sábado, 16 de abril de 2011

Tributo a ELMUT WALCHA



el más insigne intérprete de toda la obra para órgano de BACH era ciego: increíble pero cierto. Y lo mejor: la integral de Bach por WALCHA, grabada por Deutche Grammophon puede aún encontrarse: hubo un primer lanzamiento en 1946 en mono, una segunda grabación completa en estereo y una muy buena remasterización en CD en los 90. Son 16 horas de grabación, memorizando fugas, corales, preludios> toda una salvajada de las buenas.
Aquí 3 ejemplos:
Fuga BWV532


Preludio BWV532

Toccata BWV565br>
y aquí un fragmento en mp3 del libro de Jesús montoro
Los ciegos en la historia
sobre este genio

domingo, 10 de abril de 2011

Un poco de filosofía

En Thálassa - logos filosofía y música van de la mano: son mis dos líneas fundamentales
de formación; incluso más la filosofía que la música, si bien antes me inicié en esta
última.
Pero quiero dejar aquí también constancia, aunque brevemente, de mi abordaje de aquella,
poniendo a vuestra disposición un pequeño documento por mí elaborado sobre la historia de la
filosofía, que me sirvió de guión el pasado Marzo, para hablar de esta apasionante cuestión
a unos buenos amigos, durante varios días en la Delegación territorial de la O.N.C.E. en la
ciudad en la que hace varios años resido permanentemente: Murcia;
aquí lo tienes, esperando que sea de tu curiosidad intelectual:

Historia de la filosofía en 10 horas

martes, 5 de abril de 2011

Los órganos de tubos

como solemos llamarle, el pipe organ en ingleés, es ese maravilloso instrumento,

grandioso física y artísticamente, que nos acompaña desde la antigüedad, que madura en el Renacimiento y sobre todo el Barroco; que se engrandece aún más

en el Romanticismo: todo un arsenal de sonidos, todo un precursor de la \"síntesis aditiva\";

imitador de casi todos los demás instrumentos, en sus registros; esa factura cercana al

acordeón en los primeros \"portátiles\", y en el siglo XIX ya monstruosa fábrica de 7000 tubos

y 4 o 5 teclados más pedalier.
si queréis música relajante y grandiosa escuchazlos en grabaciones decentes y de buenas

iglesias, que hagan de buen caja de resonancia, porque la iglesia es parte de la calidad

tímbrica de este soberbio instrumento: todo un synthex bien puro, aunque los synthex

