sábado, 29 de junio de 2013
Demasiado tiempo inmersos en la zozobra
en el temor de lo que aún quede por venir. Y lo peor: advertimos cómo mienten nuestros gobernantes al decir que ya entramos en la recta de la recuperación. No aludamos a otras cuestiones fangosas; basta con estas tres noticias para saber que esa afirmación es un artificio político. El posible rebrote de ETA, pero aún más, la reducción de las Pensiones y al menos el planteamiento de la bajada del salario mínimo muestran que las cosas siguen mal y que no se sabe, no se quiere o no pueden ser enderezadas. .
Y en estas jodidas circunstancias lo terrible no es que la deuda crezca o que el Capital y quienes lo agitan tiemblen o tengan un gemelo menos que colocarse en la muñeca. Lo jodido es que hay mucha gente ninguneada sin consideración alguna, desde luego que en nuestro país y en todas partes sin que apenas se alce el clamor de Congreso, Senado u otras instituciones: antes que el hambre les interesa el aborto, el matrimonio homosexual, apañarse el sistema educativo, etc., velando la cruda situación de ya tantas familias.
Así tal, quiero hacerme eco de una propuesta que tiempo ha hemos tratado varias personas, sin saberla encaminar mejor, por ver si contribuimos a un clamor que conduzca, ya que no a cambiar el rumbo de las cosas, al menos a paliar tanto sufrimiento.
Hace tres o cuatro años daba en pensar en la necesidad de un a modo de cónclave de expertos de todo el mundo que, con toda seriedad, intentaran delinear una salida a este callejón del Capitalismo decrépito y asesino; probablemente un anhelo delirante de mi parte. Ahora estamos llamados a ser con urgencia más prácticos. Se trata de clamar por la supervivencia, por el sustento de muchos, no en el Cuerno Sur de África o Pakistán, sino en Madrid, Albacete, Murcia...
Es cierto que parece como si en las cabezotas de muchos agitadores del capital -casi “terroristas” ya del capital- rondara la cínica pregunta de: todos esos que se hunden en la miseria, ¿pa kis tán? ¡Sobran! Pues no para ser ninguneados.
Seamos prácticos. ¿No podemos cambiar el orbe?; más aún: ¿queremos que los Estados afronten una deuda que no contrajeron, descuidando hasta servicios básicos?, ¿–queremos que se queden sin ellos y paguen con sus últimos estertores aquellos que no sabemos “pa qui están”? ¿No somos capaces de reunirnos para buscar una salida honrosa? Absolutamente imperdonable, Porque cuando buscamos dividendos sí que somos capaces de entendernos y forjar mil congresos y Encuentros a bien alto nivel, sin escatimar ostras y champagne.. Pero aún más imperdonable dejar morir a nuestros semejantes.
Seamos prácticos. Esta es la propuesta que ya cabe hacer, ingenua sólo para los acomodados y cínicos: establezcamos desde el mismo Estado un “fondo de beneficencia” ya, para personas sin recursos. No continuemos debatiendo si debería ganar las elecciones tal o cuál formación política más sensible alas necesidades del pueblo –que también-. Tracemos ese “Fondo de Beneficencia, Asistencia“, por razones de justicia social y no por otras, dotándolo de recursos más o menos voluntarios, administrados por la Asistencia Social, que tan importante papel desempeña desde hace muchos años en nuestro país, en Ayuntamientos, Comunidades y el ámbito estatal.
Tal Fondo, como digo, respaldado por el Estado debería tener un funcionamiento más serio y discriminativo que el de ONGs más o menos benefactoras. Estaría capacitado para publicitarse y gestionarse de forma más potente. Tendría la marca del Estado Español, incapaz por otros medios de echar una mano a ya gran parte de ciudadanos que van sumiéndose en la miseria sin misericordia alguna de sus semejantes menos desgraciados. Se trataría de una institución nacida en momentos duros, críticos, como cuando sobreviene un terremoto o cualquier otra catástrofe; sólo que su parcela de actuación es mucho más ancha y duradera: ¡Qué le vamos a hacer, si estos son los efectos colaterales, y no tan colaterales, del Capital!
Tal fondo recibiría aportaciones voluntarias o incluso podría recaudar mediante imposiciones a fortunas determinadas por su monto, según baremo a establecer. Debería tener sus recursos en la Hacienda Pública y facilitar a todos un número determinado de CCC para nutrirse y mantenerse diariamente.
Esto es ya algo imprescindible, y nuestros gobernantes no pueden ya mirar hacia otra parte; porque se les ve el plumero, el ansia por salvaguardar un estatus más allá de las exigencias europeas, cuando lo que debe vérseles es el ansia de servir a todos sus conciudadanos, que les dieron el voto sin merecimiento alguno recibiendo a cambio toda la mierda que les prometían evitar.
Obvio es que este no será el mejor estado de las cosas, pero sí es el adecuado en tanto se genere exclusión de forma tan brutal. Analizar el porqué de esta situación, tender a superarla como sea seguirá siendo obligación de los gobiernos, pero entre tanto estaremos evitando parte del dolor.
¡No hablamos de lucha, sino de Justicia!, ¡no de limosna sino de derecho!, ¡no de misericordia, sino de vergüenza!, esa que tantas veces le falta a quienes tanto cacarean ahora defender el interés general. Si tal pretenden consideren la necesidad de proteger, si no con recursos de la nación, al menos sí de las gentes que aún pueden vivir holgadamente, a todos los vomitados ya del sistema productivo. Organizar esta especie de colchón es justo y necesario. Parece que sólo serán excusas argüír que ello acostumbrará a la molicie de las personas, o que conducirá a detener el desarrollo del país.
si el sistema genera pobres el sistema debe a la vez atenderlos y procurar no generarlos.
(Publicado en La Opinión, el 29 de Junio)
domingo, 10 de marzo de 2013
Pianistas ciegos en el jazz
Me gusta volver a presentar este artículo que escribí hace años para Tifloinforma, un lugar dedicado a cuestiones de tiflotecnología, es decir de tecnologías para la suavización de los rigores de la ceguera, por así decir. En este artículo obviamente, pretendo mostrar la alta calidad de muchos pianistas del jazz que han sido ciegos, y casi no se sabría qué primero, si pianistas o ciegos, pero lo cierto es que son de una talla impresionante y un reconocimiento mundial, desde ART TATUM A TETE MONTOLIU O TERRAZA en nuestro país;
allá os remito si os interesa mínimamente el tema:
Pianistas ciegos en el jazz
allá os remito si os interesa mínimamente el tema:
Pianistas ciegos en el jazz
sábado, 2 de febrero de 2013
Buena música para nuestras iglesias (Carlos Rafael Pérez
Transcribo aquí un artículo de mi buen amigo y organista Carlos Rafael Pérez, que lo fue de la Iglesia de la Caridad de Cartagena después de mí, por su preocupación por atender el mal estado de estos órganos, especialmente el que ambos compartimos, él hasta hace unos meses, cansado ya de luchar para su puesta a punto y ante la imposibilidad real de poder haccer música decentemente en él y de ser desoído por la autoridad competente. Este es su artículo, publicado hace unas semanas en el diario La Opinión de Murcia:
En lo que se refiere a la Música Clásica, desgraciadamente para nosotros, nuestra sociedad deja bastante que desear. Fijándonos en la realidad de otros países europeos, no hay más que viajar fuera y percibirlo: es evidente.
