clamor popular, lleno de entusiasmo y que quiere emprender todo lo que sea posible por superar los malos momentos que atrevasamos todos, por

culpa de unos pocos probablemente.
Es cierto que este movimiento social no se ha generado en vacío: mucho ha estado "lloviendo" políticamente por estas tierras y muchas personas han empezado a

despertar y gtomar conciencia de que deberíamos aspirar a cambiar el rumbo de las cosas,. porque todas las políticas neoliberales que se están poniendo en pr´actica

desde el segundo mandato de Zapatero, como en otros lugares de Europa no están sirviendo para paliar la crisis.
El llamado Foro Ciudadano de la región de Murcia, citado en este Blog en bastantes lugares, ha venido reuniendo, como

otras muchas ONGs de por acá, a ciudadanos deseosos de hablar de los asuntos públicos que nos atañen, al estilo del ágora griega de la democracia más genuína y

todos crearon un clima que hizo posible indicar a las autoridades mediante escritos y manifestaciones que no todos los murcianos están dormidos o desinteresados de la

res pública, al tiempo que otros movimientos más recientes, como democracia real o el 15m. Todo este estrato de personas no descuidadas, personas no dispuestas a

dejar los asuntos públicos sin más para afrontarlos en las urnas cada 4 años, es el que ha posibilitado encontrarse en torno a un proyecto joven, ilusionado, y ha pedido al

ala izquierdista del espectro político que ceda su aspiración al Senado para entregarla a esa ciudadanía bajo las siglas A.S.: "Asamblea hacia el Senado".
el proyecto está en marcha con idea de llegar a tiempo al 20N, a las próximas

y apresuradas Elecciones Nacionales. Se trabaja en grupos y en asamblea: constituídos los grupos 1 de búsqueda de nombre y Logo, 2, preparación de Primarias para

elegir candidatos, 3, elaboración de programa, comunicación; y parece que la maquinaria va a funcionar perfectamente: que así sea, porque la experiencia puede dar mucho

de sí: será una manera de hacer llegar a las Cortes el clamor del pueblo, cansado de tanto político de intereses dudosos, de tanto neocapitalismo que se mira en el

ombligo, reverenciado a las bolsas y olvidándose del hombre y su planeta.
¡Que surja idéntico clamor por doquier y enseñemos quién es el sostén de todo: el rico o el hombre!

martes, 13 de septiembre de 2011

El sueño de la creación de un nuevo orden

Rubor me produce escribir todo lo que sigue, porque supone la inclusión de un elemento bastante dudoso: la reflexión difícilmente neutra de unos cuantos en representación de todos, en un tiempo de impass difícilmente pensable; algo que no casa mucho con el pensamiento político actual. Ese tiempo sería un tiempo excepcional. ¿Pero es que no parecen excepcionales las circunstancias que estamos viviendo desde estos últimos años? Y por otra parte, ¿no están causados nuestros padecimientos más por el sistema, por instancias supranacionales que nacionales? ¿Y no nos rigen estas más inmediatamente que nuestros propios gobiernos? Sólo esto rebaja algo mi pudor, aunque yo mismo no concedo a estas líneas mucha seriedad. Se trata de un ejercicio relativamente desenfadado -hasta donde la cosa lo permite-, pensado sin mucho rigor, más con el corazón que la cabeza; un deseo inocente más que una petición de principios. Incluso puede que no sea el único con mucho que haya pensado tal en estos tiempos que corren: el deseo de que las cosas por fin cambien para bien de una forma así de fácil, así de difícil.
Bueno, me atrevo a comunicar mi elucubración. Me digo, mientras escucho en RNE otro desplome de las bolsas europeas, ante la posible bancarrota de Grecia:

