martes, 13 de septiembre de 2011

El sueño de la creación de un nuevo orden

Rubor me produce escribir todo lo que sigue, porque supone la inclusión de un elemento bastante dudoso: la reflexión difícilmente neutra de unos cuantos en representación de todos, en un tiempo de impass difícilmente pensable; algo que no casa mucho con el pensamiento político actual. Ese tiempo sería un tiempo excepcional. ¿Pero es que no parecen excepcionales las circunstancias que estamos viviendo desde estos últimos años? Y por otra parte, ¿no están causados nuestros padecimientos más por el sistema, por instancias supranacionales que nacionales? ¿Y no nos rigen estas más inmediatamente que nuestros propios gobiernos? Sólo esto rebaja algo mi pudor, aunque yo mismo no concedo a estas líneas mucha seriedad. Se trata de un ejercicio relativamente desenfadado -hasta donde la cosa lo permite-, pensado sin mucho rigor, más con el corazón que la cabeza; un deseo inocente más que una petición de principios. Incluso puede que no sea el único con mucho que haya pensado tal en estos tiempos que corren: el deseo de que las cosas por fin cambien para bien de una forma así de fácil, así de difícil.
Bueno, me atrevo a comunicar mi elucubración. Me digo, mientras escucho en RNE otro desplome de las bolsas europeas, ante la posible bancarrota de Grecia:

Los mercados: son el nuevo Dios, en aras al cual quemamos todo lo que implique estado del bienestar; Dios al que hay que entregar todo tributo, mucho más que diezmos. Como si funcionar las sociedades fuera tan sólo pagar deuda.
Desde luego hoy día los mercados son quienes rigen la marcha de las cosas, su tiranía la que nos hace sacar la lengua exhaustos, los que imponen las decisiones de gobiernos y parlamentos que tiran a matar contra sus ciudadanos sin temblarles la mano. Y los mercados son los que, sin saberlo ellos, les mueven inconscientes a votar y legitimar a esos gobiernos y parlamentos que les machacan sin cesar.
Y todo porque santificamos la idea de que los mercados nos salvan, cuando directamente a quienes salvan esos mercados es a cuatro señores, y bien que los salvan, salvan a cuatro y nos pierden a todos. Arrodillarnos ante los mercados supone el empobrecimiento constante de la mayoría, supone ensuciar el planeta paso a paso, supone seguir montándonos en los hombros del tercer mundo, pero todo eso da igual: lo importante es que los mercados se satisfagan constantemente, cuando sólo muy indirectamente nos benefician: *cuando?, cuando al prestarnos permiten que las empresas funcionen, aunque no prestan por un gesto de buena voluntad sino buscando su beneficio.
Y Benedicto, al visitar España no se ha sentido celoso de ese Dios, no ha criticado para nada el culto al becerro de oro, no ha hablado de lo complicado que es que un camello pase por el agujero de una aguja, no se ha comprometido en definitiva con el pobre como hacía su Maestro... Doce discursos, doce rodeos para no hablar de la difícil situación actual de la humanidad ni de los puntos del evangeliario que más podrían ayudar a emancipar al hombre. Otra claudicación más ante los mercados.
¿Cómo puede hoy emanciparse el hombre? Pues pienso que no con más de lomismo, no remozando el neoliberalismo, que lo está sumiendo en la gigante miseria que va asolándonos, que esquilma el planeta, sino estrujándose el cerebro para encontrar nuevas soluciones, nuevas maneras de relacionarnos económicamente. ¡Oiga, esto quizá no sea tan difícil!, somos capaces de construír ingenios técnicos increíbles, levantamos obras de arte verdaderamente admirables, ¿no podríamos organizarnos también de una manera un poco más admirable? ¿O será que esto no interesa -"interés", palabra con connotaciones económicas- y por eso seguimos transitando por la misma vía?