Admiramos la calidad de las orquestas, los teatros, las temporadas de ópera y ballet de bastantes de esos países y no hay que pensar mucho para llegar a la conclusión de que esas orquestas y esos teatros están sostenidos y apoyados social y económicamente por sociedades más cultas que la nuestra, en las que existe una gran demanda de Música Clásica. Esa realidad musical de los países del centro y norte de Europa y el camino que nos falta a los españoles para acercarnos a ella, me lleva a considerar como imprescindible el cambiar el rumbo de la música que habitualmente, salvo excepciones, se hace en nuestras iglesias.
Es sabido que para la educación musical es fundamental el hecho de escuchar y el hecho de cantar. Sociedades musicalmente superiores a la nuestra llevan siglos educándose en sus iglesias. En esto ha sido decisivo el papel que protestantes y católicos desde el siglo XVI dieron al órgano de tubos como instrumento fundamental para la liturgia, acompañando como ningún otro el canto colectivo y organizando a su alrededor todo un universo musical (formas musicales, coros, música instrumental, etc.).El órgano ha sido una pieza clave para la educación musical de los países del centro y norte de Europa desarrollando, junto a su finalidad de acompañar la oración de los fieles y la liturgia, una extraordinaria labor masiva de sensibilización y práctica de la música especialmente acompañando el canto colectivo. Los fieles, sin darse cuenta, mientras rezaban o cantaban educaban su oído y su sensibilidad llegando, tras muchas generaciones, hasta hoy, con un oído cultivado y exigente.
Sin entrar en cuestiones religiosas, creo que esa práctica durante siglos del canto colectivo apoyado con el órgano, explica el mayor grado de presencia de la Música Clásica que poseen especialmente las sociedades de religión protestante. El órgano les ayudó precisamente a escuchar y a cantar, y así ha sido nada menos que durante quinientos años. Escuchar y cantar son la base de la educación musical. Como en tantas cosas, las iglesias europeas han educado musicalmente sin proponérselo expresamente a esos ciudadanos y a ese público que, tras generaciones y generaciones, en el siglo XXI sostiene hoy y apoya – fuera del ámbito religioso- a las formidables orquestas y teatros de sus ciudades. Es un público con cultura musical que tiene a la Música Clásica como referente, en gran medida, de su grado de civilización.
En la actualidad ¿qué nos encontramos en la mayoría de las iglesias españolas? Una gran incultura musical y una extraordinaria falta de criterio. Se prefiere la música de Kiko Argüello a la Polifonía y al Canto Gregoriano; y para cantar se opta por la guitarra antes que por el órgano. ¿De qué sirve el extraordinario patrimonio musical de la Iglesia en España? ¿Por qué se ha sustituido ese patrimonio por guitarras mal tocadas, micrófonos estridentes, coros desafinados y composiciones vulgares? ¿Por qué siendo españoles los polifonistas Tomás Luis de Victoria, Guerrero y Morales, por ejemplo, se interpretan en Inglaterra mucho más que en su propio país? En definitiva, ¿cuándo va a entrar la buena música en nuestras iglesias?
Causa tristeza reconocer nuestro atraso musical conformándonos demasiado cuando asistimos continuamente a celebraciones religiosas depauperadas en lo artístico, próximas a la chabacanería y fomentadas o admitidas resignadamente por clero y fieles.
El camino que tenemos que recorrer es largo, pero alguna vez hay que empezar, y de esto debemos darnos cuenta todos, no solamente la Iglesia Católica o nuestros políticos. Nuestros templos pueden y deben desempeñar una extraordinaria labor de sensibilización más allá de lo estrictamente religioso.
Debemos entender la necesidad de que deben recuperarse los órganos antiguos o construirlos nuevos para que tengan una proyección colectiva, artística, cultural o religiosa sobre nuestros pueblos y parroquias similar a la que tienen en otros países europeos.
Al mismo tiempo es necesario crear salidas profesionales para los jóvenes que se decidan por estudiar órgano en los Conservatorios. Es éste un asunto que la sociedad todavía no entiende bien y en general, la Iglesia, tampoco. ¿Quién va a estudiar órgano si no va a encontrar trabajo después de muchos años de dura formación? En los países con amplia cultura musical ser titular de una iglesia y vivir digna y honradamente de su sueldo como organista es una de las salidas que existen para los estudiantes de órgano. Para muchos esto se trata de un sueño. Es posible, pero estoy convencido de que mientras no se comprenda esta necesidad, y la Iglesia y la sociedad no inviertan dinero en ello, no avanzaremos mucho en el terreno de la educación musical en general.
Nuestros párrocos se asustarán de que, de ser así, el órgano y el organista constituirían un serio problema económico. Es éste un hecho que muchas iglesias y catedrales españolas deben plantearse hoy día. Si nuestras iglesias invierten dinero en obras, limpieza, luz, ajuares y demás, deben invertir igualmente en música, con la seguridad de que teniendo a un músico profesional ejerciendo su labor, la parroquia y la sociedad donde está insertada, verá rentabilizada con creces su inversión, y eso ya está demostrado en muchos sitios.
Por último, vayamos a los organeros: los constructores y mantenedores de órganos. El suyo es un oficio secular que está vigente; se estudia por ejemplo, en Francia y en Alemania, en las escuelas de Formación Profesional. En España, los pocos organeros que existen, han aprendido el oficio en el extranjero o en talleres particulares. Hay organeros profesionales, solventes y acreditados en nuestro país, que dan trabajo a artistas y artesanos enamorados de su oficio y que construyen órganos nuevos, restauran los antiguos y hacen su mantenimiento. Ejemplos: los nuevos órganos instalados en la ermita-santuario de la Virgen de la Huerta en Los Ramos-Murcia (septiembre 2005), en la iglesia de La Asunción, en Cieza (septiembre 2011) y en la de San Jaime y Santa Ana en Benidorm (noviembre 2012).
Es ineludible en este asunto hablar de dinero. ¿Cuánto cuesta un órgano nuevo? Para una persona sola, mucho dinero. Pero no se trata de un instrumento para una persona. ¿Cuánto cuesta construir una obra pública de cierta envergadura? Para una persona sola, también mucho dinero. Un órgano no es para el salón de una casa. Se trata de un instrumento para todos, del que se beneficia toda una comunidad y así ha sido entendido siempre. Un órgano de tubos no es una propiedad individual: pertenece a todo un grupo social.