electrónicos puedan retorcer más, hasta el infinito el sonido

Las brillantes ideas de la derecha que puede llegar

Lo del "puede" expresa el deseo de dudar de lo que viene probablemente sin remedio; y en gran medida porque esa derecha se ha preocupado muy mucho de vender la idea de que Zapatero es responsable de todo lo malo que acaece al sistema capitalista, por cierto en franco jaque por sí mismo: al sistema me refiero.
Esto es: tiemblan las estructuras del sistema, tiembla la banca internacional, tiemblan las finanzas mundiales y Zapatero, -se nos dice, con mayor o menor convencimiento, hasta la saciedad- es el culpable; no el paraguas aquí en España de esa quiebra global; no quien, aun siendo presidente de un partido de siglas socialistas se alinea con la banca y la empresa, tapando todos los agujeros de la primera y legislando descaradamente a favor de los segundos, sino el "torpe" responsable de la caída de las "torres gemelas", del alza y agotamiento progresivo del petróleo, de la estafa de las subprime y el desmoronamiento de Lehman Brothers; incluso de las protestas de los sin-nada de los países africanos, ¿no?, el impulsor del maremoto, el Tsunami y el fatal desmoronamiento, por llamarle algo a lo horrible, de la central de Fukushima; por cierto parece que aún baluarte para algunos de todo progreso venidero.
Zapatero es culpable de todo eso y todas nuestras desdichas acabarán el día en que nos instauremos nosotros, con nuestras maravillosas ideas. No os preocupéis, venimos a defenderos de la máxima estulticia, la mayor de las inoperancias “de ese monigote” falta por decir, aunque haya sido tan magnánimo con el sistema, aunque en el fondo lo haya hecho aun mejor que nosotros mismos, aunque estemos pensando que merece un mausoleo cuando desaparezca.
Pero, ¡No os preocupéis!, no descansamos tejiendo ese programa electoral que nunca decimos más que en el último momento; bueno, mejor vamos a anticiparos algo de nuestros maravillosos venideros remedios, para que podáis juzgar por vosotros mismos cuánto de bueno se os viene encima, qué claridad de procedimientos, qué luz por ocho años ensombrecida: vamos a abrazarnos más o menos descaradamente con la conferencia episcopal; vamos a retirar la actual ley del aborto; a mantener en su puesto al señor Francisco Camps; y se supone que:
a terminar con toda concesión a la homosexualidad –por favor, ¡qué asco!, aunque a algunos de nuestros hijos alcance la medida -una desgracia como otra cualquiera-; a volver a aplaudir a los ayuntamientos que se atrevan a construir y construir sin tregua; a bajar más y más los impuestos, a bajar la jubilación a los 65 complementando su monto risible con mil planes privados, ¡claro!, de jubilación, etc., etc., todas maravillosas medidas para la mayoría de los mortales, ¿no?
En fin, seguiremos defendiendo las recetas neoliberales que sostienen que el trabajador es secundario; que donde hay que echar carbón es en la máquina del progreso: el empresario y sólo el empresario; que él se haga cargo de todo: que dé clases, que cure (esto con paquetes de grandes ofertas: póngase usted por ejemplo dos pegotes de silicona a precio de uno); y llegará el día en que el empresario también administre justicia.
Seguimos en la idea -que debería ir tornándose ya caduca, dice ahora quien escribe- de que hay dos castas: la de los iluminados ricos y la de los desgraciados y bestias para el trabajo; y Dios más cerca de los primeros que de los últimos puesto que parece premiar más aquellos: por algo será, se decían los Calvinistas y otros hermanos en la fe desde el XVII: “va bien mi empresa, ergo Dios me ama”: tremendo Dios mezquino y bien duro para esto del amor, por cuanto muchísimos más son los que están tocados por el sino de la desgracia, en el XVII y en el XXI, además de otros males colaterales en este siglo nunca antes padecidos.
Y se sigue pensando: hagamos más ricos a los ricos y esto funcionará. Puede que nos falte planeta o que lo fundamos, pero es igual, funcionará, aunque sea por unos años. Si hace falta mantengamos hasta la extenuación nuestras centrales nucleares; como si llegaran a creerse lo de Zapatero y se dijera: cuando se vaya este cretino no habrán más tsunamis.
Esto es bien triste. Pero si cabe más triste es que los pobres bendigan a sus verdugos. Yo no digo que los sacrifiquen, que rueden literalmente cabezas, pero triste y penoso es que el pobre coree las consignas de sus falsos redentores; triste que no sean conscientes de lo que realmente sucede, que sigan necesitando personalizar todos sus males en la figura que aquellos les marquen, sea demonio o "rojo": aquellos que todo lo trasmutan con tal de llenarse los bolsillos y dar gracias a María por ser tan guapos y perfectos; que se forjan un Dios humano a su interés para tranquilizar sus conciencias y para calmar también a quienes menosprecian cuando destruyen el estado de bienestar que costó levantar siglo y medio antes de repartir cargas o ralentizar la velocidad de todo el convoy.
¿Y Zapatero?, pobre Zapatero: empezó remando para todos y terminó también prisionero de esta idea, la de que es mejor poner parches al capital: pero Roma no paga a traidores: tan sólo se beneficia de ellos.

Pedro Egio

Publicado en el Diario La Opinión, el 7 de mayo de 2011.