Yaa, ya sabemos que es difícil partir de cero, que parar este tren en marcha es harto complicado. Pero lo peor es no tener ni siquiera la voluntad de buscar nuevas soluciones. Si quisiéramos, ¿por qué no congregar a todos los estudiosos posibles durante el tiempo que haga falta -el Vaticano II duró tres años- para que delineen un mundo más justo?, porque es cierto que la tarea de pensar algo así como otro orden no puede competer a unos pocos. Sí, lo que estoy defendiendo -quizá desde la mayor de las ingenuidades- es que encaremos una "cumbre de expertos" que tengan claro que el sistema actual está agotado y sólo nos lleva a la ruina, en la que se diseñe un nuevo orden y los caminos para transitar hacia él; un nuevo orden donde lo prioritario sea el bien común, el de todos los hombres, que vuelva a realizar el ideal de la igualdad, fraternidad y justicia.
Creo que parar ese tren es más ventajoso que el que nos arrolle o se estrelle y creo -con una fe racional- que plantándonos en la calle las veces que haga falta y votando a formaciones políticas que no hagan sin más concesiones a los mercados podemos generar el clima, no violento, para que el tren se pare. Y entonces, será posible, sin guillotinas ni Robespierres al uso, sentarse a trabajar por un mundo habitable para todos. Salir a la calle e introducir esta petición en los partidos más cercanos a la idea del bien común, de la emancipación de todo el genero humano, por encima del poder del dinero y los mercados.
Sí, muchas veces doy en imaginar esto, una especie de concilio, no de purpurados, sino de personas preparadas, de tantas universidades del planeta, como sea posible, que diseñen la manera más adecuada de superar lo que ya empieza a tener pinta de callejón sin salida.
¿Y en este proyecto casi onírico donde quedan las etiquetas de "izquierda o derecha"? No lo sé bien; creo que ese postular la defensa del bien común, o del interés general apuntaría más a la izquierda, pero lo más importante del asunto es que la tarea toca a todos; los estudiosos congregados para tal gigantesco diseño deberían ser humanistas y técnicos más que políticos al uso. Por ejemplo, el modelo del Decrecimiento propuesto por el señor Latouche y otros no es estrictamente un modelo ni de izquierdas ni de derechas, aunque es cierto que en cuanto que rompedor de la dinámica actual estaría más fácilmente defendido por la primera tendencia.
Los políticos, socialdemócratas o liberales, hincan la rodilla ante los mercados, hoy con más pinta de tapete verde que de otra cosa; ergo: obviémoslos y exijamos que expertos de corazón algo más limpio discurran con seriedad lo que al hombre y a su planeta convienen y siempre guiados por la razón, sin hacer concesiones a mito alguno, ni de la "pachamama" ni de María Santísima: si ella mora en el cielo vera con buenos ojos ese trabajo humano que busque el bien de todos.
Que las relaciones económicas han cambiado a lo largo de la historia es algo obvio: no son las mismas en sociedades tribales, el mundo antiguo, el feudalismo, la burguesía ni aun en el neoliberalismo actual. Sí que debo conceder que tales cambios nunca fueron originados en cumbres concienzudas de dos o tres años de duración, pero quizá la urgencia de nuestra situación justifique al menos el soñar con ello.