El órgano recién inaugurado en Benidorm, por iniciativa de su parroquia, con tres teclados, cuarenta y cuatro registros y casi dos mil tubos ha costado cincuenta millones de pesetas (trescientos mil euros), costeado en gran medida a base de bonos de cincuenta euros por tubo. Salieron voces demagógicas criticando la inversión en esta época de crisis. Voces de algunos políticos que han debido retractarse ante las razones expuestas por el sentido común. ¿De dónde ha salido el dinero? Pues ha salido de aquí y de allá y al final, el pueblo de Benidorm ha enriquecido su patrimonio colectivo con una inversión que todo el mundo puede disfrutar y que puede durar siglos.
Un órgano de tubos en una iglesia es una inversión aparentemente costosa a corto plazo pero no lo es, para nada, a largo plazo, pues se rentabiliza socialmente más que de sobra y dura años y años. Tampoco creo que deba salir de un solo bolsillo, pues de su música se va a beneficiar, en el caso de Benidorm, toda la comunidad (residente o visitante), y a fin de cuentas ¿qué son cincuenta millones de pesetas para toda una ciudad o un pueblo si se enriquece durante generaciones su patrimonio cultural y artístico?
El hecho de la instalación de un órgano de tubos para todo un pueblo siempre merecerá la pena y es una empresa que al culminar producirá una satisfacción como pocas; así se ha entendido en Benidorm, en Cieza y en Centroeuropa; allí, tras dos guerras mundiales, no se concibe una iglesia grande o pequeña que no cuente con su órgano; órganos que son el orgullo de esos pueblos, costeados con entusiasmo por sus propios habitantes sensibles a la Música, provocando la admiración de quienes les visitan y sirviendo, en expresión de Juan Sebastian Bach “Para Gloria de Dios y provecho del prójimo”. Es hora de avanzar en ese camino."
Carlos Rafael Pérez, citado por Pedro Egio
En lo que se refiere a la Música Clásica, desgraciadamente para nosotros, nuestra sociedad deja bastante que desear. Fijándonos en la realidad de otros países europeos, no hay más que viajar fuera y percibirlo: es evidente.
Admiramos la calidad de las orquestas, los teatros, las temporadas de ópera y ballet de bastantes de esos países y no hay que pensar mucho para llegar a la conclusión de que esas orquestas y esos teatros están sostenidos y apoyados social y económicamente por sociedades más cultas que la nuestra, en las que existe una gran demanda de Música Clásica. Esa realidad musical de los países del centro y norte de Europa y el camino que nos falta a los españoles para acercarnos a ella, me lleva a considerar como imprescindible el cambiar el rumbo de la música que habitualmente, salvo excepciones, se hace en nuestras iglesias.
Es sabido que para la educación musical es fundamental el hecho de escuchar y el hecho de cantar. Sociedades musicalmente superiores a la nuestra llevan siglos educándose en sus iglesias. En esto ha sido decisivo el papel que protestantes y católicos desde el siglo XVI dieron al órgano de tubos como instrumento fundamental para la liturgia, acompañando como ningún otro el canto colectivo y organizando a su alrededor todo un universo musical (formas musicales, coros, música instrumental, etc.).El órgano ha sido una pieza clave para la educación musical de los países del centro y norte de Europa desarrollando, junto a su finalidad de acompañar la oración de los fieles y la liturgia, una extraordinaria labor masiva de sensibilización y práctica de la música especialmente acompañando el canto colectivo. Los fieles, sin darse cuenta, mientras rezaban o cantaban educaban su oído y su sensibilidad llegando, tras muchas generaciones, hasta hoy, con un oído cultivado y exigente.
Sin entrar en cuestiones religiosas, creo que esa práctica durante siglos del canto colectivo apoyado con el órgano, explica el mayor grado de presencia de la Música Clásica que poseen especialmente las sociedades de religión protestante. El órgano les ayudó precisamente a escuchar y a cantar, y así ha sido nada menos que durante quinientos años. Escuchar y cantar son la base de la educación musical. Como en tantas cosas, las iglesias europeas han educado musicalmente sin proponérselo expresamente a esos ciudadanos y a ese público que, tras generaciones y generaciones, en el siglo XXI sostiene hoy y apoya – fuera del ámbito religioso- a las formidables orquestas y teatros de sus ciudades. Es un público con cultura musical que tiene a la Música Clásica como referente, en gran medida, de su grado de civilización.
En la actualidad ¿qué nos encontramos en la mayoría de las iglesias españolas? Una gran incultura musical y una extraordinaria falta de criterio. Se prefiere la música de Kiko Argüello a la Polifonía y al Canto Gregoriano; y para cantar se opta por la guitarra antes que por el órgano. ¿De qué sirve el extraordinario patrimonio musical de la Iglesia en España? ¿Por qué se ha sustituido ese patrimonio por guitarras mal tocadas, micrófonos estridentes, coros desafinados y composiciones vulgares? ¿Por qué siendo españoles los polifonistas Tomás Luis de Victoria, Guerrero y Morales, por ejemplo, se interpretan en Inglaterra mucho más que en su propio país? En definitiva, ¿cuándo va a entrar la buena música en nuestras iglesias?
Causa tristeza reconocer nuestro atraso musical conformándonos demasiado cuando asistimos continuamente a celebraciones religiosas depauperadas en lo artístico, próximas a la chabacanería y fomentadas o admitidas resignadamente por clero y fieles.
El camino que tenemos que recorrer es largo, pero alguna vez hay que empezar, y de esto debemos darnos cuenta todos, no solamente la Iglesia Católica o nuestros políticos. Nuestros templos pueden y deben desempeñar una extraordinaria labor de sensibilización más allá de lo estrictamente religioso.
Debemos entender la necesidad de que deben recuperarse los órganos antiguos o construirlos nuevos para que tengan una proyección colectiva, artística, cultural o religiosa sobre nuestros pueblos y parroquias similar a la que tienen en otros países europeos.
Al mismo tiempo es necesario crear salidas profesionales para los jóvenes que se decidan por estudiar órgano en los Conservatorios. Es éste un asunto que la sociedad todavía no entiende bien y en general, la Iglesia, tampoco. ¿Quién va a estudiar órgano si no va a encontrar trabajo después de muchos años de dura formación? En los países con amplia cultura musical ser titular de una iglesia y vivir digna y honradamente de su sueldo como organista es una de las salidas que existen para los estudiantes de órgano. Para muchos esto se trata de un sueño. Es posible, pero estoy convencido de que mientras no se comprenda esta necesidad, y la Iglesia y la sociedad no inviertan dinero en ello, no avanzaremos mucho en el terreno de la educación musical en general.
Nuestros párrocos se asustarán de que, de ser así, el órgano y el organista constituirían un serio problema económico. Es éste un hecho que muchas iglesias y catedrales españolas deben plantearse hoy día. Si nuestras iglesias invierten dinero en obras, limpieza, luz, ajuares y demás, deben invertir igualmente en música, con la seguridad de que teniendo a un músico profesional ejerciendo su labor, la parroquia y la sociedad donde está insertada, verá rentabilizada con creces su inversión, y eso ya está demostrado en muchos sitios.