jueves, 31 de marzo de 2011

Un morro que se lo pisan

Son bastantes las empresas con "un morro que se lo pisan", como suelen decir los jovenes por España. Está bastante claro que el empresario sabe y debe saber cuidarse; y en ese cuidarse va implícito el no funcionar con criterios excesivamente píos ante sus trabajadores. Este diagnóstico de la relación capitalista trabajador está perfectamente estudiado en Carlos Marx, incluídos los efectos alienantes de la producción capitalista, sobre todo en la segunda mitad del XIX, teniendo en cuenta que la suavización de estas relaciones no se ha debido tanto a la generosidad empresarial cuanto al esfuerzo continuado del pensamiento social que tanto debe a Marx y donde tanto queda por hacer, aunque sea por medios pacíficos. Lo estamos viendo en la crisis actual: cómo se barre más para el empresario que para el trabajador, al que sólo interesa a veces mantener para que siga trabajando y consumiendo.
Pero lo que yo quería señalar aquí como algo quizá menos tenido en cuenta es cómo la empresa también lexiona con muchísima frecuencia los intereses de sus clientes, sean bancos, operadoras de telefonía, dispensadoras de energía, constructoras, por citar las que más alegremente se mueven en este sentido. Aquí la atención al cliente es nefasta; su superioridad a la hora de pactar totalmente descarada, su libertad para hacer y deshacer insultante. Sería necesario fortalecer las medidas para protección del cliente o del usuario y restringir esta libertad de movimientos y altanería que desgraciadamente muchos nos vemos obligados a padecer "con el rabo entre las patas", como se dice por acá. Tales empresas reducen por todos los medios costes, suprimen personal alegremente, sustituyen cabezas y extremidades humanas por computadoras, pero jamás reducen su precios u hacen ofertas siempre doblemente ventajosas para ellas, llenándose descaradamente los bolsillos un montón de consejeros y otros puestos aledaños.
Y la humanidad, sin conciencia ninguna de la cuestión, o alienada sin salir nunca a la calle, al menos a mostrar su desacuerdo; la inmensa mayoría alienada, con sus chismes electrónicos, o sucedáneos, sin reaccionar: que nos alargan la vida de una Central Nuclear vetusta, da igual: "de algo hay que morirse"; que me potrean con el servicio adsl: bueno, ya me lo arreglarán yentonces navegaré por internet hasta hartarme y olvidarme de lo desaprendsivos que son.
Uno a uno algo podemos hacer, pero unidos, si se comnvocan las pertinentes manifestaciones, seremos capaces de demostrarles que no estamos en babia, que somos una fuerza de peso, que se nos pueden ocurrir cosas y que podemos obligarles, con la redacción de oportunas leyes, a que no se olviden del interés de todos y restrinjan mucho más sus intereses particulares, que sólo gracias a nosotros pueden satisfacer.

martes, 22 de marzo de 2011

Secomplicaron las cosas en Libia

Cuando hace unas semanas decía en este lugar que los acontecimientos van muy deprisa y

apenas hay distancia para escribir cómodamente sobre ellos, en estos últimos años, creo no

iba desencaminado. Sobre el fondo constante de la crisis desde, más o menos, finales de

2007, aunque no se la explicitó en nuestro país hasta pasadas las elecciones de 2008 por un

gesto político que no honra mucho a Zapatero que digamos, sobre ese fondo persistente, más

persistente de lo que sería de desear, han surgido muchos acontecimientos destacables:

graves fenómenos naturales, evidencias de cambio climático, rebeliones populares en países

árabes, gravisimos problemas en Japón principalmente, en cuanto al común de la humanidad,

los referidos a la central nuclear de Fukusima, más rebeliones en países árabes.
El caso de Libia ha sido particular, en el sentido de que aquí el dictador que les

gobierna era al comienzo desplazado, pero posteriormente no ha dudado en machacar

militarmente a su pueblo hasta intentar nuevamente estar en una posición de superioridad. En

la Wikipedia hay un buen artículo sobre esta rebelion en Libia, fechado día a día desde el

15 de Febrero. Esta ya es una variante respecto de la misma cuestión en Túnez o Egipto. Pero

hay otra variante quizá más significativa: la de que los países capitalistas aparentemente

con la idea de defender valores democráticos o defender al pueblo llano de Libia se decide a

intervenir allá y entre ellos España.
Y entonces, aunque todos estamos de acuerdo en que Gadafi debe desaparecer del escenario

político, hay algo dentro que nos dice: ¿de nuevo unidos operando en aquella zona del norte

de África? Aunque no sean circunstancias iguales a las de Irak no puede negarse que surgen

algunas semejanzas. Por otra parte, somos muchos los que pensamos que hacemos de quijotes o

de salvadores -lo que puede estar bien- pero cuando nos conviene y sin embargo no ponemos el

mismo empeño en solucionar tantas situaciones injustas que están por detrás de la crisis,

originándola o siendo consecuencia de ella: no luchamos igualmente a brazo partido por las

personas que quedan sin trabajo o que deben de entregar sus casas cuando no pueden hacer

frente a su hipoteca. ¿Vamos!, que lanzamos la onda contra el gigante gadafi, mientras que a

