miércoles, 11 de enero de 2012

Música para Trilogía del amor: un film de Joaquín Regadera

Joaquin Regadera va creciendo como hombre de cine: con guiones muy particulares y llamativos y manejando la cámara cada vez con más maestría, .
Me pidió que le compusiera música para su Trilogía del amor y aquí os dejo este trabajo, donde también hay bastante música de un grupo Alemán llamado Neuque comenzó su andadura en los 70.
Una joven atormentada, es plantada el día de su boda por el novio, quien tiene una doble vida: pertenece a un grupo terrorista. A partir de aquí su vida tiene un recorrido trágico hasta su fin.
Trilogía 1
Trilogía 2
Trilogía 3
Trilogía 6
Trilogía 8
espero que os guste.

miércoles, 4 de enero de 2012

Y ya tenemos aquí imperante a RAJOY

Y ya tenemos aquí imperante a Rajoy.

Poco ha tardado en vérsele el plumero. Ninguna reducción en sueldos y prevendas de los señores políticos, promesas de mayor protección a los empresarios, subida de impuestos contra sus propias promesas sin protección del fraude fiscal ni mucha diferenciación de tramos, congelación del salario mínimo, congelación de plazas y sueldos de funcionarios, subida de pensiones sin mimar las más bajas...; y en varias Autonomías, por ejemplo en Castilla La Mancha, privatizaciones de áreas esenciales para el ciudadano, véase los hospitales de Tomelloso, Villarobledo y Manzanares.
¡Totalmente desconsolador! La crisis la paga el menos pudiente.
Alguien faltando al gusto osará decir: "¡pues si te quejas de esto que vuelva Zapatero!". Zapatero evidentemente se acobardó ante los mercados y su tremenda presión, traicionando las siglas que representaba, procediendo desde 2008 como un neoliberal más; bueno, algo más moderado, porque Rajoy se está mostrando todo un buen corredor de fondo, y eso que dice guardarse para después de las Andaluzas. Claro que Mucho más indigno y ramplón es seguir pregonando que aquél ha sido la causa de este inmenso desbarajuste, en Europa y parte del extranjero.
Está claro: algo no va muy bien en este mundo. ya sabemos desde hace siglos que esto se parece bastante a un “valle de lágrimas”, que el hombre es ángel caído de todas sus prerrogativas de ángel, y siempre hemos intentado mirar al cielo para paliarlo; pero la sociedad de los últimos 20 o 30 años está atravesada por tremendas contradicciones, por ejemplo, la técnica más avanzada y las carencias más fundamentales para cada vez más población. Se complican las cosas y el Capitalismo lame sus heridas con más capitalismo, sin lograr los resultados esperados. Problemas complejos que queremos solucionar ahogando a los más débiles, entre ellos a los trabajadores : precisamente quienes modelan en primera instancia este mundo, sin querer compartir con ellos la carga de esta delicada situación.
¡Inconcebible! ¿No podrían probarse otras salidas, más allá de exprimir al personal para que los bancos puedan seguir dilapidando y haciendonos flaco favor > ? Por ejemplo: y sin entender mucho de economía, pero quien sabe si esto es mejor, porque ya vemos para qué vale saber mucho de economía: ¿no podríamos fijar también un "salario máximo"? ¡Oiga,!: no eche muy rápidamente de lado esta proposición que, claro, a muchos sonará escandalosa. ¿Por qué no? ¿No se trata de la preservación del género humano, todo él?, NO sólo de los guapos, los con traje y corbata, que muchas veces quiza no sean los más inteligentes. Y si no, que se lo digan a nuestros universitarios sin empleo.
El caso es que Son muchas las voces de intelectuales, ONGs de artistas, de ciudadanos, los del 15m y los que no son el 15m, los de mucha gente enmudecida por la sencillez o la escasez -por cierto que no se oye todo lo que debiera a la Santa Madre Iglesia, ni otras confesiones realmente tampoco, quizá por aquello de abominar de este mundo, ¡a veces!-, que reclaman un “impasse”, un repensar con seriedad cómo proceder. Muchas las que avisan de que el capitalismo cada vez más crudo no soluciona nuestros problemas sino que los está agrandando.
¿Por qué no se sientan pues con seriedad nuestros políticos, los de nuestro país y los de Europa entera y más allá, esos que dicen hacer todo por nuestro bien, para delinear caminos más justos? Si los hombres se reúnen en congresos para temas bien complejos y llegan a acuerdos, en la ciencia, en la industria; ¿por qué no llegan a acuerdos en cuestiones tan fundamentales como las que atañen al bienestar general?
Quizá porque somos un rebaño, acostumbrado a pacer por internet por ejemplo, contándonos chistes, dándonos buenos consejitos supefluos, jugando con las videoconsolas, disfrutando con las migajas del capital los que aún podemos? Será porque andamos como dormidos, como decía el viejo Heráclito de Éfeso, no queriendo afrontar esta situación; una situacion que no tendría por qué conducir a salidas violentas, porque la razón y la experiencia de tantos siglos de historia nos muestran que no es la solución. Pero también es igualmente cierto que la excusa de la no-violencia no puede dejarnos inermes ni en manos de quienes hasta el momento no buscan soluciones válidas para toda la humanidad.
¿Qué hacer? Parece que nuestra tarea inequívoca es dejarles claro que estamos "despertando", que nos estamos dando cuenta de loque hay; que no nos vale ya la maxima de que el rico hace maravillas para todos con su dinero y que haya que mimarlo para salir del atolladero; y No es que se trate de aniquilar al rico: se trata de salvarnos todos. Se trata de decirles de mil maneras posibles que les increpamos para que tejan una nueva manera de relacionarnos económicamente, de ser respetuosos asímismo con el planeta.
Los que así concebimos las cosas, pensando que una organización más cuidadosa de la sociedad quizá sea posible. no somos por ello pesimistas. ¡Para nada! Y además nos asiste el derecho a pensar así. Confiamos en el hombre, en esta inmensa mayoría ahora aletargada por las consignas de unos pocos. Esa inmensa mayoría señalará, pacífica pero inequívocamente, esta dirección: fraguar una economía desesclavizada de caprichos financieros y enfrentar los problemas energéticos y medioambientales, ya acuciantes. Pues no tenemos muchas más alternativas que el emerger de este clamor.
Esa mayoría que como voz de la conciencia humana debe levantarse inequívoca no es la décima parte de violenta que muchos de los estados de la tierra. Irá despertando sinduda, conforme vaya siendo más azotada; firme, fiel a la razón, mas no por ello sin gran clamor. Avergonzrá a nuestros astutos gobernantes; los de España y Europa y aun parte del extranjero. los pondrá entre la espada y la pared. y si estos tienen las manos atadas por instancias financieras superiores, dedicadas a prestar con lucro, también avergonzará a esas instancias en su insistente petición de justicia.
Este deseo está inscrito en todo hombre de bien, capaz de reflexionar sobre las condiciones de la vida humana en general. Si lo ahogamos es porque lo acallamos pensando que la tarea es imposible. Pero cierto es que muchas veces decir imposible es poner excusas.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La gran regresión