Por último, vayamos a los organeros: los constructores y mantenedores de órganos. El suyo es un oficio secular que está vigente; se estudia por ejemplo, en Francia y en Alemania, en las escuelas de Formación Profesional. En España, los pocos organeros que existen, han aprendido el oficio en el extranjero o en talleres particulares. Hay organeros profesionales, solventes y acreditados en nuestro país, que dan trabajo a artistas y artesanos enamorados de su oficio y que construyen órganos nuevos, restauran los antiguos y hacen su mantenimiento. Ejemplos: los nuevos órganos instalados en la ermita-santuario de la Virgen de la Huerta en Los Ramos-Murcia (septiembre 2005), en la iglesia de La Asunción, en Cieza (septiembre 2011) y en la de San Jaime y Santa Ana en Benidorm (noviembre 2012).
Es ineludible en este asunto hablar de dinero. ¿Cuánto cuesta un órgano nuevo? Para una persona sola, mucho dinero. Pero no se trata de un instrumento para una persona. ¿Cuánto cuesta construir una obra pública de cierta envergadura? Para una persona sola, también mucho dinero. Un órgano no es para el salón de una casa. Se trata de un instrumento para todos, del que se beneficia toda una comunidad y así ha sido entendido siempre. Un órgano de tubos no es una propiedad individual: pertenece a todo un grupo social.
El órgano recién inaugurado en Benidorm, por iniciativa de su parroquia, con tres teclados, cuarenta y cuatro registros y casi dos mil tubos ha costado cincuenta millones de pesetas (trescientos mil euros), costeado en gran medida a base de bonos de cincuenta euros por tubo. Salieron voces demagógicas criticando la inversión en esta época de crisis. Voces de algunos políticos que han debido retractarse ante las razones expuestas por el sentido común. ¿De dónde ha salido el dinero? Pues ha salido de aquí y de allá y al final, el pueblo de Benidorm ha enriquecido su patrimonio colectivo con una inversión que todo el mundo puede disfrutar y que puede durar siglos.
Un órgano de tubos en una iglesia es una inversión aparentemente costosa a corto plazo pero no lo es, para nada, a largo plazo, pues se rentabiliza socialmente más que de sobra y dura años y años. Tampoco creo que deba salir de un solo bolsillo, pues de su música se va a beneficiar, en el caso de Benidorm, toda la comunidad (residente o visitante), y a fin de cuentas ¿qué son cincuenta millones de pesetas para toda una ciudad o un pueblo si se enriquece durante generaciones su patrimonio cultural y artístico?
El hecho de la instalación de un órgano de tubos para todo un pueblo siempre merecerá la pena y es una empresa que al culminar producirá una satisfacción como pocas; así se ha entendido en Benidorm, en Cieza y en Centroeuropa; allí, tras dos guerras mundiales, no se concibe una iglesia grande o pequeña que no cuente con su órgano; órganos que son el orgullo de esos pueblos, costeados con entusiasmo por sus propios habitantes sensibles a la Música, provocando la admiración de quienes les visitan y sirviendo, en expresión de Juan Sebastian Bach “Para Gloria de Dios y provecho del prójimo”. Es hora de avanzar en ese camino."
Carlos Rafael Pérez, citado por Pedro Egio
jueves, 20 de diciembre de 2012
¡Feliz Navidad!¡Feliz Navidad!
¡Feliz Navidad!
Hay en este deseo un sentimiento más infantil que otra cosa. De pequeños estos días eran verdaderamente entrañables, familiares, llenos de ensoñaciones, de sana alegría, sin la competitividad ni el fiero individualismo actual. Tampoco se vivía el pleno sentido de la fiesta tal como lo concebían los antiguos cristianos, porque pocos reflexionábamos sobre las grandes verdades que el misterio del nacimiento de Jesús encierra: un niño pobre que simboliza más verdad que todos los ricos y sabios del mundo.
No es que de pequeños estubiéramos totalmente interesados por este mensaje: pero ahora menos que nunca. Ahora está claro: los pobres son esos seres que apenas si son humanos, y por eso poco importa en qué estado se encuentren; son pobres: “¡que se jodan!” se llega a gritar en un contexto muy similar a este en el Parlamento. ¿Son pobres? Pues que esperen las migajas de arriba, qué esperen a que esto prospere, que sepan tener paciencia, que lo estamos arregladno: nadie tiene culpa de que no hayan sido más listos o mejor ayudados por la benevolencia divina: por algo será.
Bueno, quizá haya algunas señales de que la superioridad quiere inculcarnos ese sentido trascendente, alejado de todo consumismo, del rodar de monedas para engrosar cuentas que a su vez, mediante la pura especulación, seguirán engrosando y destruyendo vidas. Parece que ese es el sentido de la supresión de la paga extra de estas fechas a tantos españoles. Y es que ellos saben muy bien lo que hacer y cómo debe hacerse para recuperar el genuino espíritu navideño y para que la cosa dé sus frutos muy pronto. Esto es como lo de crear puestos de trabajo dándole a los más ricos la posibilidad de despedir a gusto y de evadir cada vez más impuestos; esto va a dar sus frutos, naturalmente; si el rico camina más cómodamente soltando la mano del pobre puesla tendrá más libre para meterla en el bolsillo y echarle alguna limosna; bueno, probablemente ni eso.
Está claro: seguimos perdiendo puestos de trabajo a chorro, pero eso es culpa de Zapatero y de cómo dejó las cosas: ¡qué gran poder el de Zapatero, que ha empobrecido a medio mundo, a casi toda Europa, y en sus siete años ha cambiado la faz del planeta, ha originado la mayor crisis vivida en siglos.
Lo que está más claro es que hemos aprendido, sin duda, a tragar y tragar: es una manera de sobrevivir, siendo como es muy sospechoso que para arreglar los grandes desmanes de Zapatero o el demonio, estemos siempre limando por abajo, cargando la responsabilidad de levantar el país sólo sobre los hombros de los más débiles: este es el sentido navideño también que se nos quiere inculcar quizá, con la aquiescencia del papado alemán que tan maravillosamente nos asiste. No en vano también alemanes son los que nos exigen a los del Sur hasta el último euro de una sospechosa deuda, que principalmente es de los bancos, y se nos la exige a nosotros, dejando casas, dejando bocado, empezando a carecer de la sanidad y la educación que tenemos por derecho, y porque logramos levantarlas así .
Sí, este es el espíritu navideño, levantado por alumbrados chispeantes acá y allá con símbolos vacíos, cacareado en las televisiones, junto a espacios verdaderamente deleznables, con abuso del sexo como tema que hace de gran cortina de humo, y el mismo deporte diem de idem; porque qué diferente es esforzarse tras un balón a observar en un sillón los movimientos de otros generalmente bien atiborrados.
En estas circunstancias, aun no siendo muy fervorosos, entran ganas frecuentemente de canturrear esta letra de la Misa Campesina de hace unas décadas, nacida en una Nicaragua políticamente muy comprometida, y en el seno de la siempre poco suficientemente aplaudida Teología de la liberación:
“¡Cristo Jesús!: identifícate con nosotros, no con la clase opresora que explota y devora la comunidad; sino con el oprimido, con el pueblo herido sediento de paz.”