¿Utopía? Puede que desgraciadamente sí. Solución inviable? Es muy posible, pero yo entre tanto no pienso dar mi voto a partido socialdemócrata o liberal que se precie, no consiguen realizar plenamente al hombre y últimamente parecen empujarnos sin más por ese callejón sin salida.

Y hasta aquí lo que quizá desgraciadamente no sea más que un sueño. Ustedes perdonen.

domingo, 21 de agosto de 2011

¡Qué vino a contarnos Benedicto!

Nada en relación con el mundo en que vivimos, nada en relación a un sistema de vida que se está mostrando agónico. ¡Y eso que podría haber sacado gran partido a esta situación! Quiero decir: que podría haber señalado las grandes contradicciones de la humanidad, haber aireado a los "cuatro vientos" todo el sufrir, todos los grandes problemas y retos a los que nos enfrentamos, pero parece que estos no son problemas de la Iglesia que él desea.
Y aún más, Benedicto se olvida de cualquier forma de religiosidad que no sea la católica en su versión más rancia, se olvida de los demás cristianos, del potencial de otras religiones y se olvida del mundo obrero y de tantos pensadores y escritores que también han puesto de manifiesto la encrucijada del hombre -no me importa escribir "encrucijada-; porque parece no manejar con comodidad toda esa problemática presente.
Creo que no se me han escapado muchas de sus palabras -que he intentado seguir estos días de su estancia en España con atención- , amén -tampoco me importa escribir esta palabra- de que son bastante repetitivas y machaconas; se nota su avanzada edad y la de quienes le asesoren, incluído Rouco, que parecería querer amarrar bien el triunfo de la venidera derecha, por la ignorancia de tantos votantes, ignorancia muchas veces querida -y eso que se jactan de sus universidades- de que la derecha no busca la justicia social y de que el pensamiento social se inscribe en otro lugar.
Tengo claro, y bien es sabido que no soy el único, que si Cristo volviera a venir volvería a señalar a estos como sepulcros blanqueados, tan pendientes de la palabra fe y tan de espaldas a la realidad social, alucinantes ante por ejemplo una ampolla con sangre de Juan Pablo II; y todos bien de espaldas al Concilio Vaticano II: se han olvidado casi por completo de él; sólo lo recuerdan para lo que les conviene, por ejemplo cambiar el interface a fin de conservar mejor las ovejas que les restan, que no son tantas como no podía ser de otra manera; en verdad que no son tan pocas, porque la ignorancia y la cerrazón es lo que están repartidas y no la fe; aunque claro, cuando cualquiera de estos le ve las orejas al lobo no tiene ningún remilgo en acudir a la sabiduría humana, a la científica y aun a la atea: rezan para no tomar decisiones políticas que salven o rediman a los hombres en miseria, pero cuando tienen que ser ellos los salvados se ponen en manos de los saberes del siglo; y ante la bolsa igual, rezan y rezan pero para nada se enfrentan a los poderosos; es más, funcionan mejor al lado de ellos: no están al lado del pobre; no son reflejo del Galileo.
A los que hemos estado en las filas de la Iglesia y además nos hemos formado en la filosofía humana no podéis engañarnos: sois sepulcros blanqueados, interesados, palabrería, vanidad de vanidad, discurso ramplón, titiriteros, boato casi esperpéntico, conservadores recalcitrantes del estatu quo, que además habéis ido perdiendo bastantes puntos en la dramatización; y si no perdéis más ovejas es porque la naturaleza humana como bien sabéis es muy débil: son muchos los que prefieren estar engañados antes de encarar con frialdad las cosas. Y ese encararlas con frialdad no debe hacerse para desesperar, sino para tomar mejores soluciones.
No, no se ha escuchado ninguna palabra que ayude a la resolución de los conflictos humanos como hubiera sido de desear: habéis callado como prostitutas, que cierran la boca en su caso a cambio de dinero: y en el vuestro quizá por el mismo cambio. No cabe duda que estáis enajenados, en tanto que no sois capaces de focalizar lo que tenéis delante, con una enajenación que vuestro maestro criticaría de serle posible. Para nada devolvéis aquella imagen de él que se derrama en tantos puntos del "evangeliario", palabra que ahora os gusta resaltar como si hubiérais descubierto América. No se os demanda que hagáis -si es que aquél ppudo hacerlos alguna vez- milagros, pero sí al menos que os pongáis al lado de los débiles, que insistáis en las bienaventuranzas, que respetéis más a los gentiles, que os solidaricéis en definitiva con los pobres, los desheredados, los que sufren: que luchéis efectivamente por construír un mundo mejor: que eso también es mandato del padre y no desde palabras vacías, recetas mágicas y el bla bla bla en el que tanto os gusta ampararos, entendiendo mejor el adagio incluso benedictino: a Dios rogando y con el mazo dando: pero no dando en el cráneo de los infieles, para quedaros vosotros solos con la mies, sino manchándoos, si es que eso es mancharse, del hombre.
¡Benedicto!, a mí tu venida me ha servido al menos para algo: para corroborar de lo que eres capaz, de bien poco, si no es para seguir sosteniendo la caduca figura del papa decimonónico.

sábado, 13 de agosto de 2011

¡Qué decir de la inminente visita de Ratzinger a España!