No tengo más remedio que transcribir este artículo de Ignacio Ramonet, tantos años lúcido intérprete de todo lo que está pasando en occidente, que no se merec ni las mayúsculas actualmente, me refiero a occidente;
muy exclarecedor: sabíamos de los especuladores y poderes financieros que están sangrando a Europa, pero ahora se especifica aún más; no hay nombre para cualquier persona u organismo que conscientemente esté colaborando en esa sangría.

La gran regresión


Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique
03-12-2011




Está claro que no existe, en el seno de la Unión Europea (UE), ninguna voluntad política de plantarle cara a los mercados y resolver la crisis. Hasta ahora se había atribuido la lamentable actuación de los dirigentes europeos a su desmesurada incompetencia. Pero esta explicación (justa) no basta, sobre todo después de los recientes “golpes de Estado financieros” que han puesto fin, en Grecia y en Italia, a cierta concepción de la democracia. Es obvio que no se trata sólo de mediocridad y de incompetencia, sino de complicidad activa con los mercados.


¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.


Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real...


Consecuencia: ninguna economía nacional, por poderosa que sea (Italia es la octava economía mundial), puede resistir los asaltos de los mercados cuando éstos deciden atacarla de forma coordinada, como lo están haciendo desde hace más de un año contra los países europeos despectivamente calificados de PIIGS (cerdos, en inglés): Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.