Sólo un pero a esta letra. Si Cristo está por algún lado –y si está a mí no me estorba para nada-, ¿habría necesidad de pedirle que así se decantara? No sería necesario porque su posición es bastante clara, a tenor de las palabras vertidas en los evangelios que damos por buenos; sólo que el pobre tiene derecho a desconfiar: ha estado ya demasiadas veces dejado de la mano del propio cielo. ¿O es que queremos hacer de Dios el autor de lo bueno y exonerarle por completo, por completo, de toda responsabilidad en lo malo? Demasiado agustinianos somos cuando queremos: no existe el mal, es ausencia de bien, de Dios; pero amigo, en esto hay al menos cierta insuficiencia divina, imposible de admitir; ¿no? O una permisividad divina que torna al sistema inconsistente.
Y es que el sistema es quizá mucho más sencillo que todo esto: el sistema que debe funcionar es el de que todos los hombres somos iguales, con los mismos derechos y deberes: y nunca se olvide esto. Y a partir de esto hay que reedificar o aun volver a edificar desde los cimientos. Este es el verdadero sentido de la navidad, no el de la tele, la bolsa y los grandes almacenes: y cuando esto sea así: todos los hombres iguales en derechos y deberes, podremos hablar con autoridad, podremos ser “felices”, o al menos podremos respirar, que esto de la felicidad parece también de cuento incluídas las perdices, podremos volver a desearnos ¡feliz navidad! Mas Mientras, el discurso de la Corona o cualquier formulación más o menos brillante, en la Plaza del Vaticano, en Berlín, o en Moncloa es vacuidad, que sigue sirviendo a los intereses de los más fuertes y despiadados.
Con todo, habremos de desearnos, esperando no verter acá pura retórica: que tengamos una navidad lo menos mala posible, en el deseo de que sepamos encontrar las más justas, poco a poco, pero sin pausa.
Hay en este deseo un sentimiento más infantil que otra cosa. De pequeños estos días eran verdaderamente entrañables, familiares, llenos de ensoñaciones, de sana alegría, sin la competitividad ni el fiero individualismo actual. Tampoco se vivía el pleno sentido de la fiesta tal como lo concebían los antiguos cristianos, porque pocos reflexionábamos sobre las grandes verdades que el misterio del nacimiento de Jesús encierra: un niño pobre que simboliza más verdad que todos los ricos y sabios del mundo.
No es que de pequeños estubiéramos totalmente interesados por este mensaje: pero ahora menos que nunca. Ahora está claro: los pobres son esos seres que apenas si son humanos, y por eso poco importa en qué estado se encuentren; son pobres: “¡que se jodan!” se llega a gritar en un contexto muy similar a este en el Parlamento. ¿Son pobres? Pues que esperen las migajas de arriba, qué esperen a que esto prospere, que sepan tener paciencia, que lo estamos arregladno: nadie tiene culpa de que no hayan sido más listos o mejor ayudados por la benevolencia divina: por algo será.
Bueno, quizá haya algunas señales de que la superioridad quiere inculcarnos ese sentido trascendente, alejado de todo consumismo, del rodar de monedas para engrosar cuentas que a su vez, mediante la pura especulación, seguirán engrosando y destruyendo vidas. Parece que ese es el sentido de la supresión de la paga extra de estas fechas a tantos españoles. Y es que ellos saben muy bien lo que hacer y cómo debe hacerse para recuperar el genuino espíritu navideño y para que la cosa dé sus frutos muy pronto. Esto es como lo de crear puestos de trabajo dándole a los más ricos la posibilidad de despedir a gusto y de evadir cada vez más impuestos; esto va a dar sus frutos, naturalmente; si el rico camina más cómodamente soltando la mano del pobre puesla tendrá más libre para meterla en el bolsillo y echarle alguna limosna; bueno, probablemente ni eso.
Está claro: seguimos perdiendo puestos de trabajo a chorro, pero eso es culpa de Zapatero y de cómo dejó las cosas: ¡qué gran poder el de Zapatero, que ha empobrecido a medio mundo, a casi toda Europa, y en sus siete años ha cambiado la faz del planeta, ha originado la mayor crisis vivida en siglos.
Lo que está más claro es que hemos aprendido, sin duda, a tragar y tragar: es una manera de sobrevivir, siendo como es muy sospechoso que para arreglar los grandes desmanes de Zapatero o el demonio, estemos siempre limando por abajo, cargando la responsabilidad de levantar el país sólo sobre los hombros de los más débiles: este es el sentido navideño también que se nos quiere inculcar quizá, con la aquiescencia del papado alemán que tan maravillosamente nos asiste. No en vano también alemanes son los que nos exigen a los del Sur hasta el último euro de una sospechosa deuda, que principalmente es de los bancos, y se nos la exige a nosotros, dejando casas, dejando bocado, empezando a carecer de la sanidad y la educación que tenemos por derecho, y porque logramos levantarlas así .
Sí, este es el espíritu navideño, levantado por alumbrados chispeantes acá y allá con símbolos vacíos, cacareado en las televisiones, junto a espacios verdaderamente deleznables, con abuso del sexo como tema que hace de gran cortina de humo, y el mismo deporte diem de idem; porque qué diferente es esforzarse tras un balón a observar en un sillón los movimientos de otros generalmente bien atiborrados.
En estas circunstancias, aun no siendo muy fervorosos, entran ganas frecuentemente de canturrear esta letra de la Misa Campesina de hace unas décadas, nacida en una Nicaragua políticamente muy comprometida, y en el seno de la siempre poco suficientemente aplaudida Teología de la liberación:
“¡Cristo Jesús!: identifícate con nosotros, no con la clase opresora que explota y devora la comunidad; sino con el oprimido, con el pueblo herido sediento de paz.”
Sólo un pero a esta letra. Si Cristo está por algún lado –y si está a mí no me estorba para nada-, ¿habría necesidad de pedirle que así se decantara? No sería necesario porque su posición es bastante clara, a tenor de las palabras vertidas en los evangelios que damos por buenos; sólo que el pobre tiene derecho a desconfiar: ha estado ya demasiadas veces dejado de la mano del propio cielo. ¿O es que queremos hacer de Dios el autor de lo bueno y exonerarle por completo, por completo, de toda responsabilidad en lo malo? Demasiado agustinianos somos cuando queremos: no existe el mal, es ausencia de bien, de Dios; pero amigo, en esto hay al menos cierta insuficiencia divina, imposible de admitir; ¿no? O una permisividad divina que torna al sistema inconsistente.
Y es que el sistema es quizá mucho más sencillo que todo esto: el sistema que debe funcionar es el de que todos los hombres somos iguales, con los mismos derechos y deberes: y nunca se olvide esto. Y a partir de esto hay que reedificar o aun volver a edificar desde los cimientos. Este es el verdadero sentido de la navidad, no el de la tele, la bolsa y los grandes almacenes: y cuando esto sea así: todos los hombres iguales en derechos y deberes, podremos hablar con autoridad, podremos ser “felices”, o al menos podremos respirar, que esto de la felicidad parece también de cuento incluídas las perdices, podremos volver a desearnos ¡feliz navidad! Mas Mientras, el discurso de la Corona o cualquier formulación más o menos brillante, en la Plaza del Vaticano, en Berlín, o en Moncloa es vacuidad, que sigue sirviendo a los intereses de los más fuertes y despiadados.