Los mercados: son el nuevo Dios, en aras al cual quemamos todo lo que implique estado del bienestar; Dios al que hay que entregar todo tributo, mucho más que diezmos. Como si funcionar las sociedades fuera tan sólo pagar deuda.
Desde luego hoy día los mercados son quienes rigen la marcha de las cosas, su tiranía la que nos hace sacar la lengua exhaustos, los que imponen las decisiones de gobiernos y parlamentos que tiran a matar contra sus ciudadanos sin temblarles la mano. Y los mercados son los que, sin saberlo ellos, les mueven inconscientes a votar y legitimar a esos gobiernos y parlamentos que les machacan sin cesar.
Y todo porque santificamos la idea de que los mercados nos salvan, cuando directamente a quienes salvan esos mercados es a cuatro señores, y bien que los salvan, salvan a cuatro y nos pierden a todos. Arrodillarnos ante los mercados supone el empobrecimiento constante de la mayoría, supone ensuciar el planeta paso a paso, supone seguir montándonos en los hombros del tercer mundo, pero todo eso da igual: lo importante es que los mercados se satisfagan constantemente, cuando sólo muy indirectamente nos benefician: *cuando?, cuando al prestarnos permiten que las empresas funcionen, aunque no prestan por un gesto de buena voluntad sino buscando su beneficio.
Y Benedicto, al visitar España no se ha sentido celoso de ese Dios, no ha criticado para nada el culto al becerro de oro, no ha hablado de lo complicado que es que un camello pase por el agujero de una aguja, no se ha comprometido en definitiva con el pobre como hacía su Maestro... Doce discursos, doce rodeos para no hablar de la difícil situación actual de la humanidad ni de los puntos del evangeliario que más podrían ayudar a emancipar al hombre. Otra claudicación más ante los mercados.
¿Cómo puede hoy emanciparse el hombre? Pues pienso que no con más de lomismo, no remozando el neoliberalismo, que lo está sumiendo en la gigante miseria que va asolándonos, que esquilma el planeta, sino estrujándose el cerebro para encontrar nuevas soluciones, nuevas maneras de relacionarnos económicamente. ¡Oiga, esto quizá no sea tan difícil!, somos capaces de construír ingenios técnicos increíbles, levantamos obras de arte verdaderamente admirables, ¿no podríamos organizarnos también de una manera un poco más admirable? ¿O será que esto no interesa -"interés", palabra con connotaciones económicas- y por eso seguimos transitando por la misma vía?
Yaa, ya sabemos que es difícil partir de cero, que parar este tren en marcha es harto complicado. Pero lo peor es no tener ni siquiera la voluntad de buscar nuevas soluciones. Si quisiéramos, ¿por qué no congregar a todos los estudiosos posibles durante el tiempo que haga falta -el Vaticano II duró tres años- para que delineen un mundo más justo?, porque es cierto que la tarea de pensar algo así como otro orden no puede competer a unos pocos. Sí, lo que estoy defendiendo -quizá desde la mayor de las ingenuidades- es que encaremos una "cumbre de expertos" que tengan claro que el sistema actual está agotado y sólo nos lleva a la ruina, en la que se diseñe un nuevo orden y los caminos para transitar hacia él; un nuevo orden donde lo prioritario sea el bien común, el de todos los hombres, que vuelva a realizar el ideal de la igualdad, fraternidad y justicia.
Creo que parar ese tren es más ventajoso que el que nos arrolle o se estrelle y creo -con una fe racional- que plantándonos en la calle las veces que haga falta y votando a formaciones políticas que no hagan sin más concesiones a los mercados podemos generar el clima, no violento, para que el tren se pare. Y entonces, será posible, sin guillotinas ni Robespierres al uso, sentarse a trabajar por un mundo habitable para todos. Salir a la calle e introducir esta petición en los partidos más cercanos a la idea del bien común, de la emancipación de todo el genero humano, por encima del poder del dinero y los mercados.
Sí, muchas veces doy en imaginar esto, una especie de concilio, no de purpurados, sino de personas preparadas, de tantas universidades del planeta, como sea posible, que diseñen la manera más adecuada de superar lo que ya empieza a tener pinta de callejón sin salida.
¿Y en este proyecto casi onírico donde quedan las etiquetas de "izquierda o derecha"? No lo sé bien; creo que ese postular la defensa del bien común, o del interés general apuntaría más a la izquierda, pero lo más importante del asunto es que la tarea toca a todos; los estudiosos congregados para tal gigantesco diseño deberían ser humanistas y técnicos más que políticos al uso. Por ejemplo, el modelo del Decrecimiento propuesto por el señor Latouche y otros no es estrictamente un modelo ni de izquierdas ni de derechas, aunque es cierto que en cuanto que rompedor de la dinámica actual estaría más fácilmente defendido por la primera tendencia.
Los políticos, socialdemócratas o liberales, hincan la rodilla ante los mercados, hoy con más pinta de tapete verde que de otra cosa; ergo: obviémoslos y exijamos que expertos de corazón algo más limpio discurran con seriedad lo que al hombre y a su planeta convienen y siempre guiados por la razón, sin hacer concesiones a mito alguno, ni de la "pachamama" ni de María Santísima: si ella mora en el cielo vera con buenos ojos ese trabajo humano que busque el bien de todos.
Que las relaciones económicas han cambiado a lo largo de la historia es algo obvio: no son las mismas en sociedades tribales, el mundo antiguo, el feudalismo, la burguesía ni aun en el neoliberalismo actual. Sí que debo conceder que tales cambios nunca fueron originados en cumbres concienzudas de dos o tres años de duración, pero quizá la urgencia de nuestra situación justifique al menos el soñar con ello.