Lo peor es que, contrariamente a lo que podría pensarse, esos “mercados” no son únicamente fuerzas exóticas venidas de algún horizonte lejano a agredir nuestras gentiles economías locales. No. En su mayoría, los “atacantes” son nuestros propios bancos europeos (esos mismos que, con nuestro dinero, los Estados de la UE salvaron en 2008). Para decirlo de otra manera, no son sólo fondos estadounidenses, chinos, japoneses o árabes los que están atacando masivamente a algunos países de la zona euro.


Se trata, esencialmente, de una agresión desde dentro, venida del interior. Dirigida por los propios bancos europeos, las compañías europeas de seguros, los fondos especulativos europeos, los fondos europeos de pensiones, los establecimientos financieros europeos que administran los ahorros de los europeos. Ellos son quienes poseen la parte principal de la deuda soberana europea (2). Y quienes, para defender –en teoría– los intereses de sus clientes, especulan y hacen aumentar los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse, hasta llevar a varios de éstos (Irlanda, Portugal, Grecia) al borde de la quiebra. Con el consiguiente castigo para los ciudadanos que deben soportar las medidas de austeridad y los brutales ajustes decididos por los gobiernos europeos para calmar a los “mercados” buitres, o sea a sus propios bancos...


Estos establecimientos, por lo demás, consiguen fácilmente dinero del Banco Central Europeo al 1,25% de interés, y se lo prestan a países como, por ejemplo, España o Italia, al 6,5%... De ahí la importancia desmesurada y escandalosa de las tres grandes agencias de calificación (Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s) pues de la nota de confianza que atribuyen a un país (3) depende el tipo de interés que pagará éste por obtener un crédito de los mercados. Cuanto más baja la nota, más alto el tipo de interés.


Estas agencias no sólo suelen equivocarse, en particular en su opinión sobre las subprimes que dieron origen a la crisis actual, sino que, en un contexto como el de hoy, representan un papel execrable y perverso. Como es obvio que todo plan de austeridad, de recortes y ajustes en el seno de la zona euro se traducirá en una caída del índice de crecimiento, las agencias de calificación se basan en ello para degradar la nota del país. Consecuencia: éste deberá dedicar más dinero al pago de su deuda. Dinero que tendrá que obtener recortando aún más sus presupuestos. Con lo cual la actividad económica se reducirá inevitablemente así como las perspectivas de crecimiento. Y entonces, de nuevo, las agencias degradarán su nota...


Este infernal ciclo de “economía de guerra” explica por qué la situación de Grecia se ha ido degradando tan drásticamente a medida que su gobierno multiplicaba los recortes e imponía una férrea austeridad. De nada ha servido el sacrificio de los ciudadanos. La deuda de Grecia ha bajado al nivel de los bonos basura.


De ese modo los mercados han obtenido lo que querían: que sus propios representantes accedan directamente al poder sin tener que someterse a elecciones. Tanto Lucas Papademos, primer ministro de Grecia, como Mario Monti, Presidente del Consejo de Italia, son banqueros. Los dos, de una manera u otra, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, especializado en colocar hombres suyos en los puestos de poder (4). Ambos son asimismo miembros de la Comisión Trilateral.


Estos tecnócratas deberán imponer, cueste lo que cueste socialmente, en el marco de una “democracia limitada”, las medidas (más privatizaciones, más recortes, más sacrificios) que los mercados exigen. Y que algunos dirigentes políticos no se han atrevido a tomar por temor a la impopularidad que ello supone.


La Unión Europea es el último territorio en el mundo en el que la brutalidad del capitalismo es ponderada por políticas de protección social. Eso que llamamos Estado de bienestar. Los mercados ya no lo toleran y lo quieren demoler. Esa es la misión estratégica de los tecnócratas que acceden a las riendas del gobierno merced a una nueva forma de toma de poder: el golpe de Estado financiero. Presentado además como compatible con la democracia...


Es poco probable que los tecnócratas de esta “era post-política” consigan resolver la crisis (si su solución fuese técnica, ya se habría resuelto). ¿Qué pasará cuando los ciudadanos europeos constaten que sus sacrificios son vanos y que la recesión se prolonga? ¿Qué niveles de violencia alcanzará la protesta? ¿Cómo se mantendrá el orden en la economía, en las mentes y en las calles? ¿Se establecerá una triple alianza entre el poder económico, el poder mediático y el poder militar? ¿Se convertirán las democracias europeas en “democracias autoritarias”?