Con todo, habremos de desearnos, esperando no verter acá pura retórica: que tengamos una navidad lo menos mala posible, en el deseo de que sepamos encontrar las más justas, poco a poco, pero sin pausa.
domingo, 16 de septiembre de 2012
¡Padre nuestro!
¡Padre nuestro!,
Que deseamos estés en el agua, en la tierra, en el aire,
y no sólo en el primer y lejano aliento de todo;
que debes estar incluso de alguna forma en nosotros, no sólo allá,
como cuando decías lo que hiciéremos al otro a ti mismo lo hiciéremos;
que debes de estar más en nuestra mente que en nuestros torpes deseos:
no ha de importarnos decir bien tu nombre aunque tantas veces parezcas ignorar a tus hijos, al menos en lo qqque a lo material respecta,
cuando a tantos nos dejas morir de hambre, nos permites tullidos, pisoteados, ninguneados, exprimidos
-ponle que a unos seis mil quinientos millones de siete mil-.
¡Padre, Señor!: justicia allá y acá,
y si no es mucho pedir más acá: que allá no es preciso pedirla, pues siempre se piensa que tal habrá,
porque si allá tampoco la hubiera podrías haberte guardado todo el trabajo,
o al menos haber descansado el mismísimo sexto día.
Queremos no ser doblegados más con la injusticia, si no es mucho pedir;
Que el quique suum no sea dudoso y aún más claro el neminem laedere
Que la humanidad deje de ser mancillada por una parte de sí misma;
Que dejen de despistarnos con que tu reino no es de este mundo para que nos pongamos a la tarea de mejorar este, que también es tuyo.
¡Sí,muéstranos que también en estos cruciales asuntos tu querer es poder,
acá y allá, allá y acá!
danos nuestro pan hoy, mañana y pasado,
no sólo un mendrugo sino una vida digna a todo hombre, parecida a la de su congénere, como nosotros, padres, igualamos a los hermanos;
da nobis pan y labor justamente remunerada;
grano para todo granero, tú que dijiste que vestías a todos los lirios y pájaros
y de paso, por favor, espanta a las urracas;
hazlo tú, aunque tengamos que ayudarte en la tarea,
que a veces pareces haber devenido muy sènior, para desgracia nuestra;
o al menos incúlcanos tu sabiduría de gran anciano, sóplanos en nuestras orejas
para encontrar el camino de acá redimirnos
y mejor allá llegaremos, si es que a algún sitio tras esta mala noche.
Déjanos hablarte así entre nuestros pucheros
y que en ellos no falte comida,
si más que a lirios o a pájaros nos hiciste.
et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris!,
así sin rubor rogamos esto y esto manifestamos,
que estos cristianos tantas veces con espíritu de banqueros
cambiaron hace poco el "débito" por la "ofensa":
sabían lo que se estaba cociendo y procedieron como en el siglo II,
intentando despistar, suavizar y aun disimular esta petición del perdón de lo debido;
y sin embargo, cuanto bien haría que se humanizaran las condiciones de la deuda:
pero los que se llaman tus hijos poco traslucen del padre;
quizá nos quede el consuelo de que es más fácil
que un camello pase por el ojo de una aguja.
¡o no!: no nos bastan consuelos espirituales mientras muramos realmente de hambre.
Et ne nos inducas in tentationem!, retira la tentación
a los estafadores, a los explotadores, a los falsos,
a todo sepulcro blanqueado por fuera;
la tentación de seguir fingiendo, explotando, aparentando, estafando,
aunque esto es volverte a pedir la cuadratura del círculo,
después que dices habernos hecho libres, o no habernos hecho así, que es igual,
pues de una u otra forma la historia continúa caminando.
te lo pedimos aunque sabemos y comprobamos
que estás tan maniatado por tus propias reglas
como lo estamos tantas veces nosotros por nuestros vicios;
¡Sed liberanos a malo!, aunque cuando así oramos
comprobamos una y otra vez que el mal nos conturba cada segundo,
pareciendo que sólo nosotros tenemos la llave de la redención,
que habremos de intentar tantas veces, así tantas salgan mal,
pues intentarla nos hace más dignos que engañarnos y bajar la cabeza.
Libéranos, si no de todo mal,
al menos de pensar que todo está perdido.
Que deseamos estés en el agua, en la tierra, en el aire,
y no sólo en el primer y lejano aliento de todo;
que debes estar incluso de alguna forma en nosotros, no sólo allá,
como cuando decías lo que hiciéremos al otro a ti mismo lo hiciéremos;
que debes de estar más en nuestra mente que en nuestros torpes deseos:
no ha de importarnos decir bien tu nombre aunque tantas veces parezcas ignorar a tus hijos, al menos en lo qqque a lo material respecta,
cuando a tantos nos dejas morir de hambre, nos permites tullidos, pisoteados, ninguneados, exprimidos
-ponle que a unos seis mil quinientos millones de siete mil-.
¡Padre, Señor!: justicia allá y acá,
y si no es mucho pedir más acá: que allá no es preciso pedirla, pues siempre se piensa que tal habrá,
porque si allá tampoco la hubiera podrías haberte guardado todo el trabajo,
o al menos haber descansado el mismísimo sexto día.
Queremos no ser doblegados más con la injusticia, si no es mucho pedir;
Que el quique suum no sea dudoso y aún más claro el neminem laedere
Que la humanidad deje de ser mancillada por una parte de sí misma;
Que dejen de despistarnos con que tu reino no es de este mundo para que nos pongamos a la tarea de mejorar este, que también es tuyo.
¡Sí,muéstranos que también en estos cruciales asuntos tu querer es poder,
acá y allá, allá y acá!
danos nuestro pan hoy, mañana y pasado,
no sólo un mendrugo sino una vida digna a todo hombre, parecida a la de su congénere, como nosotros, padres, igualamos a los hermanos;
da nobis pan y labor justamente remunerada;
grano para todo granero, tú que dijiste que vestías a todos los lirios y pájaros
y de paso, por favor, espanta a las urracas;
hazlo tú, aunque tengamos que ayudarte en la tarea,
que a veces pareces haber devenido muy sènior, para desgracia nuestra;
o al menos incúlcanos tu sabiduría de gran anciano, sóplanos en nuestras orejas
para encontrar el camino de acá redimirnos
y mejor allá llegaremos, si es que a algún sitio tras esta mala noche.
Déjanos hablarte así entre nuestros pucheros
y que en ellos no falte comida,
si más que a lirios o a pájaros nos hiciste.
et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris!,
así sin rubor rogamos esto y esto manifestamos,
que estos cristianos tantas veces con espíritu de banqueros
cambiaron hace poco el "débito" por la "ofensa":
sabían lo que se estaba cociendo y procedieron como en el siglo II,
intentando despistar, suavizar y aun disimular esta petición del perdón de lo debido;
y sin embargo, cuanto bien haría que se humanizaran las condiciones de la deuda:
pero los que se llaman tus hijos poco traslucen del padre;
quizá nos quede el consuelo de que es más fácil
que un camello pase por el ojo de una aguja.