¿Utopía? Puede que desgraciadamente sí. Solución inviable? Es muy posible, pero yo entre tanto no pienso dar mi voto a partido socialdemócrata o liberal que se precie, no consiguen realizar plenamente al hombre y últimamente parecen empujarnos sin más por ese callejón sin salida.

Y hasta aquí lo que quizá desgraciadamente no sea más que un sueño. Ustedes perdonen.

domingo, 21 de agosto de 2011

¡Qué vino a contarnos Benedicto!

Nada en relación con el mundo en que vivimos, nada en relación a un sistema de vida que se está mostrando agónico. ¡Y eso que podría haber sacado gran partido a esta situación! Quiero decir: que podría haber señalado las grandes contradicciones de la humanidad, haber aireado a los "cuatro vientos" todo el sufrir, todos los grandes problemas y retos a los que nos enfrentamos, pero parece que estos no son problemas de la Iglesia que él desea.
Y aún más, Benedicto se olvida de cualquier forma de religiosidad que no sea la católica en su versión más rancia, se olvida de los demás cristianos, del potencial de otras religiones y se olvida del mundo obrero y de tantos pensadores y escritores que también han puesto de manifiesto la encrucijada del hombre -no me importa escribir "encrucijada-; porque parece no manejar con comodidad toda esa problemática presente.
Creo que no se me han escapado muchas de sus palabras -que he intentado seguir estos días de su estancia en España con atención- , amén -tampoco me importa escribir esta palabra- de que son bastante repetitivas y machaconas; se nota su avanzada edad y la de quienes le asesoren, incluído Rouco, que parecería querer amarrar bien el triunfo de la venidera derecha, por la ignorancia de tantos votantes, ignorancia muchas veces querida -y eso que se jactan de sus universidades- de que la derecha no busca la justicia social y de que el pensamiento social se inscribe en otro lugar.
Tengo claro, y bien es sabido que no soy el único, que si Cristo volviera a venir volvería a señalar a estos como sepulcros blanqueados, tan pendientes de la palabra fe y tan de espaldas a la realidad social, alucinantes ante por ejemplo una ampolla con sangre de Juan Pablo II; y todos bien de espaldas al Concilio Vaticano II: se han olvidado casi por completo de él; sólo lo recuerdan para lo que les conviene, por ejemplo cambiar el interface a fin de conservar mejor las ovejas que les restan, que no son tantas como no podía ser de otra manera; en verdad que no son tan pocas, porque la ignorancia y la cerrazón es lo que están repartidas y no la fe; aunque claro, cuando cualquiera de estos le ve las orejas al lobo no tiene ningún remilgo en acudir a la sabiduría humana, a la científica y aun a la atea: rezan para no tomar decisiones políticas que salven o rediman a los hombres en miseria, pero cuando tienen que ser ellos los salvados se ponen en manos de los saberes del siglo; y ante la bolsa igual, rezan y rezan pero para nada se enfrentan a los poderosos; es más, funcionan mejor al lado de ellos: no están al lado del pobre; no son reflejo del Galileo.
A los que hemos estado en las filas de la Iglesia y además nos hemos formado en la filosofía humana no podéis engañarnos: sois sepulcros blanqueados, interesados, palabrería, vanidad de vanidad, discurso ramplón, titiriteros, boato casi esperpéntico, conservadores recalcitrantes del estatu quo, que además habéis ido perdiendo bastantes puntos en la dramatización; y si no perdéis más ovejas es porque la naturaleza humana como bien sabéis es muy débil: son muchos los que prefieren estar engañados antes de encarar con frialdad las cosas. Y ese encararlas con frialdad no debe hacerse para desesperar, sino para tomar mejores soluciones.
No, no se ha escuchado ninguna palabra que ayude a la resolución de los conflictos humanos como hubiera sido de desear: habéis callado como prostitutas, que cierran la boca en su caso a cambio de dinero: y en el vuestro quizá por el mismo cambio. No cabe duda que estáis enajenados, en tanto que no sois capaces de focalizar lo que tenéis delante, con una enajenación que vuestro maestro criticaría de serle posible. Para nada devolvéis aquella imagen de él que se derrama en tantos puntos del "evangeliario", palabra que ahora os gusta resaltar como si hubiérais descubierto América. No se os demanda que hagáis -si es que aquél ppudo hacerlos alguna vez- milagros, pero sí al menos que os pongáis al lado de los débiles, que insistáis en las bienaventuranzas, que respetéis más a los gentiles, que os solidaricéis en definitiva con los pobres, los desheredados, los que sufren: que luchéis efectivamente por construír un mundo mejor: que eso también es mandato del padre y no desde palabras vacías, recetas mágicas y el bla bla bla en el que tanto os gusta ampararos, entendiendo mejor el adagio incluso benedictino: a Dios rogando y con el mazo dando: pero no dando en el cráneo de los infieles, para quedaros vosotros solos con la mies, sino manchándoos, si es que eso es mancharse, del hombre.
¡Benedicto!, a mí tu venida me ha servido al menos para algo: para corroborar de lo que eres capaz, de bien poco, si no es para seguir sosteniendo la caduca figura del papa decimonónico.