Notas






(1) Un billón = un millón de millones.


(2) En España, por ejemplo, el 45% de la deuda soberana lo poseen los propios bancos españoles, y los dos tercios del 55% restante, los detentan establecimientos financieros del resto de la Unión Europea. Lo cual significa que el 77% de la deuda española ha sido adquirida por europeos, y que sólo el 23% restante se halla en manos de establecimientos extranjeros a la UE.


(3) La nota más elevada es AAA, que, a finales de noviembre pasado, sólo poseían en el mundo algunos países: Alemania, Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Francia, Finlandia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza. La nota de Estados Unidos ha sido degradada, en agosto pasado, a AA+. La de España es actualmente AA-, idéntica a la de Japón y China.


(4) En Estados Unidos, Goldman Sachs ya consiguió colocar, por ejemplo, a Robert Rubin como Secretario del Tesoro del Presidente Clinton, y a Henry Paulson en esa misma función en el gabinete de George W. Bush. El nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue también vicepresidente de Goldman Sachs para Europa de 2002 a 2005.

sábado, 12 de noviembre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan

bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el

pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del

Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de

servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU

y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La

producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades

"avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población

mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan

si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el

cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más

desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos,

manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos,

excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y

claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché:

"¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos,

parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con

valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de

"indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los

telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe

ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del

individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien

general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas

auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las

propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos

hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio

deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos

terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".