¡o no!: no nos bastan consuelos espirituales mientras muramos realmente de hambre.
Et ne nos inducas in tentationem!, retira la tentación
a los estafadores, a los explotadores, a los falsos,
a todo sepulcro blanqueado por fuera;
la tentación de seguir fingiendo, explotando, aparentando, estafando,
aunque esto es volverte a pedir la cuadratura del círculo,
después que dices habernos hecho libres, o no habernos hecho así, que es igual,
pues de una u otra forma la historia continúa caminando.
te lo pedimos aunque sabemos y comprobamos
que estás tan maniatado por tus propias reglas
como lo estamos tantas veces nosotros por nuestros vicios;
¡Sed liberanos a malo!, aunque cuando así oramos
comprobamos una y otra vez que el mal nos conturba cada segundo,
pareciendo que sólo nosotros tenemos la llave de la redención,
que habremos de intentar tantas veces, así tantas salgan mal,
pues intentarla nos hace más dignos que engañarnos y bajar la cabeza.
Libéranos, si no de todo mal,
al menos de pensar que todo está perdido.
miércoles, 25 de julio de 2012
Lo que nos está tocando vivir
es de tal repugnante jaez que difícilmente aportaré cosas atinadas, sobre todo si uno está tocado por los dioses con la desgracia de un carácter bipolar, que quizá ahora no esté en su peor momento, pero que siempre preocupa. Además soy ciego. No es cuestión de contar más desgracias, pero padecerlas las he padecido en número suficiente debiendo uno estar preparado para afrontar las nuevas, incluída la ineludible de despedirse huius lacrimarum vallis.
Con esta fuerza de mi situación personal, apenas pincelada y mis 53 años de vida, me atrevo a escribir y escribo, que me revelo hasta donde me es posible contra esta locura de los últimos coletazos de un sistema, el capitalista, que está zampándose, no sólo ya gran parte del tercer mundo desde épocas coloniales, sino ahora sus propios pies, principalmente la Europa Occidental, su baluarte más brillante, su delineadora e ideóloga. Zampándose el optimismo de la época ilustrada, la delirante idea burguesa de que progresamos sin fin. Pensábamos: “salvándonos individualmente por cualquier medio nos salvamos todos”.
En la segunda mitad del XIX la Izquierda Hegeliana criticó ya ese mundo feliz teorizado porHEGEL, que presentaba a la sociedad del momento como expresión de los últimos despliegues de un Espíritu que camina realizando su absoluta perfección.MARX era el joven más brillante de entre aquellos. Desde entonces los intelectuales más atrevidos, más comprometidos, menos encadenados a tópicos e intereses mezquinos, también gran número de artistas, transitaron esta senda de crítica al estado de cosas, poco favorable para la realización del hombre. Hemos vivido la experiencia de las revoluciones obreras, también sus asfixiantes dictaduras, ambas guerras mundiales, un progreso posterior desmedido y ahora este tremendo crack, anunciado por aquellos intelectuales y artistas –también la Escuela de Frankfurt- no conformes con los bríos que iba cobrando el capitalismo, como sistema de usura e individualismo moral y sin cortapisas.
Voy a mi asunto. Desde mi experiencia, buena o mala, señalo que la solución de nuestros problemas vuelve a pasar, si queremos organizarnos contra esto que todos cacareamos ya como “profunda crisis”, precisamente por KARL MARX, por sus ideas más genuinas, más lúcidas de lo que generalmente se admite sin conocerlas bien. No podemos permitirnos el lujo de perder de vista su análisis de la realidad, de lo social; su desenmascaramiento de los intereses de los opresores; la idea de la infraestructura, que informa o mapea a la superestructura, es decir, de que los intereses más inconfesables forjan los discursos, las creencias, el imaginario colectivo; de que el cambio de cosas debe ser promovido por los peor situados -obviamente muy importante-; de que la historia es movible, de que las cosas pueden cambiarse, tomando plena conciencia; de que toda acción revolucionaria debe servir realmente –no ideológicamente- al bien común, a todos los hombres; la distinción entre análisis rigurosos, racionales, científicos, versus discursos ideológicos montados sobre intereses de unos pocos, gobernantes, clase opresora, explotadores. Todo esto esta en MARX y sigue siendo absolutamente fundamental y útil; así como el respeto a la naturaleza y detestar toda vehiculación de esta para uso y explotación de la minoría.
Muchos hemos caído en las redes de este sistema absolutamente inhumano, que, sin ir más lejos, desprecia a 6 millones de españoles y a los demás; les engaña, les promete la felicidad en cada recorte de sus derechos más fundamentales, vendiéndose plenamente a los intereses europeos, que es lo mismo que decir de Merkel y unos pocos más. Pero es hora de encarar las cosas, de quitarnos lastre, dudando de tanta palabrería de un sistema que se resquebraja. DE hecho, ya nadie cree que Europa y sus instituciones salven: ¡mentira!, y si usted se lo cree señor Rajoy raya la oligofrenia. Esta Europa, ésta, no salva.Nadie cree en la cientificidad de Standard and poor, Fitch, Moodi’s, ni en la inocencia de los que a ellas se inclinan, ni siquiera en las pocas reglas neoliberales: “mueve dinero para que indirectamente todos salgamos ganando”. Las agencias de calificación de riesgos barren para los intereses de los especuladores aunque se escondan en proporciones. Las verdades del sistema capitalistas son verdades parciales, interesadas, por mucho que una minoría nos machaque con todos los medios a su alcance sin reparo ni vergüenza, y más sublevante aún, con la complicidad de casi todas las iglesias; desde luego, no es lo mismo la inocencia de un creyente sin apenas formación que la perversidad del discurso religioso alienante de determinadas figuras ni su misma responsabilidad para con la humanidad. Por cierto “alienación” también es palabra central en la forma racional, humana, de encarar el mundo la teoría marxista.
Me imagino que pocos lectores han gustado de seguirme hasta aquí. Retomo mi apunte central: no he repasado las atrocidades, económicas, las injusticias, los atropellos ecológicos, etc., que casi todos estamos padeciendo, aún en mayor o menor medida. Este repaso lo hacemos cada día, bien descafeinadamente por los medios de comunicación al uso, bien con mayor responsabilidad en la prensa más adecuada o en Internet como espacio menos tutelado por la oficialidad. Prefiero intentar pincelar alguna salida. .
Prácticamente necesitamos un “nuevo orden mundial”. Podemos suponer: 1 que tal no llegue jamás y el actual se desmorone poco a poco, ahogando cada vez a más personas, con reyertas desorganizadas sin alcanzar nada interesante para todos, y la suma de los desastres climatológicos que nos hemos labrado, etc.; o, 2, que tomemos conciencia plena de la situación, que los burlados por el sistema -cada vez más- y cualquier mujer/hombre de bien, nos acojamos a consignas racionales de acción, buscando el bien general, realmente –no ficticiamente-; procuremos enderezar la historia, evitando caer en dictaduras fuertemente incómodas.