sábado, 13 de agosto de 2011

¡Qué decir de la inminente visita de Ratzinger a España!

No son muchas las personas que no me caen muy allá. Es decir, que en general me llevo bien con el talante de la mayoría de mis congéneres. Pero Ratzinger es uno de "mis imposibles", que diría el otro. Actualmente no proceso la fe católica ni ninguna otra, vivo con mi cabeza intentando mantenerla despierta y analizandolo todo, todo lo que los hombres vamos produciendo, nuestros logros y frustraciones de siglos y puedo sobrellevar mi existencia, no porque así tenga más licencias, no por conveniencia placentera, sino por convencimiento de que mi actitud es la más auténtica, mi actitud y la de muchos: una actitud muy común en personas dedicadas al concienzudo discurso filo´sófico occidental por ejemplo.
Pero decía: intentando ver a la persona, más allá de lo que representa para unos cuantos millones de seres humanos, y sin poder ver su rostro, sólo guiándome por la voz, y por sus palabras, Ratzinger es uno de esos tipos que no me son simpáticos, taampoco digamos brutalmente insoportables; pero lo que sí soporto aún peor es la vehiculación de la creencia de estos millones de seres en una serie de gestos que rallan lo reprobable, primero porque la visita del tal Ratzinger va a suponer el desembolso de 50 millones de euros en estos tiempos de crisis y segundo por los mensajes tremendamente retrógrados que va a esparcir con total impunidad, manteniendo una parrilla de valores de lo más zafio en la historia de la Iglesia católica de los últimos cien años.
Sus predecesores desde Juan XXIII, fueron mucho más afables; y sobre todo este y aun los dos subsecuentes. Al menos intentaron abrirse a la realidad social de una manera decidida, quisieron hacer por un mundo mejor.
Pero Ratzinger en todo el tiempo que lleva enseñoreado de la Iglesia se ha limitado siempre a cuestiones dogmáticas y nunca se ha mojado en cuestiones terrenales.
¿Qué está aportando la Iglesia a este momento tan tremendamente penoso para prácticamente todo el orbe? Absolutamente nada; la última noticia que escuchaba en radio esta mañana era que la diócesis de Madrid ha habilitado a los sacerdotes para que puedan perdonar a las mujeres que han abortado hasta el día de hoy y así lo soliciten; no es una medida de las que con más urgencia esté necesitado nuestro mundo, entre otras cosas porque el catolicismo actual tiene una visión muy particular del aborto y lo abandera, pareciendo así muy humana, defensora de la vida y demás. Desde luego, las ovejas de este gran rebaño se inflaman pías con ese gesto; pero esto no basta para defender la vida. La visión particular que de la vida tiene la fe cristiana es muy sui generis y aún más recalcitrante la propia de la fe Católica, y más aún la fe católica tal y como tiende a presentarla este director de la congregación para la fe que lo fue durante tantos años.
No, no me dan buenas vibraciones con este apostolado totalmente desmochado y desconectado de la sufriente sociedad actual, que nunca se encara con los poderes fácticos, con los ricos, con la alta y no tan alta banca, con la manera de hacer las cosas del sistema, con los valores neoliberales: qué poco refleja el caminar de su maestro según está escrito de una u otra forma, sean esos textos más o menos históricos y fiables. Creo que la genuina Iglesia Católica está perdiendo unos años de oro para hacer un apostolado verdaeramente comprometido con el bien y con los pobres, como sí hacía en los 70, en Sudamérica, en tantas otras misiones, incluso en los barrios marginados de muchas ciudades modernas, o hablando con claridad en muchas homilías que podían al menos tener un valor de emancipación y crítico importantes.
Pero todo eso pasó y aquí y ahora estamos sólo atufados nuevamente de incienso y casi sólo de incienso, cuando no de connivencia con los que más machacan al género humano, pues quien calla otorga.

En la página del
Observatorio del laicismo
pueden encontrarse muchos datos sobre esta visita a España de Ratzinger, en Agosto de 2011 aportados
desde una postura láica que creo para nada debe dejarse a un lado.