jueves, 27 de octubre de 2011

No lo tenemos muy fácil que digamos

No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




No lo tenemos muy fácil que digamos; ya no digo en estas elecciones donde la intención del voto está tan escorada a la derecha.
Escribo que no lo tenemos muy fácil, parece, de aquí para adelante, es decir, en bastanttes años, sobre todo el pueblo más llano, porque los de frac, los que calculan bien dónde apuestan o invierten, eso puede que lo tengan un poco más fácil, los que están dispuestos a salvarse individualmente sin concesion alguna a los demás.
Es decir, ¡narices!, a ver si sé expresarme mejor: lo tenemos crudo, a lo que parece la mayoría del género humano, y claro, vamos a echar mano del refrán popular: "el pobre se lleva la peor parte". Esta afirmación casi estaba olvidada en los pasados años de optimismo, donde el capitalismo parecía victorioso plenamente, tras la caída del Muro de Berlín, como sistema que superaba casi todos los problemas sociales: nos daba a casi todos, los del -mal llamado- "primer mundo" sólo, claro, todo tipo de servicios, incluso segunda vivienda, ordenadores, todo tipo de disfrutes e incluso buena dosis de relajación digamos de costumbres.
Pero las cosas han cambiado en custión de tres años: se derrrumbó el castillo de naipes. Una de las primeras cartas en caer fue el montaje de las "subprime" en EEUU y después lo demás.
¡Bueno!, afortunadamente todo no ha caído aún: aunque igualmente parece que hemos rebasado el "punto de noretorno ecológico", pero aún podemos respirar. La producción de petróleo parece que llegó a su cenit, pero se quema gasolina o gasóleo como nunca.
Sin embargo, las condiciones de vida se están endureciendo y ahí es donde ahora el pobre, una figura que vuelve a resurgir en el horizonte de las sociedades "avanzadas", vuelve a tener más que perder que nadie, y en general el pueblo llano digamos con cierta imprecisión perderá más que ese uno por ciento de la población mundial que obstenta el 40 por ciento de la riqueza: ¡qué fuerte!, cuando gracias al pueblo llano este uno por ciento obstenta esa riqueza, porque las fortunas no se amasan si no es con trabajo, con el ahínco de los obreros en general. Marx veía claro que sólo el más desfavorecido, como quien menos tiene que perder, apuesta decidido por el cambio de cosas, y sin embargo nosotros constatamos en los albores del siglo XXI que la conciencia de las cosas ha desaparecido incluso de las cabezas de los más desfavorecidos: ellos van y votan a los partidos de sus patronos. Mal negocio para intentar cambiar las cosas, ya no digo que con sangre y fuego, sino asociándonos, manifestándonos, dejando claro que no estamos dispuestos a ser desmantelados.
Salvar la humanidad, preservarla de los males que pueden avecinarse o se están avecinando ya, en forma de graves problemas medioambientales, escasez de recursos, excesivo crecimiento demográfico y control de la riqueza por unos pocos, es algo que no emprenderán los mejor situados sino que será una exigencia reclamada viva y claramente por la inmensa mayoría que ahora parece quedar postergada cada vez más, una vez que se debilita a los Estados que la tutelaban.
Resuenan en mis oídos las palabras de Santiago Carrillo allá por los 80, y eso que se trataba de una década más o menos dorada, en el único mitin que le escuché: "¡el trabajador que es de derechas es tonto!". A pesar de tanto deleznable en regímenes de izquierdas tipo Cuba o la antigua URSS, como siempre nos decimos todos, parece que el capitalismo desplomado es aún peor; y si no tiempo al tiempo. Ya comienza a gustarnos poco la situación. Sin embargo, no se nos ve reaccionar con valentía, señalando que deseemos un claro rumbo, organizarnos mejor y no en torno a la mayor libertad para los que más esquilman.
Lo estamos viendo todos los días; aparecen bstantes artículos en prensa o posts en diversos blogs; incluso hay amplios grupos de personas que se autocalifican de "indignados", que señalan cómo es indefendible que se reaccione a la devacle económica con endurecimiento de las políticas sociales. Incluso es fácil escuchar en los telediarios cómo el haber alcanzado ya la cifra de siete mil millones de personas no debe empujarnos a entonar ningún canto de optimismo precisamente, sino que debe ponernos en guardia, porque puestas así las cosas en breve tiempo necesitaremos tres planetas como este para sobrevivir.
Tiempo debería de ser para desoír a esa derecha que sigue aplicando las mismas recetas que nos han conducido hasta donde estamos: las del impulso del individualismo, del premio a la iniciativa privada como motor de toda riqueza, de fe ciega en el progreso sin límite. Es preciso reglamentar severamente, para el bien general: y decrecer ordenadamente, sin permitir que las altas finanzas sean el criterio del qué hacer. Las altas finanzas, los especuladores, que juegan a prestamistas auténticos usureros.
Esperemos que la mayoría ahora más bien perdedora, o claramanete perdedora si incluímos no sólo al -mal llamado- "primer mundo". El mismo Marx apuntaba que las propias contradicciones del sistema capitalista lo revientan y es lo que está aparentemente sucediendo; y decía que ese era el momento de desmontarlo. Mucho sabemos hoy, hemos acumulado tanta experiencia que nadie desea una revolución que pueda conducir a regímenes igualmente incómodos para la humanidad: pero algo en serio deberíamos de hacer: unidos, utilizando la cabeza, con tesón, para buscar mucho mejores maneras de hacer las cosas, más allá del neoliberalismo salvaje en que hemos terminado cayendo casi sin darnos cuenta. Bueno, quizá habría que decir mejor: "sin muchas ganas por darnos cuenta".




domingo, 23 de octubre de 2011

De nuevo sobre el órgano de la Iglesia de la Caridad de Cartagena

¡No seamos insensibles!
Hay muchas cosas que deberíamos atender. Pero tendríamos que saber distinhguir lo superfluo de lo esencial. Es importante divertirse, obviamente, secar nuestras

penas saliendo con los amigos, estar de fiesta en algunos momentos, pero también tomar conciencia de cómo están las cosas e incluso tener un momento para

darnos cuenta de que determinados bienes culturales también es de recibo que los mantengamos.
Digo esto porque parece que el momento crítico que atravesamos sirve de excusa para descuidar muchas cosas esenciales, parece invitarnos a vivir el placer del

momento, el "carpe diem" y descuidar todo lo que suponga un rodeo intelectual.
El órgano de la Iglesia de la Caridad de Cartagena es un tesoro de todos los cartageneros, una construcción increíble que ha llevado gusto y paz a la mnayoría de ellos,

cuando se han acercado a este maravilloso templo, absolutamente sublime y entrañable. Su sonido aterciopelado ha sido vehículo de multitud de interpretaciones litúrgicas,

o del repertorio organístico, o bien, puesto al servicio de la improvisación más candorosa y siempre ha producido en sus corazones una sensación pura.
Escribo de nuevo líneaas en este sentido para insistir en que tal se haya en un estado nuevamente precario, con cantidad de notas que no suenan, o que se quedan