Claro, ideal sería una tercera alternativa, demasiado idílica: aquella que, no sin el empuje de una amplia masa lo más consciente posible, más todos los movimientos afines de “indignación”, en crecimiento geométrico, consiguiera de las actuales instituciones del sistema la realización de un “concilio” para el diseño serio de un nuevo orden mundial que sustituya al neoliberalismo. Nos evitaríamos muchos disgustos. Todo Esto es brutal, casi irrealizable, pero con parches de los interesados neoliberales seguiremos hundiéndonos en el pantano.
MARX TIENE MUCHO QUE ENSEÑARNOS AÚN.
Pedro Egio
jueves, 5 de julio de 2012
Se piensan
Se piensan que van a poder reírse del pueblo, o bueno, de las gentes de bien, hasta la saciedad y sin límites. Se piensan que se van a salir con la suya, exprimiendo el percal, como decimos por acá, hasta los últimos momentos en las postrimerías de la Tierra, como si ante el Apocalipsis todo valiera, ajenos por completo a cualquier toque de trompeta que anunciara la inminencia de un Juicio restablecedor, donde parece que hubieran comprado también los puestos a la derecha del juez, acostumbrados a negociarlo todo, al tanto tienes tanto vales, al que siempre cuenten bulas, al amasar tesoros acá que muy largo me fiáis el allá, o convencidos de que las iglesias les harán cohorte como les acaece, para más INRI. Esperamos que no siempre rían impunemente; que las gentes de bien, organizándose, comiencen cada vez con más empeño, con más contundencia, aun con respeto a personas y cosas, a clamar sin titubeo, ora por el sureste, ora al noroeste, ya un sector social afectado por tanta tropelía, ya este otro, ya a lo Fuente Ovejuna; a dejarse oír, más alto, sin equívoco, desenmascarando a opresores y vampiros.
Dejarse oír, desenmascarando las verdades del mercado, que ante el hambre se reducen a patrañas. Verbo y gracia: Cada vez más ciudadanos perciben que la Prima de riesgo es mayúsculo engaño y gigante insolencia, que tales primas pretenden dar sensación de seriedad donde sólo hay flagrante delito, guiño hecho para encarecer la deuda, forjado por individuos del bando de los acreedores. Estos ayudan a placer a los compradores de deuda, pacientes arriesgados, aparentemente iluminados por tres dígitos bien sui generis, que para nada han acertado en riesgos como el de la quiebra de ENRON o Lehman Brothers: menudos fareros, más bien faroleros, exponen esa tríada fetiche donde dos dígitos bastarían, seguro que para impresionar más, para conferirles una cintificidad dudosa y también para justificar lo injustificable; burdo insulto a millones de seres humanos.
Y cuando Merkel, una democristiana que de cristiana no puede presumir mucho y de demócrata sólo probablemente las circunstancias, exige cumplir y cumplir lo pactado hasta el último maravedí, más que política preocupada por la generalidad parece un coronel ramplón, que pisotea lo que se tercie por salirse con la suya, sin mirar por Europa entendida como la suma de sus países, sino capitaneando a una Alemania voraz, que sólo saca para sí beneficio, pretendiendo ignorar que la mayoría de pactos los ha conseguido desde una situación de prepotencia que debe comenzar a abandonar por varias razones: porque no está el horno para bollos y porque ella misma empieza a ser tocada por su empecinamiento y su descuido de promover crecimiento.
¿Cómo no hablar en estos términos cuando se van esquilmando todos nuestros servicios y pisotean todos los derechos que hagan falta para exprimirnos más y más?, ¿cuando quieren tapar todos los agujeros de bancos desastrosos con el dinero de la ciudadanía y aprovecharse y volvernos a prestar para intentar cobrar más y más intereses? ¿Qué se merecen que les llamemos, a los europeos que cierran a cal y canto el Banco Central? ¿Yy a nuestros propios políticos, falsos como Judas, que le siguen a aquellos la corriente antes que defendernos y enfrentárseles diciéndoles “¡basta ya!, estrujémonos la cabeza porque no queremos seguir pisoteando a nuestro pueblo”. Pero no: mejor se llenan sus barrigas de viento, alargan el cuello y confían en que vamos a seguir obnubilados con sus cantos de sirena; se piensan que vamos a permanecer siempre igual de aborregados, y no será así, porque la gente tiene pundonor, tiene clase, y sabe perfectamente que está siendo choteada, diariamente, cuando se le repite: “recortamos para volver a crecer, para haceros nuevamente ricos, hijos nuestros, benditos incredulillos, parvulillos jaleantes que poco haríais sin nosotros, vuestros desinteresados protectores”. Falso, protectores de pacotilla al servicio del capital alocado.
No somos árboles, que podados damos más fruto; eso es lo que el europeo de arca insaciable y el especulador a lo Montecarlo desearía: podar, podar, para que crezcan nuevas ramas. La Humanidad es algo mucho más grande y serio que todo esto y si nuestros mediocres políticos, nuestros insaciables banqueros tan al límite de la delincuencia cuando no son directamente delincuentes, no quieren reconocerlo aún, deben entender que el camino puede ser también para ellos más penoso de lo que esperaban. Comenzarán a vernos frente a sí, asistidos de la verdad, de la necesidad de satisfacer nuestras primeras necesidades, y de las secundarias tan legítimas como aquellas, del derecho a mantener lo logrado mientras haya un euro, porque mientras haya un euro debe ser destinado a todos y no a cuatro guapos, a los bolsillos de desalmados y destrozapaíses con el cuento de hacer fuerte y creíble a Europa, en la que nadie empieza a creer, a la que desde el G20 por ejemplo se le exigen otras medidas, más allá del parqué.
Qquién puede creer a esta Europa de Merkel y unos cuantos trapicheros más, que se miran el ombligo y escupen con desprecio hacia la chusma, aunque caiga en el umbral de la pobreza, tenga o no bocado, niños, ancianos o quienes fueren. Ellos mismos, ellos solos han deshecho su credibilidad, al aparecer ante el mundo como los tremendos usureros y defensores de usureros que son, antes que benignos rescatadores de nada. ¡Mentira!: no rescatan, echan gustosos una cuerda alrededor de los cuellos de las naciones, atracan, meten la mano en las carteras y exigen cada vez más satisfacciones, como auténticos sátiros, sodomizan sin casi rubor, aunque parece que se atisbara un comienzo de rubor en sus caras, porque se están dando cuenta que la pendiente no permite mucho freno y esto bueno no ha de ser, no sólo por la mala marcha de la cosa económica ya, sino porque cada vez más los sodomizados van comprendiendo que este toqueteo soez de derechos y bolsillos no puede ser mandamiento racional, sino tosco manoseo inadmisible que debe volverse contra ellos y sólo a ellos estallarle.
Pedro Egio
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