No son muchas las personas que no me caen muy allá. Es decir, que en general me llevo bien con el talante de la mayoría de mis congéneres. Pero Ratzinger es uno de "mis imposibles", que diría el otro. Actualmente no proceso la fe católica ni ninguna otra, vivo con mi cabeza intentando mantenerla despierta y analizandolo todo, todo lo que los hombres vamos produciendo, nuestros logros y frustraciones de siglos y puedo sobrellevar mi existencia, no porque así tenga más licencias, no por conveniencia placentera, sino por convencimiento de que mi actitud es la más auténtica, mi actitud y la de muchos: una actitud muy común en personas dedicadas al concienzudo discurso filo´sófico occidental por ejemplo.
Pero decía: intentando ver a la persona, más allá de lo que representa para unos cuantos millones de seres humanos, y sin poder ver su rostro, sólo guiándome por la voz, y por sus palabras, Ratzinger es uno de esos tipos que no me son simpáticos, taampoco digamos brutalmente insoportables; pero lo que sí soporto aún peor es la vehiculación de la creencia de estos millones de seres en una serie de gestos que rallan lo reprobable, primero porque la visita del tal Ratzinger va a suponer el desembolso de 50 millones de euros en estos tiempos de crisis y segundo por los mensajes tremendamente retrógrados que va a esparcir con total impunidad, manteniendo una parrilla de valores de lo más zafio en la historia de la Iglesia católica de los últimos cien años.
Sus predecesores desde Juan XXIII, fueron mucho más afables; y sobre todo este y aun los dos subsecuentes. Al menos intentaron abrirse a la realidad social de una manera decidida, quisieron hacer por un mundo mejor.
Pero Ratzinger en todo el tiempo que lleva enseñoreado de la Iglesia se ha limitado siempre a cuestiones dogmáticas y nunca se ha mojado en cuestiones terrenales.
¿Qué está aportando la Iglesia a este momento tan tremendamente penoso para prácticamente todo el orbe? Absolutamente nada; la última noticia que escuchaba en radio esta mañana era que la diócesis de Madrid ha habilitado a los sacerdotes para que puedan perdonar a las mujeres que han abortado hasta el día de hoy y así lo soliciten; no es una medida de las que con más urgencia esté necesitado nuestro mundo, entre otras cosas porque el catolicismo actual tiene una visión muy particular del aborto y lo abandera, pareciendo así muy humana, defensora de la vida y demás. Desde luego, las ovejas de este gran rebaño se inflaman pías con ese gesto; pero esto no basta para defender la vida. La visión particular que de la vida tiene la fe cristiana es muy sui generis y aún más recalcitrante la propia de la fe Católica, y más aún la fe católica tal y como tiende a presentarla este director de la congregación para la fe que lo fue durante tantos años.
No, no me dan buenas vibraciones con este apostolado totalmente desmochado y desconectado de la sufriente sociedad actual, que nunca se encara con los poderes fácticos, con los ricos, con la alta y no tan alta banca, con la manera de hacer las cosas del sistema, con los valores neoliberales: qué poco refleja el caminar de su maestro según está escrito de una u otra forma, sean esos textos más o menos históricos y fiables. Creo que la genuina Iglesia Católica está perdiendo unos años de oro para hacer un apostolado verdaeramente comprometido con el bien y con los pobres, como sí hacía en los 70, en Sudamérica, en tantas otras misiones, incluso en los barrios marginados de muchas ciudades modernas, o hablando con claridad en muchas homilías que podían al menos tener un valor de emancipación y crítico importantes.
Pero todo eso pasó y aquí y ahora estamos sólo atufados nuevamente de incienso y casi sólo de incienso, cuando no de connivencia con los que más machacan al género humano, pues quien calla otorga.

En la página del
Observatorio del laicismo
pueden encontrarse muchos datos sobre esta visita a España de Ratzinger, en Agosto de 2011 aportados
desde una postura láica que creo para nada debe dejarse a un lado.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Recital para el Servicio de apoyo y orientación profesional de la Universidad de Murcia


El 21 de Julio de 2011 ofrecí un pequeño recital de jazz, por encargo del Servicio de Asesoramiento y Orientación Personal de la Universidad de Murcia.,
que atiende igualmente a alumnos con diferentes discapacidades. Pensaron que mi quehacer podía interesar a un grupo de jóvenes de toda España, que han
superado las

Pruebas de Acceso a la Universidad y han venido a Murcia para una primera toma de contacto con el mundo universitario.
Entrevista en Campus Digital
Puedes escuchar practicamente íntegro este pequeño recital y las conversaciones que en él se originaron espontáneamente:
podía interesar a un grupo de jóvenes de toda España, que han superado las

Pruebas de Acceso a la Universidad y han venido a Murcia para una primera
toma de contacto con el mundo universitario.
Entrevista
en Campus Digital

Puedes escuchar practicamente íntegro este pequeño recital y las conversaciones que en él se originaron espontáneamente:

mp3 1
mp3 2

jueves, 21 de julio de 2011

Homenaje a Miguel Hernández


Hace poquito encontramos en Youtube vídeo de tres de las canciones del recital dedicado a Miguel hernández, que ofrecimos Caridad Gil Lurquí y yo mismo en la delegación territorial de la ONCE en Murcia, en la celebración del centenario de su nacimiento.
Puedes vernos en estos dos enlaces:
El niño yuntero
Para la libertad y Canción última
Desde luego parafraseábamos al gran Juan Manuel Serrat, aunque no desembolsamos derechos de autor porque se trataba de un recital sin cobro de entrada, mero homenaje en el salón de actos de una institucion benéfica.




lunes, 4 de julio de 2011

Abundo en la presentación de mi CD Thalassa & Logos

Tal como se comenta en un post anterior llevamos a cabo su presentación en el Salón de Actos de la Fundación Cajamurcia
en esta ciudad el 14 de Junio.Foto 1
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Abrió el acto mi buen amigo Pedro Sáez, por parte de Cajamurcia; prosiguió mi querido y admirado profesor D. Francisco Jarauta, catedrático
d historia de la filosofía de la Universidad de Murcia

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