indebidamente, en la mayoría de sus maravillosos registros.
Deberíamos de ser lo suficientemente magnánimos para ponerlo nuevamente en pie, máxime cuando el Armonium de la misma iglesia se encuentra en un estado poco

prometedor. Esta tarde estuve inspeccionando ambos, para preparar una boda que se oficiará en Noviembre. Los dos instrumentos están en estado lamentable. El

armonium está algo mejor dentro de sus posiblidades, pero con sus fuelles perdiendo aire. Es decir: que tenemos al templo principal de Cartagena desasistido de sus dos

instrumentos emblemáticos.
Sabemos que las cosas están mal, pero queremos pensar que ambos aparatos tienen solución: es cuestión de saber concienciar y de querer solucionar las cosas.
Aunque escribo en términos generales, en tiendo que la Junta que rige el Santo Hospital de Caridad de Cartagena debe ponerse al frente de la empresa de acometer esta

restauración sin pausa alguna, buscando recursos donde fuere necesario, incluídas las aportaciones de los cartageneros llegado el caso. Si bien el hacerse vox populi de

este extremo no puede descartarse y crear el ambiente propicio para que tomemos conciencia del problema.

martes, 4 de octubre de 2011

ASAMBLEA PARA EL SENADO

En Murcia, esta tierra tan castigada por "el ladrillazo", goberanada por la derecha desde hace 16 años, con tan alto índice de pobreza y paro, donde la conciencia social

es baja a tenor de las repetidas votaciones autonómicas, ha nacido una iniciativa casi espontánea que puede y debería valer de experimento para otros lugares de nuestra

geografía: el clamor asambleario, pero organizado, que propugna presentar candidatos al menos al Senado de este país. Y para ello ha contado con la aquiescencia y la

comprensión de tres formaciones en nuestra región: Izquierda Unida, Equo y Alternativa para Santomera, que rechazan a sus propios candidatos para la Cámara Alta, a fin

de dejar espacio a este clamor popular, lleno de entusiasmo y que quiere emprender todo lo que sea posible por superar los malos momentos que atrevasamos todos, por

culpa de unos pocos probablemente.
Es cierto que este movimiento social no se ha generado en vacío: mucho ha estado "lloviendo" políticamente por estas tierras y muchas personas han empezado a

despertar y gtomar conciencia de que deberíamos aspirar a cambiar el rumbo de las cosas,. porque todas las políticas neoliberales que se están poniendo en pr´actica

desde el segundo mandato de Zapatero, como en otros lugares de Europa no están sirviendo para paliar la crisis.
El llamado Foro Ciudadano de la región de Murcia, citado en este Blog en bastantes lugares, ha venido reuniendo, como

otras muchas ONGs de por acá, a ciudadanos deseosos de hablar de los asuntos públicos que nos atañen, al estilo del ágora griega de la democracia más genuína y

todos crearon un clima que hizo posible indicar a las autoridades mediante escritos y manifestaciones que no todos los murcianos están dormidos o desinteresados de la

res pública, al tiempo que otros movimientos más recientes, como democracia real o el 15m. Todo este estrato de personas no descuidadas, personas no dispuestas a

dejar los asuntos públicos sin más para afrontarlos en las urnas cada 4 años, es el que ha posibilitado encontrarse en torno a un proyecto joven, ilusionado, y ha pedido al

ala izquierdista del espectro político que ceda su aspiración al Senado para entregarla a esa ciudadanía bajo las siglas A.S.: "Asamblea hacia el Senado".
el proyecto está en marcha con idea de llegar a tiempo al 20N, a las próximas

y apresuradas Elecciones Nacionales. Se trabaja en grupos y en asamblea: constituídos los grupos 1 de búsqueda de nombre y Logo, 2, preparación de Primarias para

elegir candidatos, 3, elaboración de programa, comunicación; y parece que la maquinaria va a funcionar perfectamente: que así sea, porque la experiencia puede dar mucho

de sí: será una manera de hacer llegar a las Cortes el clamor del pueblo, cansado de tanto político de intereses dudosos, de tanto neocapitalismo que se mira en el

ombligo, reverenciado a las bolsas y olvidándose del hombre y su planeta.
¡Que surja idéntico clamor por doquier y enseñemos quién es el sostén de todo: el rico o el hombre!