otros gigantes damos bolsas enteras de oro. O incluso, que intentamos salvar al pueblo

cuando lo vemos oportuno, pero si nos interesa mantener una central nuclear más allá de su

fecha de caducidad pues la mantenemos, aunque peligre parte de ese pueblo que a veces tanto

parece preocuparnos.
Sin embargo: es cierto que bueno será que Gadafi deje ya en paz a los suyos, porque

perdió hace tiempo su legitimidad si alguna vez la tuvo, sobre todo, cuando para seguir ahí

ha sido capaz de guerrear contra su pueblo.
¡Desde luego! ¡qué lejos está, señor Leibnitz de ser estemundo el mejor de los mundos

posibles; parece que Voltaire, si pudiera opinar sobre este estado de cosas, lo tendría muy

claro de nuevo, para decir: de eso nada. Como no sea que a la vuelta de la esquina toda

nuestra experiencia acumulada nos permitatomar realmente conciencia y habilitar las

estrategias convenientes. Pero es triste comprobar que la mayoría de los hombres están fuera

de sí, enajenados, ocupados en su moralina en forma de pps, viviendo el instante, mirando a

la luna.

viernes, 18 de marzo de 2011

"¡Energía nuclear, energía nuclear!"

No suelo escuchar Onda Cero Radio, pero dado que la oferta radiofónica actual es casi denigrante, a excepción de RNE 2, 1, 3, hace unos diez días escuché unos minutos a Carlitos Herrera, su voz ampulosa y ese gesto seguro de quien sabe mucho aunque realmente haya tanto de fachada para mantener un caché. A esa hora, la franja que va de 5 a 6 de la mañana RNE 1 raya en lo insoportable, por muy jovial que se quiera presentar: es ese estilo ramplón del José Luis Torrente, un poco menos verde pero igual de insolente, que incluso se lleva peor, pues Torrente nos abre a lo inconsciente como un chiste largo, de hora y pico, mientras que al sujeto Tuñón se le escucha 3 horas casi diarias, el que lo haga.
El panorama de nuestra radio se completa con referencias sexuales bien a las claras, música de muy baja calidad y locutores que hablan desde el púlpito, marionetas de la comisión episcopal, siempre zafia y de espaldas a la realidad. Pues bien, ahí escuché a Carlitos Herrera, tan qerido de muchísimas amas de casa y bueno, de oyentes más o menos descafeinados y necesitados de alguna moralina no clerical pero bien cercana a la tradición; reconozco que por no serle muy devoto no puedo pintarlo mucho más, pero me esperaba alguna frase en el poco tiempo que estaba dispuesto a dedicarle, que me golpeara y no muy favorablemente. Y llegó; y perdonen que me refiera a ella con tanto preámbulo, pero lo creía necesario. La afirmación, hecha con rotundidad, como suelen hacer los que buscan prosélitos,decía más o menos: "¡este gobierno quiere resolver el tema de la energía con las alternativas; qué error: la solución es la nuclear; claro hombre...!", añadiendo, como suele ser costumbre de los que de mala gana aceptan los resultados de las urnas, algunos adjetivos sobre el candor de los políticos de izquierdas.
Y como a los dos o tres días llega el terrible terremoto, el sunami y la desestabilización de la central nuclear de Fukushima. Pero claro, es más fácil invocar que siga funcionando el estado de cosas vigente: que no beneficia al planeta en que vivimos; que no contenta sino como mucho a mil millones de seres humanos (pero somos siete mil) y de entre estos sobre todo a, vete a saber si llegarán a 20 millones, los que más partido sacan del mal funcionamiento de las cosas.
Los que así invocan a la energía nuclear se olvidan de que el Uranio tiene los años contados, como el petróleo; tampoco quieren admitir la viabilidad de otras fuentes de energía, que son limpias y además no se agotan; y esto ya no es ciencia ficción. Se olvidan de que, incluso sin accidentes, cosa que no parece posible al hombre) enterrar los materiales de desecho es muy complicado, arriesgado, costoso; complicado incluso buscarles emplazamiento: seguirán activos durante muchos siglos: inútiles para producir la energía que buscamos, pero dañinos en alto grado si no se les confina debidamente.
¿Qué intereses conducen pues a persistir en el uso del petróleo y del uranio? Nefastas previsiones y mengua en la cartera de unos pocos.